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Uno de los animales más amenazados de España vive en una remota isla y corre el mismo peligro que el lince ibérico

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

España alberga tesoros biológicos que pasan desapercibidos. En las islas Chafarinas sobrevive la Patella ferruginea. Este molusco, la lapa más grande del Mediterráneo, se enfrenta a una situación crítica.

Su supervivencia pende de un hilo en enclaves remotos del norte de África, donde resiste ante la presión humana, la contaminación y la degradación del hábitat.

La lapa gigante, el animal más amenazado de España que sobrevive en islas remotas y casi nadie conoce

La lapa ferrugínea ostenta la máxima categoría de protección legal en nuestro país. El Catálogo Español de Especies Amenazadas la clasifica como «en peligro de extinción», el mismo estatus que el oso pardo o el águila imperial.

A pesar de esta relevancia, gran parte de la sociedad ignora su existencia. Se trata de un gasterópodo endémico del Mediterráneo occidental que puede alcanzar los 10 centímetros de longitud.

Su morfología la distingue fácilmente de otras especies por su concha de color pardo herrumbroso y sus gruesas costillas radiales, que le confieren un borde sinuoso.

Históricamente, este molusco poblaba gran parte de la cuenca mediterránea, pero durante el siglo XX desapareció de casi todas las costas continentales europeas.

Actualmente, sus poblaciones más saludables se refugian en las islas Chafarinas, Melilla y Ceuta, además de puntos aislados en Argelia y Túnez.

Por qué la Patella ferruginea comparte categoría con el lince ibérico

La vulnerabilidad de esta especie radica en su biología y en la fragmentación de sus hábitats. Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y varias universidades españolas han estudiado su complejo ciclo vital.

La lapa es hermafrodita: suele madurar primero como macho y después se convierte en hembra, aunque puede revertir este proceso según las necesidades de la población.

El éxito de su supervivencia depende del reclutamiento, que es la incorporación de ejemplares jóvenes tras el período reproductor de noviembre.

Estas «reclutas» suelen aparecer en primavera, fijándose en ocasiones sobre las conchas de los adultos para alimentarse de microalgas y evitar ser arrastrados por el oleaje.

Sin embargo, su fase larvaria es extremadamente corta, lo que limita su capacidad para colonizar nuevas áreas geográficas.

Melilla y las islas Chafarinas: los últimos santuarios de la lapa más amenazada

La ciudad autónoma de Melilla y el archipiélago de las Chafarinas constituyen el auténtico santuario mundial de la especie. En Melilla, los censos superan los 30.000 ejemplares, presentando densidades por metro lineal inigualables en otros puntos del planeta.

Aun así, esta concentración supone un riesgo, ya que un vertido accidental o una marea negra en el mar de Alborán podría aniquilar a casi la mitad de la población global en un solo día.

La actividad humana representa la amenaza más directa. El uso de la lapa como cebo de pesca y el marisqueo furtivo han diezmado las poblaciones. Las autoridades advierten de que recolectar estos ejemplares conlleva sanciones graves, y que la multa mínima supera los 5.000 euros.

Iniciativas como el proyecto «La lapa que da la lata», desarrollado por Ecologistas en Acción con el apoyo de la Fundación Biodiversidad, buscan sensibilizar a la población y a los pescadores.

Pese a estos esfuerzos, la ausencia de planes de recuperación aprobados por la administración local sigue dificultando una protección efectiva a largo plazo.