Huella alimentaria: los europeos comemos por encima de nuestras posibilidades ambientales

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La huella alimentaria se define como la superficie necesaria de planeta que hace falta para producir los alimentos que consumimos y, además, asimilar las emisiones que se generan durante las distintas fases de su producción.

Para tener un acercamiento más sencillo a este tema, hay que exponer a la ciudadanía que la alimentación es la principal responsable de la desmesurada huella ecológica de la UE y que los europeos comemos por encima de nuestras posibilidades ambientales.

Otro dato importante para tener en cuenta la dimensión de la huella alimentaria es que una cuarta parte de los alimentos consumidos en los 27 países comunitarios procede de fuera, un claro ejemplo de la vulnerabilidad del sistema alimentario de la Unión Europea y de la dependencia externa que también sufrimos en otros ámbitos económicos.

Superando la biocapacidad de la UE

Una nueva investigación coordinada por científicos especializados en sostenibilidad de Global Footprint Network, ha conformado la publicación del artículo EU-27 Ecological Footprint was primarily driven by food consumption and exceeded regional biocapacity from 2004 to 2014, texto que se ha recogido esta semana en abierto en la revista Nature Food, especializada en recoger investigaciones originales sobre el mundo de la alimentación.

El artículo académico detalla que la huella ecológica de la Unión Europea de los 27 estuvo impulsada principalmente por el consumo de alimentos y superó la biocapacidad regional entre 2004 y 2014, un factor que también influye, y mucho, en el cambio climático.

Un informe que se ha realizado en colaboración con expertos en sistemas alimentarios y con la participación de Anna Bach Faig, investigadora del grupo FoodLab y profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC.

Presiones sobre los ecosistemas

La universidad catalana explica en su nota que «el modo en el que los alimentos se suministran a los compradores europeos y la manera en la que estos los consumen representan la mayor parte de su huella ecológica, alrededor del 30 %».

Así mismo, el estudio señala la necesidad de diseñar e implementar políticas de obligado cumplimiento para cada etapa de la cadena de suministro alimentario, con el fin de avanzar hacia el Pacto Verde Europeo y la estrategia Farm to Fork (De la granja a la mesa).

Los autores detallan que desde el origen hasta el consumo, los sistemas alimentarios ejercen distintas presiones sobre los ecosistemas, como por ejemplo, el uso y el cambio de uso del suelo, el agotamiento y la contaminación del agua, la pérdida de biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Un sistema más sostenible

«Los europeos comen por encima de sus posibilidades en términos de importaciones, emisiones de dióxido de carbono y uso del suelo y del agua», explica Roberta Sonnino, del Centro para el Medio Ambiente y la Sostenibilidad y miembro del Instituto para la Sostenibilidad de la Universidad de Surrey.

«La tendencia de intervenir en el suministro o la demanda no funciona. Necesitamos un enfoque sistémico para abordarlos conjuntamente, además de examinar las políticas comerciales. En lugar de adoptar un enfoque disperso, los gobiernos nacionales deben implementar políticas alimentarias holísticas basadas en evidencias, precisamente en el tipo de evidencias incluidas en esta investigación», afirma Sonnino.

La investigadora del Foodlab de la UOC, Anna Bach Faig, ha analizado para este estudio las tendencias de consumo y las posibles soluciones proponiendo acciones para un sistema alimentario más sostenible para los 27.

«Los resultados refuerzan la importancia de obtener proteínas más allá de la carne y los productos lácteos, aumentando la absorción de patrones dietéticos ricos en plantas, así como la medida de las porciones», explica Bach Faig.

Más proteínas de origen vegetal

De acuerdo con investigaciones anteriores, el estudio demuestra que los productos animales —carne, pescado y, en grado más bajo, lácteos— son muy intensivos en recursos en comparación con los alimentos de origen vegetal. Sin embargo, los alimentos de origen vegetal, por ejemplo, las verduras, constituyen el elemento principal de las dietas de solo 8 de los 27 países de la UE.

Anna Bach Faig destaca que existe una «necesidad de aumentar las fuentes de proteínas de origen vegetal, como por ejemplo las legumbres y los frutos secos, también se pide a los enfoques actuales que integren consideraciones nutricionales y ambientales».

Como remedio se apunta a que hay que «promover políticas destinadas a garantizar un acceso suficiente a alimentos sostenibles y saludables a partir, por ejemplo, de la contratación pública y los currículums escolares», tal y como propone la coautora del artículo Bach Faig.

España es uno de los cinco países que contribuyen a un 70% de la huella alimentaria de Europa. Por orden, los cinco son: Alemania (21%), Francia (15%), Italia (13%), España (12%) y Polonia (8%).

Superando la biocapacidad

La demanda de recursos biológicos y servicios ecosistémicos por parte de la humanidad supera con creces la capacidad del planeta para regenerar dichos recursos y almacenar las emisiones de dióxido de carbono, tal como muestra la progresión del Día de la Sobrecapacidad de la Tierra.

Del mismo modo, y según los datos analizados en el estudio, la huella ecológica de los residentes de la Unión Europea supera constantemente la biocapacidad de la región, por lo que se depende de recursos externos para satisfacer las exigencias del estilo de vida del continente.

«El Pacto Verde de la UE y la estrategia Farm to Fork sitúan a la región como líder mundial en la transición hacia sistemas alimentarios y sociedades más sostenibles» afirma el autor principal y coordinador de la investigación, Alessandro Galli, director de las regiones del Mediterráneo, Oriente Medio y el Norte de África de Global Footprint Network.

Dependencia externa

Sin embargo, ahondando en este tema de la huella alimentaria, casi el 25 % de la biocapacidad necesaria para mantener la dieta de los residentes de la UE-27 procede de países que no pertenecen a la UE.

El análisis sugiere que limitarse a aplicar los objetivos de la estrategia Farm to Fork al sector agrícola no será suficiente para cumplir los objetivos de descarbonización de la UE, ya que el impacto ambiental se traslada a países que no pertenecen a la UE.

«Incluir perspectivas tanto de nutrición como de sostenibilidad en las recomendaciones dietéticas nacionales basadas en alimentos puede desencadenar cambios en el consumo de alimentos y en las tendencias de comportamiento que beneficien a la salud humana y planetaria», especifica la coautora Marta Antonelli, responsable del Proyecto de sistemas alimentarios de Global Footprint Network.