Madrid
LOCALES CENTENARIOS DE MADRID

La Moderna Apicultura: la tienda con legado real que endulza Madrid desde 1919

La tienda, ubicada en la calle Doctor Esquerdo, fue fundada por Alfonso XIII

Cinco comercios centenarios de Madrid que mantienen viva la tradición

Dentro del céntrico barrio de Salamanca en Madrid, justo enfrente de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, se erige una peculiar fachada que desentona con la gran arquitectura de su alrededor. Detrás de esta fachada se encuentra un comercio único en la ciudad; un comercio de linaje real; uno de los pocos comercios centenarios de Madrid, el primer y único comercio de su gremio en la capital: La Moderna Apicultura.

La Moderna Apicultura —ubicada en la calle Doctor Esquerdo, 47— es la primera y última tienda de la ciudad que se dedica a la venta casi en exclusividad de productos provenientes de la miel. Decenas de tipos diferentes de miel, tés, dulces e incluso productos cosméticos provenientes de un panal podemos encontrar en el interior de este pequeño local diseñado por el arquitecto Secundino Zuazo. Fundada en 1919, la primera etapa de La Moderna Apicultura está muy marcada por la influencia de la Casa Real; su actual dueña, Aurora Jiménez, explica que «esta empresa se fundó gracias al impulso de personas muy cercanas a Alfonso XIII». Ante la ausencia de una empresa apícola en terreno español, el monarca «financió un viaje a Estados Unidos para investigar, comprar y perfeccionar la patente de una colmena americana», según aclara la dueña del negocio. Dicha patente se nombró Colmena Perfección, nombre que ha perdurado hasta hoy, siendo el modelo de colmena por excelencia.

Dispensadores de miel de La Moderna Apicultura.

Su nombre nos indica cuál era la primera misión de la empresa: modernizar el mundo apícola. Para ello, La Moderna Apicultura empezó a «diseñar los apiarios, vender y exportar colmenas» a señores pudientes y con recursos de la época. El rápido ascenso de la empresa hizo que todos sus clientes experimentaran un exceso en la producción de miel. Ante esto, La Moderna Apicultura empezó a ofrecer como «servicio auxiliar la compra de la miel sobrante para venderla a los clientes de a pie», matiza Aurora Jiménez. El apabullante éxito de la empresa hizo que los competidores aparecieran como abejas que acuden a la miel; esto, sumado al inevitable paso del tiempo, hizo que La Moderna Apicultura olvidara la producción de colmenas y aumentase sus esfuerzos y recursos en la venta de miel, hasta volverse esta su principal función.

Aunque no fueron los fundadores originales, la familia de Aurora Jiménez es quien regenta ahora la venta de miel en este centenario local madrileño. Detrás de su mostrador yacen en una estantería más de 30 tipos diferentes de miel. Eso sí, todas españolas. Ley que mantienen a rajatabla porque para La Moderna Apicultura «la miel española es la mejor del mundo». Esta exclusividad en la venta de producto patrio ha hecho que la viabilidad del negocio haya zozobrado en las épocas de sequía o escasez de miel española. Aun así, nunca han prescindido de este inamovible requisito porque desde La Moderna Apicultura señalan que tienen «un prestigio y calidad que mantener». Estas cualidades son las que mantienen a flote el negocio: la fidelidad de una clientela que pasa de generación en generación: «A La Moderna Apicultura vienen nietos que compraban con sus abuelos; a ese tipo de gente no le podemos defraudar», señala Aurora Jiménez. Aunque a su dueña le gustaría que el negocio permaneciera dentro de la familia, no puede asegurar nada a largo plazo.

Catálogo de productos de La Moderna Apicultura

La Moderna Apicultura es uno de los pocos locales centenarios de Madrid; esos locales que sobrevivieron a la Guerra Civil, el franquismo, decenas de crisis y catástrofes globales y que, justo en esta época, están desvaneciéndose con la gentrificación de nuestras ciudades. Forma parte de esos oficios que sentaron las bases de nuestra sociedad y dieron de comer a miles de familias; oficios que conectaban al cliente con el campo, cocinados a fuego lento para que su producto perdure en el tiempo. Oficios que deberíamos tener la obligación de mantener.