Carlos III cambia la estrategia de Isabel II para proteger a la Corona frente a Andrés
El monarca ha sido muy tajante con el escándalo que rodea a su hermano
Se ha mostrado a favor de colaborar con las autoridades en caso de investigación policial
Never complain, never explain. Estas palabras, que se traducen como nunca te quejes y nuca des explicaciones, es una de las máximas que se aplicaron durante el reinado de Isabel II. Aunque siempre se han asociado a la longeva monarca, lo cierto es que esta frase se atribuye al primer ministro británico del siglo XIX, Benjamin Disraeli, pero responde muy bien a la estrategia de comunicación que la madre del rey Carlos III siguió durante el tiempo que ocupó el trono.
Ahora las cosas han cambiado y, sobre todo, los escándalos han hecho que el silencio no sea una opción posible, sobre todo porque en la actualidad los británicos y el mundo entero exigen una comunicación más directa y espontánea, así como la toma de acciones contundentes ante las actitudes fuera de lugar.

La Reina Isabel con Carlos III y Camila. (Foto: Gtres).
Cuando el silencio no es suficiente
El comportamiento del ex príncipe Andrés ha puesto a Carlos III en una situación límite. El rey ha tenido que tomar medidas drásticas, como la retirada de los títulos o el desalojo del Royal Lodge pero, ante la desclasificación de miles de documentos sobre el pederasta Jeffrey Epstein, ni siquiera eso es suficiente para calmar los ánimos.
Hasta ahora los Windsor habían optado por una política de hermetismo en lo que a escándalos se refiere. Apenas hicieron comentarios sobre los ataques de los duques de Sussex, más allá de clarificar que investigarían las acusaciones de racismo por parte de Meghan Markle. Tampoco se pronunciaron sobre los primeros detalles de la relación de Andrés con Epstein, simplemente se limitaron a apartarlo de la actividad oficial. Sin embargo, el giro en los acontecimientos ha obligado a optar por una política más drástica.




Andrés junto a Sarah Ferguson en un acto oficial. (Foto: Gtres).
Carlos III no es la Reina Isabel ni tiene el mismo respaldo y la sólida trayectoria con la que contaba ella. Su reinado es reciente y su pasado, con Diana de por medio, algún está en la memoria de muchos británicos. Por eso, mantenerse al margen y guardar silencio no es una opción posible. Tiene que demostrar que es un hombre fuerte capaz de poner límites y que va a proteger el prestigio de la Corona en su momento más delicado.
Aunque el monarca no ha concedido entrevistas ni ha hecho declaraciones públicas, tanto los príncipes de Gales como el duque de Edimburgo se han pronunciado sobre la situación. Un portavoz del Palacio de Kensington ha dicho que Kate Middleton y Guillermo están preocupados y que todo su apoyo está con las víctimas. De la misma manera, Eduardo rompió su silencio en Emiratos Árabes para decir que las víctimas eran lo primero.
A esto hay que añadir que, esta misma semana, desde el Palacio de Buckingham confirmaron que el rey estaba dispuesto a colaborar en todo lo necesario en caso de investigación policial contra Andrés. Una afirmación insólita que deja clara la frontera entre lo personal y lo institucional y cuyo objetivo es evitar que la Corona se vea perjudicada por el escándalo.




El príncipe Eduardo con Andrés en Norfolk. (Foto: Gtres)
La difícil tesitura del rey
Sin embargo, a pesar de que ha sido tajante, el monarca se encuentra en una encrucijada. Tiene muy claro que va a anteponer el bien de la institución a todo, pero a nivel familiar no se siente capaz de abandonar a su hermano menor. Una lectura que le puede pasar factura porque Andrés no es la víctima, sino el verdugo. El rey intenta que todo lo que tenga que ver con el ex duque tenga un perfil discreto y que no llame la atención, pero la desclasificación de documentos sobre Epstein han hecho que para él sea muy difícil prestarle un poco de apoyo.
Un cambio de estrategia
La máxima de never complain, never explain se ha estado aplicando a todos los ámbitos públicos de los Windsor en las últimas décadas. No solamente cuando había algún escándalo, esperando a que el tiempo hiciera que el silencio lo dejara atrás, sino también con especulaciones sobre problemas personales o estados de salud.
Sin embargo, en los últimos años la situación ha cambiado. El cáncer del monarca y el de la princesa de Gales supusieron un giro en la política de comunicación porque no hubo tanto hermetismo como antes. El rey dijo abiertamente que se tenía que operar y no tardó mucho en revelar que se habían encontrado células cancerosas. Sobre Kate Middleton hubo más secretismo al principio, pero ella misma tomó la palabra en un gesto totalmente insólito. Eso sí, a pesar de esta apertura que ha tenido su máxima en el escándalo de Andrés, todavía hay cuestiones que permanecen en la intimidad y eso tampoco es malo. Al fin y al cabo, si no se trata de una cuestión de Estado, también ellos tienen derecho a un poco de privacidad.