Cosmética y bienestar animal

¿Cosmética ecológica o vegana? Esto es lo que debes saber si te preocupa el bienestar animal

En Europa están prohibidos los cosméticos testados en animales

Las certificaciones más garantistas de la cosmética exigen auditorías externas

Durante décadas, la experimentación con animales fue habitual en la industria cosmética. Conejos, ratones o cobayas se utilizaban para evaluar la seguridad de cremas, perfumes o maquillajes, en pruebas que buscaban detectar irritaciones o efectos tóxicos. En aquella época, apenas existían alternativas viables y la regulación era muy laxa.

Pero esta situación ha cambiado completamente en los últimos años. El avance científico ha permitido desarrollar diferentes técnicas que son capaces de ofrecer resultados fiables sin recurrir a seres vivos. Paralelamente, el creciente interés por el bienestar animal ha convertido en intolerables muchas de las antiguas prácticas.

Esta nueva sensibilidad explica el auge de la cosmética ecológica y vegana. La diferencia es que los productos veganos para el cuidado personal prescinden de cualquier ingrediente de origen animal, como cera de abeja, lanolina o colágeno, pero esto no siempre garantiza que no hayan sido probados en otros seres vivos. En el caso de la cosmética ecológica, puede haber materias primas de origen animal, pero jamás experimentación con animales.

Situación en Europa

La cosmética tradicional también se ha visto afectada por la nueva ola animalista. De hecho, la Unión Europea prohibió al sector la experimentación con animales en el año 2013. Como explica Yolanda Muñoz del Águila, aromatóloga, experta en cosmética ecológica y coordinadora de la Red Ecoestética, «para poder comercializarse en Europa, ningún producto cosmético puede haber sido testado en animales».

Esto no significa que estemos libres de productos probados en otros seres vivos. «El problema está en los ingredientes. Si, por ejemplo, una empresa emplea como materia prima el aceite de neem —llamado así porque se extrae del árbol de neem, originario de Asia— y lo compra en China, país en el que se sigue experimentando con animales, pues es posible que, en este caso, sí se hayan realizado este tipo de prácticas», añade Muñoz del Águila.

La mejor manera de evitar este riesgo, según la experta, es apostar por cosméticos certificados por sellos ecológicos que impidan cualquier tipo de experimentación con animales, tanto del producto como de los ingredientes.

Cruelty Free

Esto último no puede ser garantizado, asegura Muñoz del Águila, por muchos de los conocidos sellos Cruelty Free, como los de Leaping Bunny, Choose Cruelty Free o PETA, que en teoría deberían asegurar al consumidor que el producto no ha sido testado en animales.

«Para mí es un sistema un poco absurdo, porque no aporta nada nuevo a la prohibición europea ni tampoco garantiza una trazabilidad fuera de las fronteras comunitarias», afirma la responsable de la Red Ecoestética.

Hasta épocas recientes, la experimentación de cosméticos en cobayas estaba muy extendida.

Sistemas privados

Tanto estos sellos Cruelty free como los de la cosméstica natural, ecológica y vegana tienen en común que son sistemas privados creados por organizaciones y empresas. Los más garantistas son aquellos que exigen la realización de auditorías externas a cargo de organismos independientes.

Este es el caso de certificaciones como la española BioVidaSana, impulsada por la Asociación Vida Sana, conocida por organizar la feria BioCultura, y a la que también pertenece la Red Ecoestética.

Este sello establece varios mecanismos de control: la empresa Biocertificación, junto con la propia Vida Sana, se encarga de mantener actualizada la norma y de las tareas de inspección y evaluación de los productos, mientras que Bio.inspecta, entidad de certificación de origen suizo y de ámbito internacional, es la responsable de emitir los certificados y de las auditorías externas.

Vegano y ecológico

Dentro de la certificación BioVidaSana, existen diferentes categorías de productos —Bio, Nat, Ecoplus y Aval— así como un sello específicamente vegano, el Vegan, al que esta norma exige que, además de estar basado completamente en plantas, sea también ecológico y, por tanto, libre de sustancias tóxicas, como pesticidas y herbicidas.

«En cualquier otro sistema puedes ver sellos veganos pero no ecológicos, pero esto no sucede con BioVidaSana. Con ello se quiere evitar que la gente identifique vegano con sostenible y saludable, porque no son términos sinónimos. Por ejemplo, el petróleo es vegano técnicamente. Por lo tanto, un producto vegano puede contener sustancias tóxicas derivadas del petróleo perfectamente», recalca Muñoz del Águila.

Cera de abeja, ingrediente de origen animal muy habitual en cosméticos.

Cosmética vegana

Al margen del sello español, existen otras certificaciones habituales en el mercado, tanto veganas como ecológicas. Dentro del segmento vegano, el sello V-Label es uno de los más reconocidos a nivel internacional. Está presente en más de 70.000 productos de más de 4.800 empresas. En España lo gestiona la Unión Vegetariana Española (UVE).

También se pueden encontrarse otros distintivos como The Vegan Trademark, el más antiguo de los sellos veganos, que impulsa The Vegan Society desde el año 1990, o EVE Vegan, presente también en alimentos y textiles.

Cosmética ecológica

En cuanto a la cosmética ecológica, COSMOS es uno de los estándares más extendidos en Europa. Fue creado por cinco certificadoras —Ecocert, BDIH, Soil Association, ICEA y Cosmebio— a las que se han sumado otras entidades como el CAEE en España.

Entre los más solventes también figura Natrue, que certifica cosméticos naturales y ecológicos con distintos niveles, según la proporción de ingredientes de ambos tipos, garantizando además la transparencia en su composición.

Otro de los más garantistas es Demeter, vinculado a la agricultura biodinámica, un modelo que va más allá de lo ecológico y que concibe las explotaciones como ecosistemas integrados, con criterios más exigentes en el uso de recursos y materias primas.

Aloe vera, planta muy empleada para el cuidado de la piel.

Etiquetas

Más allá de los sellos, aprender a leer la etiqueta sigue siendo una de las herramientas más útiles a la hora de elegir cosméticos. En este punto, la lista de ingredientes, conocida como INCI —siglas en inglés de Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos— se convierte en una guía clave para entender qué contiene realmente un producto.

Muñoz del Águila propone tres sencillos criterios para orientarse: