El Gobierno tajante ante el desafío de Marruecos: «Ceuta y Melilla son españolas, no hay tema»
La vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, ha reaccionado este martes ante las desafiantes palabras del primer ministro de Marruecos, Saadedine El Othamani, que aseguró en una entrevista en una cadena egipcia que Ceuta y Melilla «son marroquíes como el Sáhara». Calvo ha respondido ante la crisis diplomática con la misma contundencia que el jefe del Ejecutivo marroquí: «Ceuta y Melilla son españolas, no hay tema».
Ha tardado 24 horas, pero el Gobierno de Pedro Sánchez ha respondido al desafío de los marroquíes. Este lunes trascendían las declaraciones de El Othamani en las que aseguraba que la ciudades autónomas eran marroquíes, además puso en duda el statu quo que dura ya siglos y amenazó con retomar la reclamación de las dos ciudades autónomas españolas.
Carmen Calvo ha asegurado tras el Consejo de Ministros celebrado este martes que «no hay tema», aunque no ha desvelado si las declaraciones marroquíes preocupan o no en Moncloa.
La crisis diplomática abierta entre España y Marruecos llegó a su punto álgido este lunes por la noche, cuando Exteriores llamaba a consultas a la embajadora marroquí en España para pedir una aclaración sobre las palabras de El Othamani.
Preguntada sobre si las explicaciones de la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, han logrado satisfacer al Ejecutivo, quien le ha convocado de urgencia para pedirle aclaraciones, la ministra no se ha pronunciado a este respecto.
Por el momento, se conoce lo que la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores, Cristina Gallach, ha trasladado a la embajadora y es que «espera de todos sus socios respeto a la soberanía e integridad territorial» de España, según ha informado el Ministerio de Asuntos Exteriores en un comunicado.
La brecha diplomática se ha producido después de que Pablo Iglesias reclamase «un referéndum de autodeterminación para el Sáhara Occidental». Unas declaraciones poco oportunas teniendo en cuenta que ambos países preparaban una cumbre bilateral.
A esa reunión estaba previsto que acudiera Pablo Iglesias, un gesto que no debió sentar nada bien a Rabat, por lo que el Gobierno tuvo que desplazar al vicepresidente de Podemos y dejarle fuera de la cumbre aduciendo que no tenía agenda para acudir a la misma.
Este gesto diplomático no debió ser suficiente para Marruecos, que al poco tiempo decidía aplazar la reunión al más alto nivel, prevista para mediados de este mes y que se ha pospuesto hasta febrero. El reino alauí adujo que la situación epidemiológica en el país no era la más adecuada para celebrar estas reuniones con seguridad.
Pero lo cierto es que las relaciones entre España y Marruecos se encuentran en estos momentos en un punto bastante distanciado. La inmigración ilegal que llega a Canarias –gracias a la pasividad de las autoridades marroquíes– unido a las discrepancia en el tema del Sáhara Occidental han enrarecido el ambiente provocando la ruptura.
Injerencia de Iglesias
Pablo Iglesias no lo puede evitar, no puede evitar estar ante una cámara o un micrófono y demostrar que maneja información sensible a la que tiene acceso por ser vicepresidente: y este lunes ha vuelto a hacerlo al anunciar una negociación sobre el Sáhara que lleva un ministerio que no es el suyo, sino el de Arancha González Laya.
Durante su entrevista en La Sexta de este lunes, Pablo Iglesias ha dado a conocer que el Ministerio de Exteriores está trabajando «de manera discreta» en un asunto relativo al Sáhara, por el que tanta preocupación ha manifestado en las últimas semanas. De tal forma que incluso sus manifestaciones han ido más allá que las del propio Gobierno, que en este asunto camina con pies de plomo al estar involucrado Marruecos.
Pablo Iglesias ha desvelado que el Ministerio de Exteriores trabaja para que vuelva a haber un enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, algo que, a su juicio, es «condición de posibilidad» para que haya diálogo y se avance en la resolución del conflicto. Un conflicto en el que España ha tejido una delicada red sustentada entre las relaciones diplomáticas con el reino de Marruecos y la histórica hermandad con el Sáhara tras el pasado colonial.
Concretamente, el vicepresidente Pablo Iglesias ha revelado que «el Ministerio de Exteriores, con mucha discreción y mano izquierda, está trabajando en esa dirección». Se inmiscuye así en la labor de una compañera de Gabinete a pesar de que justo antes de desvelar la negociación ha reconocido que él no tiene competencias en este asunto y que, por lo tanto, ni entra ni se posiciona, porque es responsabilidad del presidente Pedro Sánchez y de la ministra de Exteriores, Arancha González Laya.
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