Historia
Paleontología

La evolución humana no fue una línea recta: un investigador británico confirma que el Homo sapiens apareció en la Tierra de forma gradual y desordenada

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Todavía existen dudas en la ciencia sobre cómo se formó la humanidad y sus características más reconocibles como el lenguaje o el bipedismo. Sin embargo, tradicionalmente se ha fallado en contar la evolución como un proceso lineal y sencillo.

Lo cierto es que ese modelo de evolución cada vez encaja peor con los datos arqueológicos y paleontológicos. Al parecer, el Homo sapiens no surgió como una línea recta ni inmediata, sino fruto de un proceso lento, irregular y lleno de diferencias regionales.

Esto es lo que defiende el investigador Huw S. Groucutt en su estudio Revolution, modernity, and the dispersal of Homo sapiens beyond Africa, publicado en Quaternary Science Reviews.

El investigador que defiende que el Homo sapiens no apareció de golpe en la Tierra

La visión clásica del origen del Homo sapiens es la de que ocurrió en un instante y que hubo un antes y un después; algo así como esa suerte de eslabón perdido. Sin embargo, Groucutt cuestiona esa lectura.

Según la revisión del investigador de datos fósiles, genéticos y arqueológicos, el escenario fue mucho más desorganizado. Lo cierto es que los rasgos anatómicos modernos, los comportamientos complejos y los movimientos de población no aparecen todos juntos, ni en el mismo lugar, ni al mismo ritmo.

Es decir, en lugar de imaginar una revolución humana concentrada en un periodo concreto, el estudio propone mirar una acumulación de cambios parciales, avances discontinuos y diferencias regionales.

Hay que entender que la idea de una revolución instantánea es atractiva porque es muy útil para ordenar el relato humano. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que la evolución humana ocurrió a base de solapamientos, idas y venidas, mezclas y apariciones intermitentes.

La idea de una revolución humana lineal pierde fuerza en el estudio del Homo sapiens

Uno de los modelos más conocidos hablaba de una revolución del Paleolítico superior, relacionada con un posible salto cognitivo hace unos 50.000 años. A partir de ahí se explicaban la expansión fuera de África, el arte, las herramientas más complejas y nuevas formas de organización social.

Sin embargo, ese modelo ha quedado obsoleto. Por ejemplo, muchos comportamientos considerados modernos aparecen antes en África, pero no como un paquete completo y permanente. Surgen en algunos lugares, desaparecen, vuelven a aparecer o se desarrollan de forma distinta según la región.

Con la anatomía ocurre algo parecido, ya que algunos fósiles antiguos tenían rasgos modernos, mientras que otros elementos más arcaicos siguen apareciendo mucho después. El resultado no parece una sustitución limpia, sino una combinación variable de características.

Por ello no basta con encontrar una herramienta, un adorno, un tipo de cráneo o una señal genética para cerrar la historia. Cada línea de evidencia cuenta una parte, pero ninguna basta por sí sola para reconstruir todo el proceso.

Qué cambia la investigación de Groucutt sobre el origen del ser humano moderno

La consecuencia directa de la investigación de Groucutt es que el origen del Homo Sapiens deja de ser una escalera ordenada. Más bien es un mosaico de poblaciones estructuradas, cambios graduales, dispersión fuera de África y episodios de mezcla con otros grupos humanos.

En vez de un único movimiento simple, los datos apuntan a múltiples dispersiones y episodios de mezcla. Además, la arqueología ha enseñado innovaciones que aparecen de manera esporádica, como cuentas de concha, hogares estructurados o herramientas de hueso.

En todo caso, eso no reduce la importancia del origen del Homo sapiens, sino que hace su historia más rica. Nuestra especie no nació de un chispazo, sino de una larga acumulación de cambios biológicos, culturales y demográficos.