Historia
Descubrimientos

Desentierran más de 5.000 restos de fauna de la Edad del Hierro en un yacimiento de Salamanca: tienen 2.600 años y demuestran que la población comía caballos y tortugas

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Un estudio arqueozoológico ha analizado más de 5.000 restos óseos de animales recuperados en el Cerro de San Vicente, un asentamiento de la Primera Edad del Hierro situado en Salamanca.

Los huesos permiten reconstruir parte de la alimentación de sus habitantes entre los siglos VII y VI a. C., con ovejas, cabras, vacas y cerdos como principales recursos y consumos ocasionales de caballos y tortugas.

Un yacimiento de Salamanca conserva miles de restos animales

El trabajo, publicado en Archaeological and Anthropological Sciences estudia los restos recuperados durante diferentes campañas arqueológicas. La investigación se centra en un sector de unos 600 metros cuadrados del Cerro de San Vicente, cuyos niveles mejor conservados corresponden aproximadamente al periodo comprendido entre 650 y 500 a. C.

Los investigadores recuperaron más de 5000 restos faunísticos. De ellos, el 34%, pudieron identificarse anatómica y taxonómicamente. La fragmentación y las alteraciones producidas por otros animales dificultaron la identificación del resto. El conjunto procede principalmente de basureros domésticos y niveles de ocupación asociados a estructuras del asentamiento.

El análisis confirma la importancia de la ganadería. Los restos de ovejas y cabras representan el 43,5% de los ejemplares identificados, mientras que el ganado vacuno alcanza el 21,1% y los suidos, principalmente cerdos, el 15,5%. Los équidos suponen el 3,3%.

¿Qué animales comían los habitantes de Salamanca hace 2.600 años?

La dieta no dependía únicamente de los animales domésticos. Los restos de ciervo rojo representan el 12% de los ejemplares identificados. También aparecen lagomorfos y aves, aunque en cantidades mucho menores. El estudio documenta evidencias puntuales de pesca y recolección de moluscos de agua dulce.

La investigación señala que la explotación de los animales tenía varios objetivos. El grupo doméstico analizado mantenía una economía orientada también a los llamados productos secundarios.

Las ovejas podían proporcionar lana, el ganado vacuno trabajo y productos lácteos, mientras que las cabras y los cerdos tenían una mayor importancia como fuente de carne.

Los équidos aparecen de forma excepcional en el registro. El estudio relaciona su presencia como restos alimentarios con espacios de carácter especial, junto con otros animales poco habituales en los depósitos asociados al consumo cotidiano. Los autores plantean que estos episodios pudieron corresponder a comidas comunitarias o prácticas rituales.

Las tortugas también formaban parte de la alimentación ocasional

Uno de los hallazgos más llamativos son siete fragmentos de caparazón de tortuga. Tres corresponden a Mauremys leprosa y cuatro a Emys orbicularis. Tres de los fragmentos presentan señales de combustión y una elevada fragmentación, evidencias que, según los investigadores, confirman que estos animales fueron consumidos.

El estudio también identifica un único resto de pez del género Salmo, restos de aves y quince fragmentos de la almeja de agua dulce Potomida litoralis. Sin embargo, los autores consideran que estas especies tuvieron una presencia marginal y no permiten atribuirles un papel significativo en la economía del poblado.

Los resultados dibujan así una alimentación dominada por el ganado, complementada con caza y otros recursos. El consumo de tortugas y équidos no aparece como una práctica cotidiana, sino como un comportamiento excepcional asociado a determinados espacios y posibles acontecimientos comunitarios o rituales.