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Podría ser una cala de Baleares pero esta joya oculta está al lado de Madrid: aguas turquesas y naturaleza

Quien vive en Madrid está acostumbrado a escapadas rápidas a la sierra, a los embalses más conocidos o a los senderos que rodean la capital. Pero lo cierto es que lo mejor, tal vez, está un poco más allá. En concreto, a una hora de Madrid se encuentra toda una joya con aguas cristalinas y en plena naturaleza que nada tiene que envidiar a las calas de Baleares o de cualquier destino de costa.

De hecho, muchos madrileños pasan años sin saber que existe. No aparece en los listados habituales ni tiene el nombre mediático de otros enclaves, y quizá por eso conserva ese aire de sitio escondido. El paisaje cambia de golpe cuando uno se acerca a la zona, y entre las montañas emerge un escenario de agua que podría confundirse con cualquier rincón azul del Mediterráneo. Quien lo visita por primera vez suele quedarse en silencio en cuanto lo ve. Y no es solo por el color del agua, sino por la forma en la que encaja en un barranco, la tranquilidad que hay a su alrededor y la sorpresa de encontrar algo así entre Cuenca y Guadalajara. Ese impacto inicial es parte del encanto del embalse de Bolarque, un destino perfecto para quienes buscan un respiro sin alejarse demasiado de Madrid.

La joya oculta que está al lado de Madrid con aguas turquesas y naturaleza

El embalse de Bolarque está justo en la zona donde Cuenca y Guadalajara se tocan, un punto del mapa que sorprende porque el paisaje empieza a cambiar sin previo aviso. Al dejar atrás la llanura aparecen montes más cerrados y, de repente, un corte profundo en la roca que anuncia que el agua está cerca. La sierra de Altomira envuelve todo el entorno con sus laderas cubiertas de pinos y sus barrancos estrechos, y ese relieve tan abrupto hace que el embalse quede encajado como si fuera un escenario natural tallado con paciencia. No se parece a la estampa típica del centro peninsular y quizá por eso impacta tanto al llegar.

A pesar de su apariencia remota, llegar es sencillo. Desde Madrid el trayecto ronda la hora en coche, lo que lo convierte en una escapada rápida para quien quiere desconectar sin complicarse demasiado. Es uno de esos lugares que, pese a estar relativamente cerca de la capital, no se ha masificado. Quizá porque durante décadas fue conocido sobre todo por su papel hidroeléctrico: la central de Bolarque, inaugurada en 1910, regulaba las aguas del Tajo en un punto clave del sistema y actuaba como antesala del trasvase Tajo–Segura.