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Alerta sanitaria en Ceuta: las intoxicaciones de inmigrantes por cocaína y cannabis saturan ahora las urgencias

Los médicos han alertado de que está creciendo el número de inmigrantes que están tratando en urgencias por peleas de todo tipo

Las intoxicaciones por consumo de cocaína, cannabis y benzodiacepinas han añadido en las últimas horas un nuevo foco de preocupación a una Ceuta que lleva un mes sometida a una presión sanitaria, social y de seguridad extraordinaria. La aparición de nuevos episodios relacionados con el consumo de sustancias provenientes de las mafias vuelve a poner sobre la mesa la situación de los miles de inmigrantes que permanecen en la ciudad, muchos de ellos en condiciones de hacinamiento y vulnerabilidad, y la incapacidad de Interior de Grande-Marlaska para responder a esta crisis que empezó el 30 de julio.

Los médicos han alertado de que está creciendo el número de inmigrantes que están siendo tratados en urgencias por peleas de todo tipo, incluidas las de arma blanca. Pero en los últimos días, si ya eran constantes las atenciones de distintas enfermedades como sarampión, varicela o neumonías, ahora el consumo de drogas está ocasionando otro tipo de atención médica, incluso más peligrosa para los sanitarios, por el estado de alteración que presentan estos inmigrantes.

La crisis migratoria ha añadido una dimensión especialmente delicada. Un informe sobre menores inmigrantes no acompañados atendidos en Ceuta entre junio y agosto de 2025 ya apuntó que el 32,12% de los adolescentes observados por la organización autora del estudio parecían encontrarse bajo los efectos de alguna sustancia, entre ellas cannabis, benzodiacepinas, pregabalina, MDMA o cocaína.

Las mafias han encontrado así un nuevo nicho de actuación que se añade al tráfico de personas como nuevo negocio. La Policía Nacional confirmó en agosto la desarticulación de dos redes que trasladaban desde Ceuta a la Península a personas que habían entrado durante la avalancha del 30 y 31 de julio. Los viajes se realizaban de noche en embarcaciones pequeñas y precarias y el precio habría llegado a 9.000 euros por persona.

El asunto adquiere una dimensión todavía mayor porque Ceuta ya estaba siendo utilizada por organizaciones dedicadas al narcotráfico, especialmente al tráfico de hachís desde Marruecos.

La cuestión es que la emergencia de Ceuta no se limita a la seguridad ni a la presión asistencial. Desde el 30 de julio, cuando decenas de miles de personas entraron irregularmente desde Marruecos, la ciudad autónoma se ha convertido en el escenario de una crisis humanitaria de enormes dimensiones. Las estimaciones sobre el número de entradas oscilan entre 70.000 y 80.000 personas, mientras que miles continúan en Ceuta un mes después.

Y ahí aparece uno de los principales problemas sanitarios: saber quién está vacunado y quién no.

La llegada de personas con calendarios vacunales desconocidos o incompletos, unida al hacinamiento, la permanencia en la calle y las deficientes condiciones de higiene, obligó al Ministerio de Sanidad a plantear una campaña extraordinaria de inmunización. Gracias a la aportación de las comunidades autónomas, se acordó movilizar 45.000 dosis: 15.000 de triple vírica y 10.000 de difteria-tétanos, 10.000 de varicela y 10.000 de polio.

Sanidad ha tenido que reconocer, tras denunciarlo los propios sanitarios, que durante la crisis se han detectado casos de tuberculosis, varicela, gastroenteritis y sarna, aunque sostiene que el riesgo de transmisión para la población ceutí es bajo y que el principal peligro se concentra en los espacios de hacinamiento.

Precisamente por eso, la vacunación y la vigilancia epidemiológica se han convertido en uno de los principales puntos de fricción política. Las críticas a la gestión de Mónica García se han multiplicado durante estas semanas por lo que distintos sectores consideran una respuesta tardía ante una emergencia que comenzó el 30 de julio. La ministra visitó finalmente Ceuta el 16 de agosto, dos semanas después del inicio de la crisis, y defendió entonces que el sistema sanitario había respondido sin alterar la atención ordinaria de los ceutíes. Cosa que toda la asistencia sanitaria negó.