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Borja Capponi, etólogo, sobre tu perro: «No sabe que se está portando mal, está probando, como lo hace un niño pequeño»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

«España es uno de los países de la UE con mayores tasas de abandono y menor porcentaje de perros de raza. Estadísticamente está probada la relación entre mayor porcentaje de perros de raza y menos maltrato y abandono. España se encuentra en el puesto 20 de los 26 estados miembros analizados y solo el 9,5% de los perros son de raza, frente a la media del 20% en la Unión», alerta la Real Sociedad Canina de España. En este contexto, Borja Capponi, etólogo y experto en comportamiento animal con más de 30 años de experiencia, asegura que el foco del problema no está en los perros, sino en la desesperación de los dueños.

Lo primero a tener en cuenta es que la relación entre el perro y su dueño no debe basarse en la dominancia de ninguna de las partes. Incluso en perros con tendencias más jerárquicas, es fundamental que aprendan a comprender su entorno y su papel para poder interactuar de forma equilibrada con las personas y con los distintos estímulos que los rodean.

¿Realmente el perro sabe que se está portando mal?

«Siempre hemos querido dominar a los perros. Los dueños piensan que el perro existe para suplir muchas carencias afectivas y que nos puede comprender, pero, en realidad, somos nosotros los que tenemos que meternos en su mundo de depredador, de centinela. Te pongo un ejemplo. Imagínate que tienes un billete de 100 euros y un trozo de papel. Si el perro se come el billete, te enfadarás con él. Si se come el papel, no te importará. ¿Por qué? Porque le estamos otorgando cualidades humanas. Es tan sencillo como entender que el perro no sabe que existe el dinero», comienza explicando a La Vanguardia.

Pero, ¿qué hace que un perro tenga mala conducta? En muchos casos, se trata de algo similar a lo que ocurre en los niños: existen diferencias de temperamento de base dentro de una misma camada, y cada cachorro puede desarrollar un comportamiento distinto. Si un día el perro muerde y el dueño reacciona con miedo, el animal puede interpretar esa respuesta como una especie de refuerzo. Por otro lado, golpearle en el morro es un error, ya que no forma parte de su lenguaje ni de su forma de aprendizaje. La respuesta debe ser coherente y proporcional, entendiendo su naturaleza.

El adiestramiento natural se basa en establecer una conexión con el perro a través de la intención, utilizando la postura corporal, la calma y la seguridad para comunicar lo que se espera de él. Cuando el guía actúa con firmeza y sin dudas, el perro es capaz de interpretarlo con claridad. Este enfoque imita en cierto modo el comportamiento materno: acción y reacción, sin necesidad de recurrir a golpes ni gritos, sino mediante una comunicación coherente y respetuosa.

«No se educa a los perros. Se aprende a tener el control del depredador, que tiene 500 millones de células receptoras olfativas y un oído que escucha un avión un minuto antes de que tú lo oigas. El concepto de educación es antropomórfico… Tú no educas a un niño de un año: se controla. Con el perro igual, porque es como un niño, pero en bestia. El perro no sabe que se está portando mal. Está probando, como lo hace un niño pequeño. Ensayo, error. Inteligencia adaptativa. La diferencia es que el perro vive el momento, no tiene futuro ni pasado», señala el etólogo.

Y concluye: «El 95 % de la gente que me llama me dice: «El perro es tonto, no puedo más con él, lo voy a abandonar». Yo les digo que en un fin de semana le pongo solución utilizando la correa (sabiéndola coger), estudiando su temperamento y su lenguaje corporal.Lo que es un problema es que sea un perro muy dominante de 50 kilos que muerde a los humanos y que el dueño  tenga mucho miedo, porque puede ser un peligro para el ser humano. Si no hay nadie capaz de rehabilitarlo, la situación se complica».

Señales de incomodidad

Los perros suelen mostrar su incomodidad a través de distintas señales y reacciones corporales. Estornudar, bostezar en exceso, lamerse los labios, mantener la mirada fija o adoptar una postura rígida son algunos de estos indicadores. El bostezo, por ejemplo, puede deberse simplemente al cansancio o al sueño, aunque también puede aparecer en situaciones inesperadas en las que el animal no sabe cómo reaccionar.

El estornudo, por su parte, responde en muchos casos a causas similares a las de los humanos, tratándose de un reflejo natural del tracto respiratorio ante la presencia de una sustancia irritante. La mirada fija puede utilizarse como una forma de intentar interpretar el entorno o las señales del humano, aunque en ciertos contextos también puede indicar incomodidad, especialmente si el contacto visual es prolongado. Finalmente, una postura corporal rígida suele asociarse a un estado de alerta, relacionado con la percepción de estímulos desconocidos o situaciones que generan desconfianza en el animal.