Historia
Descubrimientos arqueológicos

Salta la sorpresa entre los arqueólogos: encuentran en una cueva de Navarra 6 fragmentos de huesos de una mano Neandertal de hace 46.000 años

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La cueva de Navarra que guarda este hallazgo es una vieja amiga de la ciencia. Desde los años noventa, sus sedimentos han aportado materiales de distintas épocas, desde la Prehistoria hasta la etapa romana, y hace ya tiempo que se la considera uno de los yacimientos de referencia del norte peninsular. Aun así, le faltaba una pieza que los investigadores perseguían desde hace décadas.

Esa pieza apareció en campañas de excavación recientes, aunque su verdadera identidad no se conoció hasta pasar por varios laboratorios europeos. El resultado se presentó el lunes 19 de octubre en un acto encabezado por la presidenta del Gobierno foral, María Chivite, y con buena parte del equipo investigador.

Seis fragmentos de la mano de un neandertal en una cueva de Navarra

El yacimiento en el que tiene lugar el hallazgo es la cueva de Abauntz, situada en Arraitz-Orkin, en el valle de Ultzama. Allí se han recuperado nada más y nada menos que seis fragmentos óseos de la mano derecha de un neandertal adulto. Tres son metacarpianos (los huesos largos que forman la palma) y otro es una falange intermedia.

Los dos restantes, demasiado pequeños para reconocerlos a simple vista, se identificaron como humanos mediante un análisis de proteínas.

En esta línea, la datación directa por radiocarbono sitúa los huesos hace unos 46.000 años, y los estudios genéticos indican que pertenecían a un varón.

Restos de la mano pertenecientes al individuo neandertal de Abauntz. Foto: Maria D. Guillén / IPHES-CERCA.

Recordemos que en aquel periodo los neandertales todavía habitaban Europa, aunque les quedaba poco margen: desaparecieron del continente hace unos 40.000 años, en plena expansión del Homo sapiens. Se trata, por tanto, de un individuo de una población que vivió la recta final de su historia.

Según el comunicado del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA), que lidera el proyecto, es la primera vez que se hallan en Navarra restos humanos atribuidos directamente a neandertales.

Hasta ahora, su presencia se deducía de las herramientas de piedra y de los huesos de animales con marcas de corte, pero no existía ningún fósil que lo confirmara en todo el Pirineo occidental.

ADN antiguo y mordeduras: esto es lo que revelan los restos de la cueva de Abauntz

El dato que más ha llamado la atención del equipo es la conservación del material genético. Recuperar ADN antiguo de restos tan pequeños y con tantos milenios a cuestas no es para nada habitual, porque se degrada con el tiempo, la humedad y los cambios de temperatura.

A ello se suma una datación directa del propio hueso, sin depender solo de los sedimentos que lo rodeaban.

En este sentido, los codirectores de la excavación, Andion Arteaga (Centro de Nuevas Tecnologías de la Universidad de Varsovia) y Mikel Arlegi (Museo del Hombre de París), subrayan ese doble avance.

«Por primera vez disponemos de restos humanos que nos permiten identificar directamente» la presencia neandertal en la zona, explica Arteaga. Arlegi, por su parte, considera que la suma de ADN y dataciones directas ofrece «una base excepcional» para el estudio.

Los huesos también guardan pistas sobre lo que ocurrió tras la muerte de este individuo. Algunos fragmentos presentan marcas de mordeduras de carnívoros, lo que sugiere que el cuerpo estuvo al alcance de animales antes de quedar enterrado.

Además, en el yacimiento aparecieron herramientas de piedra y restos de fauna con señales de despiece y consumo, prueba de que los neandertales usaron la cueva como campamento.

Una cueva navarra que sirvió de paso natural entre la península ibérica y el resto de Europa

A priori, la ubicación del yacimiento ayuda a entender su importancia. La cueva se abre en un corredor natural entre la península ibérica y el resto del continente, un lugar de tránsito para animales y grupos humanos durante la Prehistoria.

Ese papel de frontera convierte cualquier resto humano en una pieza útil para rastrear los movimientos de poblaciones entre ambos lados del Pirineo.

Y ojo, que no es la primera vez que Abauntz da que hablar. En los años noventa, la arqueóloga Pilar Utrilla y su equipo de la Universidad de Zaragoza hallaron allí tres piedras grabadas que, tras años de estudio, se interpretaron como el mapa más antiguo de Europa occidental, con cerca de 13.600 años.

La cueva fue además campamento de cazadores, lugar de enterramiento y escondite de pequeños tesoros en el siglo IV.

Uno de sus niveles, identificado en 1994 y datado en más de 45.000 años, ya había dado herramientas musterienses (la tecnología propia de los neandertales) junto a huesos de oso de las cavernas, ciervos y cabras.

Por eso, en 2022 Arlegi y Arteaga retomaron las excavaciones tras casi 30 años de parón, con un objetivo claro, según recogió entonces Noticias de Navarra: seguir el rastro del neandertal.

Manos a la obra con la genética y nuevas campañas en Abauntz: los próximos pasos

El flamante trabajo reúne a más de 25 especialistas. Además del IPHES-CERCA, participan el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y el Instituto de Arqueología de Mérida (CSIC-Junta de Extremadura).

Mientras tanto, la Universidad de Viena y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig se encargan de las dataciones, la paleoproteómica (el estudio de proteínas antiguas) y el ADN.

Los resultados todavía están pendientes de revisión por pares, el filtro previo a su publicación en una revista científica, y los análisis genéticos siguen en marcha.

Por su parte, los investigadores ponen como referencia la cueva asturiana de El Sidrón, donde la genética permitió conocer el parentesco y la organización social de un grupo de neandertales, un modelo que podría repetirse en Abauntz.

Por el momento, el yacimiento sigue abierto. La presentación coincidió con una nueva campaña de excavación, financiada por el Gobierno de Navarra, el Ayuntamiento del Valle de Ultzama, el Concejo de Arraitz-Orkin y la Fundación Palarq.

Y vaya que los investigadores tienen motivos para seguir cavando: en la campaña de 2022, entre restos de oso de las cavernas, apareció también un diente de leopardo.