Todavía no es una especie amenazada, pero España ha perdido millones de gorriones en apenas dos décadas por culpa del urbanismo
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Los gorriones no son pájaros grandes ni llamativos. Son discretos, comunes, del montón. Están en la acera, en la cornisa, en la maceta del vecino, y precisamente por eso nadie repara en ellos cuando dejan de estar. Pero en España no hablamos de miles de gorriones que han desaparecido, sino de millones.
SEO/BirdLife documenta la pérdida de 7,5 millones de gorriones comunes en los últimos 25 años, un descenso del 20% desde 1998 que equivale a 300.000 ejemplares menos cada año.
El gorrión común no figura todavía en los catálogos oficiales de especies amenazadas, pero los ornitólogos llevan dos décadas documentando su retroceso sistemático. La especie ha convivido con el ser humano durante siglos y funciona como uno de los bioindicadores más accesibles para medir la calidad ambiental de las ciudades.
Su presencia o ausencia en un barrio refleja la disponibilidad de insectos, las condiciones para criar y el nivel de contaminación del entorno. Cuando un ave tan adaptada a los espacios habitados retrocede a este ritmo, el problema no está en el animal.
Por qué desaparece el gorrión de las ciudades españolas
Las causas del descenso son múltiples y se refuerzan entre sí. La arquitectura moderna ha eliminado los huecos y grietas de las fachadas donde estas aves construían sus nidos. Los edificios de hormigón liso y las rehabilitaciones que sellan juntas y cámaras de aire han borrado los refugios que el gorrión encontraba en tejados de teja y paredes antiguas. La especie necesita cavidades para nidificar y las ciudades del siglo XXI cada vez ofrecen menos.
El uso masivo de pesticidas en parques y jardines urbanos destruye las poblaciones de insectos. Los polluelos de gorrión necesitan invertebrados de forma exclusiva durante sus primeros días de vida para desarrollarse con normalidad.
Sin esa fuente de proteína animal, los adultos recurren a restos de pan, bollería o aperitivos para alimentar a las crías. Esa dieta deficiente provoca desnutrición, anemia y estrés oxidativo antes de que los polluelos abandonen el nido, con tasas de mortalidad elevadas.
La contaminación atmosférica deteriora el sistema inmunológico de las aves y acorta su esperanza de vida en los núcleos urbanos. El ruido constante de las ciudades interfiere en la comunicación entre ejemplares y en la detección de depredadores. El estrés crónico resultante merma su capacidad reproductiva.
Algunos investigadores apuntan también a que las radiaciones electromagnéticas de la telefonía móvil alteran la orientación y los ciclos reproductivos de la especie, aunque esa hipótesis carece aún de confirmación científica sólida.
Las especies invasoras añaden otro factor de presión. La cotorra argentina disputa con el gorrión los árboles urbanos y los recursos alimentarios. El aumento de las poblaciones de urracas y la proliferación de gatos callejeros elevan la mortalidad de los adultos de forma constante.
Por qué el declive del gorrión en España no es sólo un problema de pájaros
El gorrión no está en peligro de extinción, pero su retroceso en ciudades y pueblos revela un empobrecimiento real del ecosistema urbano. Cuando los insectos escasean, los animales que dependen de ellos también retroceden. El descenso del gorrión es el síntoma más visible de un proceso que afecta a muchas otras especies.
Los expertos de SEO/BirdLife señalan medidas concretas para frenar la tendencia. La instalación de cajas nido con una entrada de 32 mm de diámetro, los comederos con semillas de calidad durante los meses fríos y la eliminación de pesticidas en jardines privados reducen la mortalidad local de forma directa. Disponer de agua limpia en un plato llano cada día cubre una necesidad básica que la ciudad moderna no ofrece.
Las administraciones municipales también tienen margen de actuación. Mantener huecos en las rehabilitaciones de edificios, incorporar tejas nido en nuevas construcciones, prohibir las podas entre marzo y agosto y sustituir el césped artificial por vegetación nativa generan las condiciones mínimas que la especie necesita para criar con éxito.
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