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Bombazo y brindis en la zoología española: el lince ibérico bate récords en primavera y ya tiene 31 cachorros nuevos

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El lince ibérico (Lynx pardinus) es una de las especies que más cerca ha estado de desaparecer en España. A principios de los años 2000 quedaban menos de un centenar de ejemplares en libertad, las poblaciones estaban aisladas y su futuro era incierto. La buena noticia es que dos décadas de trabajo coordinado han cambiado ese escenario de forma radical.

La temporada de cría de 2026 ha cerrado con 31 cachorros nacidos en los centros de El Acebuche, en Huelva, y Zarza de Granadilla, en Cáceres, ambos gestionados por el Organismo Autónomo Parques Nacionales del Ministerio para la Transición Ecológica.

Esta cifra no sólo mantiene la tendencia positiva de los últimos años sino que mejora los principales indicadores reproductivos del programa.

Los expertos confirman que el lince ibérico bate récords con 31 cachorros esta primavera

El centro de El Acebuche registró 16 cachorros repartidos en seis camadas, con una media de 2,7 crías por camada, ligeramente superior a la habitual. Seis de las siete hembras quedaron gestantes, alcanzando una tasa de éxito del 86%, por encima de los valores habituales del programa. Cinco de las seis camadas fueron de tres cachorros, un tamaño que refleja una mejora progresiva en los resultados reproductivos.

El hito más llamativo de la temporada en El Acebuche fue la reproducción del macho fundador Tintín, que no había logrado descendencia en años anteriores. Desde el punto de vista del manejo genético, ese nacimiento tiene un valor especial porque contribuye a mantener la diversidad genética de la población cautiva.

También destacaron dos hembras primerizas que sacaron adelante sus camadas de forma natural, algo poco habitual en los primeros intentos reproductivos.

En Zarza de Granadilla nacieron 15 cachorros en seis camadas, todos ellos superando ya el primer mes de vida. La hembra Taza parió cuatro crías el 23 de marzo, la camada más numerosa de toda la temporada en el programa de cría del lince ibérico. En este centro también se alcanzó una tasa de éxito reproductivo del 86%.

Cuál es el impacto de estos nacimientos en la recuperación del lince ibérico en España

El programa de conservación arrancó en 2003 con el objetivo de preservar la diversidad genética de la especie y criar ejemplares para reforzar las poblaciones silvestres. Desde entonces han nacido más de 300 cachorros en los centros gestionados por el Organismo Autónomo Parques Nacionales. Muchos de ellos han sido liberados en Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Castilla y León, Aragón y Portugal.

El lince ibérico ha pasado de menos de 100 ejemplares en libertad a superar los 2.400 en el último censo. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha rebajado su categoría de amenaza de «en peligro crítico» a «vulnerable», un cambio que refleja una de las recuperaciones de fauna más exitosas registradas en Europa.

Gran parte de los 31 cachorros nacidos en 2026 serán preparados para su liberación en entornos naturales de España y Portugal, con el objetivo de seguir reforzando genéticamente las poblaciones silvestres y expandir el territorio de la especie. En 2026 el lince continúa avanzando hacia nuevas zonas de Aragón y Castilla y León.

Por qué el lince ibérico estuvo al borde de la extinción en España

El principal factor fue la desaparición de su presa fundamental. El lince es un cazador especializado cuya dieta depende en un 90% del conejo de monte. Las enfermedades como la mixomatosis y el virus hemorrágico redujeron las poblaciones de conejo más de un 70%, dejando al felino sin alimento suficiente.

La destrucción del hábitat por la agricultura intensiva y la urbanización aisló además los últimos núcleos poblacionales, provocando endogamia y reduciendo la resistencia a enfermedades.

Los atropellos en carretera siguen siendo hoy la principal causa de muerte no natural de la especie. El desarrollo de infraestructuras cruza sus territorios históricos y cada año mueren decenas de ejemplares al intentar desplazarse entre zonas.

A ello se suma la caza furtiva histórica, el uso de venenos y trampas ilegales y la baja diversidad genética que dejaron como herencia las décadas de declive.