Encuesta global

El 83% de los agricultores del mundo pierde parte de sus cosechas a causa del clima o por las plagas

La encuesta global de Wikifarmer revela que 1 de cada 4 agricultores pierde más del 25% de su cosecha

La mitad de los agricultores del mundo confiesa que no cobra un precio justo por lo que produce

Frente al 45% que declara caída de ingresos, sólo el 13% aprueba el apoyo de sus gobiernos al campo

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La mayor encuesta internacional de agricultores publicada hasta la fecha dibuja una radiografía perturbadora del sector primario mundial: la mitad de los 10.234 encuestados afirma que no cobra un precio justo por lo que produce, y casi uno de cada cuatro asegura que sus ingresos han caído con fuerza durante el último año. El retrato emerge del trabajo Voice of the Farmer 2026, elaborado por la plataforma Wikifarmer entre noviembre de 2025 y marzo de 2026.

El estudio recogió las respuestas de agricultores de 158 países y seis continentes sobre precios, ingresos, daños climáticos, apoyo gubernamental y bienestar. Entre quienes contestaron a la pregunta sobre precios, el 51,1% declaró no recibir una contraprestación justa por su producción.

De los que respondieron sobre la evolución de sus rentas, el 45,1% afirmó que sus ingresos netos de este ejercicio son peores que los del año anterior; el 24,1% los calificó de «mucho peores».

Wikifarmer es una plataforma agrícola internacional fundada en 2017 en Grecia. Combina un marketplace B2B para la compraventa directa entre productores y compradores con una biblioteca de conocimiento agrícola de acceso libre, disponible en 17 idiomas, que conecta a agricultores, profesionales del sector agroalimentario e investigadores de todo el mundo. A través de su red y de organizaciones colaboradoras, la plataforma lanzó este estudio con el objetivo de dar voz a los propios productores sobre las condiciones reales de su trabajo.

Ingresos en caída

La caída de rentas no se distribuyó de forma uniforme entre regiones. Los agricultores europeos registraron el descenso más pronunciado: el 55,7% declaró menores ingresos este año, más del doble que en Oceanía (27,1%). Les siguieron el sur de Asia (44,1%), África (43,4%) y América Latina (37,8%), la zona con el porcentaje más bajo entre las regiones con mayor representación en la muestra.

La severidad del deterioro refuerza el diagnóstico. El grupo que declaró ingresos «mucho peores» (24,1%) es 2,6 veces mayor que el que los calificó de «mucho mejores» (9,4%), aunque los segmentos intermedios —»algo peores» (21%) y «algo mejores» (22,9%)— estén casi empatados. Casi la mitad de los encuestados, el 47,6%, situó su propia seguridad financiera en los dos peldaños más bajos de una escala de cinco puntos.

Un resultado que desafía los tópicos sobre la vulnerabilidad agrícola global afloró con claridad: los productores de África y el sur de Asia percibieron precios más justos en mayor medida que los de Europa y América Latina. Este desfase geográfico fue el más marcado de toda la encuesta, y cuestiona la idea de que las dificultades del campo están concentradas exclusivamente en los países con menor renta per cápita.

Cosechas en riesgo

Las pérdidas por el clima y las plagas son ya prácticamente universales entre los agricultores encuestados. El 83% de quienes respondieron a esta pregunta declaró haber perdido parte de su producción este año por fenómenos meteorológicos o plagas. Uno de cada cuatro (25,2%) afirmó que esas pérdidas superaron el 25% de su cosecha o cabaña ganadera, lo que los autores del informe califican como pérdida grave.

La sequía fue el fenómeno climático más dañino: entre quienes la sufrieron, el 37,4% declaró pérdidas graves. Le siguieron el calor extremo (23,2% de pérdidas graves entre los expuestos), las inundaciones (15,9%), las tormentas (10,3%) y las heladas (8,6%). Entre los países con más respuestas, las mayores tasas de pérdidas graves se registraron en Grecia, Italia, Afganistán, la India y Colombia.

La exposición a los fenómenos climáticos tampoco se limita a dañar las cosechas de forma directa. La encuesta constató que cada fenómeno adicional que un agricultor declaraba se asociaba con una mayor probabilidad de notificar también una caída de ingresos. La relación entre riesgo climático y precariedad económica queda así estadísticamente acreditada en el conjunto de datos.

Suspenso para los gobiernos

El descontento con el apoyo institucional fue rotundo. En una escala de cinco puntos, el 63,4% de los agricultores encuestados valoró el respaldo de sus gobiernos con un 1 o un 2, y casi la mitad (47,7%) le otorgó la puntuación mínima posible. Sólo el 13% emitió una valoración positiva (4 o 5 sobre 5). El patrón se repitió en todas las regiones sin excepción: ninguna cayó por debajo del 50% de valoraciones en los niveles más bajos.

Cinco países tan dispares como Camerún, la República Democrática del Congo, Grecia, Polonia y Perú obtuvieron las puntuaciones medias más bajas, todas agrupadas entre el 1,66 y el 1,73 sobre 5. Que agricultores griegos y polacos compartan el mismo suelo estadístico que los congoleños y cameruneses fue una de las señales más llamativas del estudio: el malestar trasciende las fronteras económicas y políticas.

La valoración del apoyo gubernamental resultó ser un indicador económico antes que una medición del descontento genérico. Los agricultores que situaron ese respaldo en los niveles más bajos eran 34 puntos porcentuales más propensos a declarar una mala seguridad financiera y a percibir precios injustos que quienes lo valoraban bien. Donde se concentra el abandono institucional, se acumula también la precariedad económica.

Estrés a media carrera

La presión económica dejó una huella directa sobre el bienestar de los agricultores encuestados. Más de uno de cada cinco (21,4%) eligió la puntuación máxima en la escala de estrés, y más de un tercio (34,9%) se situó en los dos niveles más altos. La puntuación media de estrés fue de 3,17 sobre 5, claramente por encima del punto de equilibrio de la escala.

El estrés no se distribuyó de forma plana a lo largo de la vida agrícola: aumentó en la primera etapa adulta, alcanzó su pico entre los 41 y los 50 años —41,8% con estrés elevado— y remitió ligeramente a partir de los 60 (34,2%). La etapa central de la carrera, cuando los productores asumen la mayor responsabilidad financiera y de gestión, concentra los mayores niveles de tensión.

Un hallazgo contraintuitivo completó el cuadro: las explotaciones de más de 50 hectáreas no son las más tranquilas. Sus titulares declararon niveles medios de estrés sustancialmente más altos que quienes trabajaban menos de una hectárea, la mayor diferencia entre grupos de todo el conjunto de datos. La escala de la explotación no protege del estrés; en muchos casos, lo amplifica.

La venta directa, clave

La encuesta dejó también una señal constructiva para el sector. Los agricultores que vendían directamente a sus clientes a través de internet tenían un 35% menos de probabilidades de declarar una caída de ingresos, tras controlar de forma simultánea por región, tamaño de explotación, edad, certificación y exposición climática. Fue el factor de protección más potente de todo el modelo estadístico.

La venta en mercados de productores también se asoció con menores probabilidades de caída (20% menos), aunque el efecto de la venta online resultó notablemente superior. Reducir la dependencia de intermediarios y acceder directamente al consumidor aparece como la variable más vinculada a una mejor evolución económica de la explotación en el análisis multivariante.

«Esta encuesta indica que las presiones que están transformando la agricultura son más amplias y más complejas de lo que muchos suponen», afirmó Georgios Myrisis, responsable de contenidos de la Biblioteca de Wikifarmer. «En todas las regiones y tamaños de explotación, un gran número de agricultores nos han dicho que no se sienten pagados de forma justa por lo que producen. Ese debería ser el punto de partida de un debate serio sobre el futuro de los sistemas alimentarios».

La muestra

Los encuestados eran en su mayoría pequeños agricultores a tiempo completo: el 81,9% se dedicaba al campo como actividad principal y el 54,5% trabajaba cinco hectáreas o menos. África fue la región más representada (38% de las respuestas), seguida de Europa (22,1%), América Latina (18,7%) y el sur de Asia (15,9%). Pakistán, Francia, Argelia, Uganda y México aportaron el mayor número de respuestas individuales.

La crisis económica documentada entre los agricultores encuestados se produce en un contexto de deterioro más amplio del sistema alimentario. Como documentó OKgreen en un reportaje reciente, los consumidores se enfrentan también al fenómeno del hambre oculta: la pérdida progresiva de calidad nutricional en los alimentos que se producen, una tendencia que afecta a los ciudadanos aunque los lineales de los supermercados sigan llenos.