Un estudiante indio dirigía una secta de torturas sexuales a menores en Francia a través de Discord
Las obligaban a cortarse la piel con cuchillos, a grabarse el nombre de sus verdugos en el cuerpo, a mutilarse y a realizar actos sexuales ante una cámara. Algunas tenían apenas doce años. Sus torturadores las llamaban «esclavas» y compartían las grabaciones de sus sufrimientos con otros miembros de una organización internacional dedicada a la explotación sexual de menores. Las víctimas, aterrorizadas, obedecían porque sus captores amenazaban con difundir fotografías íntimas que habían conseguido previamente mediante engaños.
El hombre que dirigía aquella monstruosidad se llamaba Rohan Rane, tiene 29 años y había llegado a Francia desde la India para estudiar. Desde Antibes, en la Costa Azul, administraba una red de sádicos que operaba a través de Discord, una plataforma especialmente popular entre adolescentes. El pasado viernes, 9 de octubre, un tribunal de París lo condenó a veinte años de prisión por extorsión sexual, torturas y actos de barbarie contra menores. La Fiscalía había solicitado treinta años.
Rane había llegado a Francia en 2016, procedente de Pune, una ciudad india de varios millones de habitantes, para cursar estudios en una escuela de negocios. Tenía 22 años cuando cometió buena parte de los delitos por los que acaba de ser condenado. Mientras aparentemente llevaba la vida de un estudiante extranjero en una localidad turística francesa, se había convertido en uno de los dirigentes de una comunidad internacional cuyos miembros competían en crueldad.
El grupo se llamaba CVLT, una deformación de cult, secta en inglés. Se había formado durante la pandemia de coronavirus y reunía a jóvenes de diferentes nacionalidades, unidos por su fascinación por el sadismo, la violencia extrema, el nazismo y la explotación sexual infantil. Entre sus integrantes había estadounidenses, alemanes, indios y neozelandeses. Su principal escenario de actuación era Internet, aunque las consecuencias de sus actividades eran terriblemente reales.
Tenía 22 años cuando cometió buena parte de los delitos por los que acaba de ser condenado
El procedimiento era tan sencillo como perverso. Los miembros de CVLT buscaban adolescentes vulnerables en foros y plataformas de comunicación. Se ganaban su confianza, fingían relaciones sentimentales y conseguían que les enviaran fotografías íntimas. Una vez obtenidas, comenzaba el chantaje. Si las víctimas se negaban a obedecer, sus verdugos amenazaban con divulgar las imágenes entre sus familiares, compañeros de colegio y conocidos.
A partir de ese momento, las exigencias se volvían progresivamente más violentas. Los criminales obligaban a las menores a autolesionarse, a someterse a prácticas sexuales degradantes y a grabar las pruebas de su sometimiento. Algunas fueron forzadas a beber lejía. Otras tuvieron que grabarse esvásticas o el nombre de Rohan en la piel. Los vídeos circulaban entre los integrantes de la organización como trofeos.
La investigación comenzó en Francia en 2020, después de una alerta procedente de Estados Unidos. La magnitud del caso obligó a crear un equipo internacional de investigadores en el que participaron las autoridades francesas, estadounidenses, británicas, canadienses, australianas y neozelandesas, además de Europol. En el conjunto de estas redes se identificó alrededor de un centenar de víctimas, una veintena de ellas directamente relacionadas con Rane.
Los criminales obligaban a las menores a autolesionarse y a grabar las pruebas de su sometimiento
La policía francesa detuvo al estudiante indio en Antibes en 2021. Los investigadores encontraron en sus dispositivos electrónicos grabaciones de los abusos. Durante los interrogatorios, Rane terminó reconociendo que administraba el grupo y que disfrutaba contemplando vídeos de asesinatos, mutilaciones y cadáveres.
Uno de los detalles más siniestros de la investigación es que el acusado había mantenido durante meses una relación sentimental por Internet con una joven estadounidense a la que jamás había conocido personalmente. La muchacha era, en realidad, una de las víctimas de CVLT, sometida a las amenazas del propio Rane y de sus cómplices.
Ni siquiera su ingreso en prisión puso fin inmediatamente a sus actividades. Según la documentación judicial, el detenido continuó comunicándose con menores a través de Discord y tratando de reclutarlos para su particular secta. En junio de 2021 todavía mantenía correspondencia con adolescentes de quince y dieciséis años. Posteriormente fue sometido a un régimen de aislamiento.
El juicio se celebró a puerta cerrada durante cinco días, dada la naturaleza de las pruebas y la edad de las víctimas. Seis jóvenes, que actualmente tienen entre dieciocho y veintiún años, se personaron como acusación civil. Sus abogados describieron consecuencias psicológicas devastadoras, en algunos casos con secuelas que probablemente las acompañarán durante el resto de sus vidas.
La actitud del acusado durante el proceso tampoco parece haber contribuido a aliviar el sufrimiento de las víctimas. Según las crónicas judiciales francesas, escuchó la sentencia impasible, asintiendo ocasionalmente mientras la presidenta del tribunal enumeraba los delitos. Los especialistas que lo examinaron describieron una personalidad profundamente narcisista, incapaz de asumir la responsabilidad de sus actos.
La organización CVLT está relacionada con otras redes internacionales de extremismo violento nihilista, entre ellas la denominada 764, investigada por el FBI. Estas comunidades han descubierto que Internet permite a individuos aislados encontrarse, reconocerse y organizarse para cometer atrocidades sin necesidad de compartir un mismo territorio. La pertenencia al grupo proporciona una identidad, una jerarquía y una audiencia ante la que exhibir las pruebas de la propia crueldad.
El caso también ha puesto de manifiesto las dificultades de los sistemas penales para perseguir delitos que las nuevas tecnologías han hecho posibles. Los responsables de CVLT podían ejercer un dominio absoluto sobre víctimas situadas a miles de kilómetros sin tocarlas físicamente. Las obligaban a hacerse daño a sí mismas, contemplaban el resultado a través de una pantalla y conservaban las grabaciones para utilizarlas en nuevos chantajes.
La legislación francesa ha tenido que adaptarse a estas formas de violencia. En el procedimiento contra Rane se acumularon doce delitos, entre ellos la extorsión acompañada de torturas y actos de barbarie, la corrupción de menores y la posesión de material de explotación sexual infantil. La condena de veinte años constituye la pena máxima correspondiente a los cargos por los que finalmente fue declarado culpable.
El carácter internacional de la organización ha dado lugar a procedimientos judiciales en otros países. En Estados Unidos, Kaleb Christopher Merritt, otro de sus dirigentes, fue condenado a 33 años de prisión en Virginia. Las autoridades estadounidenses también han reclamado la extradición de Rane, aunque Francia decidió completar primero su propio proceso penal.
El condenado había entrado legalmente en Francia para estudiar y permaneció allí durante los años en que cometió sus delitos. Su caso recuerda que los mecanismos de admisión de extranjeros, por rigurosos que sean, difícilmente pueden detectar determinadas formas de criminalidad individual. También muestra hasta qué punto la delincuencia contemporánea puede organizarse al margen de las fronteras y de los modelos tradicionales de actuación policial.
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