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Así cayó Ortega Smith: nunca asumió el relevo que le alejó de poder disputar el liderazgo a Abascal

Javier Ortega Smith fue relevado por Ignacio Garriga de la Secretaría General en 2022

Smith trató de derribar a Abascal cuando éste perdió la confianza en él

De casi todo a casi nada. Así se podría resumir la historia política y de amistad entre el alma mater de Vox, Santiago Abascal, y Javier Ortega Smith, quien nunca digirió ser sustituido como secretario general del partido por el catalán Ignacio Garriga. Ahora, Ortega Smith se ha declarado en rebelión contra la cúpula de Vox que ha ordenado su expulsión del partido, tras destituirlo como portavoz del Ayuntamiento de Madrid, el único papel que le quedaba en el organigrama.

Santiago Abascal  llevaba ya 4 años siendo retado en la sombra por Ortega Smith, cada vez más aislado en el partido y sin apenas apoyos, ante el consenso que ha logrado cosechar el líder de Vox entre las bases y el resto cargos y personalidades no sólo en la sede central de la madrileña calle Bambú, sino también en las delegaciones territoriales.

«La traición de Ortega Smith» –como se refieren en Bambú al enfrentamiento con Abascal- se produce en el momento más dulce de la historia de Vox. El de Amurrio empieza a recoger en la calle y en las urnas los frutos de su discurso anti inmigración masiva, contra la islamización de España, el blanqueamiento de ETA –sufrido en sus propias carnes- o la defensa de la Agenda España frente al Pacto Verde o el globalismo.

La ‘vendetta’ de Ortega Smith

La vendetta de Ortega contra Abascal comenzó a fraguarse en octubre de 2022, cuando Garriga, un joven odontólogo de 35 años, se convirtió en el número dos de la formación, a quien Abascal le confíó la tarea de renovar la organización que había liderado hasta entonces el abogado, uno de los fundadores del partido y excesivamente marcado por su afinidad falangista. Un cambio de dirección que coincide con el enfrentamiento que Smith sostuvo con Macarena Olona tras su fracaso en las elecciones andaluzas.

La destitución de Ortega Smith marcó un antes y después entre Abascal y él. El hasta ahora secretario general era conocido por sus continuas «purgas» a todo aquel que se desmarcarse de su línea.

Señalado desde hacía años por un tratamiento excesivamente «despótico» sobre los equipos y que había derivado en quejas y conflictos por parte de una secretaría general «militarizada», como se referían desde el partido al liderazgo que ejercía Smith en la organización, Abascal decidió apartarlo del cargo para renovar toda la cúpula.

Sin embargo, el presidente de Vox decidió darle una segunda oportunidad de confianza, al que había sido su mano derecha y padrino de uno de sus hijos. Primero optó por mantenerle como vicepresidente de Vox, pero no fue suficiente. 

El líder decidió mantener a Ortega Smith por el vínculo emocional que les unía –la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes)–, como candidato a la alcaldía de Madrid contra José Luis Almeida, en unas elecciones que pese al Madrid Central –la gran baza del candidato de Vox contra las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE)– el popular logró la mayoría absoluta.

Ortega Smith comenzó a desvincularse de la dirección general con reiteradas convocatorias a medios de comunicación que no comunicaba a Bambú, saltándose la disciplina de partido en reiteradas ocasiones.

Los resultados de aquel 23-J sentaron como un jarro de agua fría en Bambú. El candidato fue discutido internamente por no hacer ninguna autocrítica de unos resultados que no habían alcanzado las expectativas.

Smith intentó hacerse con Vox

La revuelta popular en la sede del PSOE en la calle Ferraz en noviembre de 2023 fue la antesala de lo que estaría por venir. Ortega Smith se encaró a los policías enviados por el Gobierno para frenar las protestas.

Aquella actitud se percibió en el partido como un pulso a la cúpula. Una manera de tratar aumentar su protagonismo en la calle, mientras cogía fuerza el rumor de que trataría rivalizar con Abascal en las primarias que tenían previsto celebrarse en primavera, en el momento en que ya se daba por hecho que no renovaría como candidato a la alcaldía.

El que era todavía vicepresidente de Vox fue el único que sonó como posible contrincante de Abascal, aunque finalmente no dio el paso al no contar con los avales necesarios. Abascal salió reforzado de estas elecciones, en un mandato hasta 2028 y con un equipo que le estaría llevando a cosechar unos resultados récord.

La nueva cúpula dejaba atrás a Macarena Olona o a Iván Espinosa de los Monteros.  La primera horneada de líderes de Vox. Personalidades con fuertes egos difíciles de encajar unos con otros que abandonaron el partido manteniendo su afiliación.

Abascal estructuró el organigrama dejando como  único vicepresidente Garriga, mientras que Ortega Smith fue relegado a vocal raso, en un equipo que aumentaba el número de vocales de 5 a 17, sumándose al nuevo Comité Ejecutivo Nacional (CEN) los por entonces vicepresidentes de las comunidades autónomas donde Vox gobernaba –Castilla y León, Murcia, Aragón y Comunidad Valenciana–, así como Rosa Cuevas-Mons –la jefa de prensa del grupo parlamentario–, o la vicesecretaria de Acción de Gobierno y mano derecha de Abascal, Monsterrat Lluis.

El pulso de Ortega Smith con la dirección nacional y especialmente hacia Santiago Abascal se volvió evidenciar este pasado otoño, con su asistencia en la presentación de Atenea, el think tank del ex portavoz Iván Espinosa de los Monteros, el único de Vox entre multitud de altos cargos del PP, como Cayetana Álvarez de Toledo.

Pese a ser conocidos en Vox los fuertes encontronazos entre Ortega Smith y Espinosa de los Monteros cuando ambos formaban parte de la cúpula –un reaccionario falangista contra un perfil más liberal–, su odio por verse cada vez más fuera del proyecto político acabaría por unirles, ensalzando el relato de cómo Abascal se apartaba de los «orígenes» de Vox, mientras se alzaba como uno de los líderes en Europa, al convertirse en el presidente del nuevo grupo europeo de soberanistas, Patriots –escisión de European Conservatives Reformists (ECR)–.

Smith contra Vox desde el Ayuntamiento

La portavocía en el Ayuntamiento era el único papel relevante que le quedaba a Ortega Smith en Vox hasta la pasada semana. Abascal y la cúpula habían perdido la confianza en él hacía tiempo, tras continuos desacatos a las decisiones políticas de la formación, mientras el edil era consciente de que no repetiría en las próximas elecciones municipales como candidato.

Según ha podido saber OKDIARIO, la gota que colmó el vaso fue la destitución por parte de Ortega Smith, el pasado diciembre, de la directora de comunicación del grupo municipal, el mismo día de volver de su baja maternal de su tercer hijo–haciéndose efectivo este enero–.

En un intento por hacerse con el control del grupo, Ortega Smith decidió echar a la periodista que mantenía una comunicación fluida con Bambú –quien denunció el caso al comité de garantías del partido y por lo cual Vox mantiene una investigación abierta–, colocando en su lugar a su  fotógrafo más afín, Carlos Paz.

Éste comenzó a dar prioridad constante a determinados perfiles, como Carla Toscano, mientras otros concejales, como Arancha Cabello –la recién nombrada portavoz– y Fernando Martínez Vidal, fueron perdiendo visibilidad ante la prensa.

Además, el todavía diputado en la Cámara Baja no aceptó que Vox optara por relevarlo como portavoz adjunto para nombrar a Carlos H. Quero en noviembre, tildándolo de «injusta».

Una apuesta de Vox que respondía al crecimiento que la formación comenzaba a sondear en el votante tradicional de izquierdas y entre los jóvenes, en consonancia con las políticas más ambiciosas que están logrando ampliar el espectro del votante de los cinturones rojos de Madrid, Barcelona, Zaragoza o Sevilla, en lo que se llama la lepenización de la formación.

De hecho, contrariamente a lo que se ha dicho, Ortega Smith no representaría precisamente el ala más liberal de Vox, sino el más reaccionario.

Una imagen que empezaba a lastrar en la formación dado que Ortega Smith se mostraba contrario a dejar paso a las nuevas generaciones tildando su pérdida de poder no como falta de liderazgo interno sino como «una humillación» por parte de Abascal.

Éste públicamente le amonestó de «falta de humildad» recordándole que Vox seguía siendo una formación «joven» con «mucho banquillo», poniendo en valor a perfiles millennial y zoomer como Julia Calvet, la diputada catalana que fue nombrada como nuevo miembro de la Ejecutiva de Vox el pasado diciembre, tras el auge de la formación entre los jóvenes.