Los expertos ponen el grito en el cielo: analizan 68.000 plantas y creen que el 16% se habrán extinguido en 70 años
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Una planta que ha vivido en la Tierra durante más de 400 millones de años produce agua
Esta es una de las plantas más amenazadas de España: solo existen 13 ejemplares adultos
La variedad de plantas que existe en la Tierra es el resultado de millones de años de evolución. Algunas llevan más de 400 millones de años sobre el planeta. Pero lo que está aquí hoy no tiene garantizado estar mañana, y lo que un grupo de investigadores acaba de publicar en la revista Science lo confirma con una cifra que ha encendido las alarmas en la comunidad científica.
Un equipo de investigadores de la Universidad de California en Davis y la Universidad de Yale ha analizado casi 68.000 especies de plantas vasculares, el 18% de toda la flora conocida del planeta, y concluye que entre el 7% y el 16% podría extinguirse antes de 2100.
Las plantas con más de 400 millones de años de historia que podrían extinguirse en 70 años
El estudio, titulado Climate-induced range shifts support local plant diversity but don’t reduce extinction risk, demuestra que el problema no es que las plantas no evolucionen lo suficientemente rápido. Es que los lugares donde podrían sobrevivir están desapareciendo.
El análisis no señala a especies desconocidas. Entre las más vulnerables figuran linajes con cientos de millones de años de historia. La Selaginella californiana, uno de los grupos de plantas vasculares más antiguos del planeta con más de 400 millones de años de existencia, encabeza la lista de especies en riesgo crítico en el oeste de Estados Unidos.
En Australia, el eucalipto concentra gran parte de la alarma. Este género cubre las tres cuartas partes de los bosques nativos del continente y su contracción afectaría la biodiversidad local, la cultura indígena y la industria maderera de forma simultánea.
A ellos se añaden plantas de consumo masivo como los arbustos del café y el cacao, cuyas zonas de cultivo idóneas se reducirán de forma drástica, y las lauráceas, la familia botánica que incluye el aguacate, el laurel y la canela, especialmente expuestas en zonas mediterráneas y subtropicales.
Las regiones con mayor riesgo son el sur de Europa y el Mediterráneo, el oeste de Estados Unidos y el sur de Australia. España aparece en el mapa como una de las zonas de pérdida más severa, con rangos de distribución que se estrechan a medida que la sequía se intensifica y las temperaturas suben sin freno.
Por qué las plantas no pueden escapar del cambio climático aunque se muevan
La conclusión más importante del estudio contradice lo que los científicos habían dado por sentado durante décadas. Hasta ahora se creía que las plantas corrían riesgo de extinción principalmente porque sus semillas no viajan lo suficientemente rápido hacia zonas más frías.
El modelo de la Universidad de California en Davis demuestra que eso no es lo determinante. Entre el 70% y el 80% de los casos de alto riesgo se explican por un motivo distinto: las condiciones climáticas que una especie necesita para vivir dejarán de existir en cualquier punto del planeta.
Xiaoli Dong, profesora de la Universidad de California en Davis y una de las autoras del estudio resume que «lo que provoca la extinción no es que las plantas no se desplacen lo suficientemente rápido, sino que los impactos climáticos destruyen el hábitat apto para las plantas.»
Las especies más afectadas perderán más del 90% de su territorio geográfico actual antes de 2100. Al quedarse sin espacio físico viable, la población cae hasta la desaparición. El calentamiento rompe además las cadenas de polinización e interacciones con animales dispersores de semillas, eliminando la capacidad de reproducción a largo plazo de muchas especies.
Los autores advierten que facilitar la migración asistida de plantas, es decir, trasladarlas artificialmente hacia nuevas zonas, no resolverá el problema si no hay un entorno sano al que llegar.
La única vía que los investigadores consideran eficaz combina la reducción drástica de emisiones, la restauración de hábitats degradados, la protección de refugios climáticos y el fortalecimiento de los bancos de semillas y jardines botánicos como reservas genéticas del planeta.
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