Von der Leyen exige avances «tangibles» a China en la apertura de su mercado
La presidenta comunitaria ha endurecido el mensaje hacia Pekín
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha reclamado este martes a China avances «tangibles» en las demandas reiteradas de la Unión Europea (UE) para que abra sus mercados y equilibre la relación comercial con la Unión, tras insistir en que sus prácticas le llevan a acumular el «mayor superávit comercial de la historia de la humanidad».
En un discurso ante el Parlamento Europeo que sirve de antesala a la cumbre con el presidente chino, Xi Jinping, prevista para finales de este mes, la presidenta comunitaria ha endurecido el mensaje hacia Pekín y, aunque ha recalcado que la UE no aspira a desacoplarse de China, sí ha insistido en que necesita ver progresos a sus recurrentes peticiones comerciales.
«Para avanzar en nuestra relación, necesitamos lograr avances reales y encontrar soluciones justas en los temas en los que hemos estado bloqueados durante demasiado tiempo. Previsibilidad y fiabilidad. Así es como podemos trabajar en nuestro interés mutuo», ha resumido, asegurando que ese es el mensaje que llevará a la cumbre con China de dentro de unas semanas.
En este sentido, se ha mostrado crítica con las prácticas comerciales de Pekín que le permiten registrar un superávit comercial de más de 300.000 millones de euros con la UE. Según ha denunciado, se trata del «mayor de la historia de la humanidad» y se debe a que las empresas europeas cada vez tienen más difícil hacer negocios en el gigante asiático y son «sistemáticamente discriminadas» en la compra pública.
«Los bienes y servicios fabricados en China obtienen automáticamente una ventaja de precio del 20% en las licitaciones públicas. Esto no es justo. El sistema está explícitamente amañado», ha criticado ante los parlamentarios en la sede de Estrasburgo.
Es por ello que Von der Leyen ha reclamado «progresos tangibles» a lo que considera una vieja demanda europea que, según ha incidido, busca solo reciprocidad con respecto a una Europa que «sigue estando abierta» a los actores comerciales chinos.
La presidenta ha seguido el mismo discurso respecto a la sobrecapacidad, con la que China inunda el mercado europeo de excedentes de su mercado interno. Según la jefa del Ejecutivo europeo, en Pekín entienden la preocupación de la UE, pero ha lanzado otro aviso para insistir en que la relación solo dará pasos adelante si hay un «equilibrio genuino», «menos distorsiones» en el mercado, así como mejor acceso de las empresas europeas y menos sobrecapacidad.
Con todo, la jefa del Ejecutivo comunitario ha defendido que la UE no busca separarse de la economía china, sino reducir dependencias excesivas en sectores como los paneles solares o el procesamiento de minerales, sectores en los que Pekín ejerce un dominio mundial.
«No creemos en el desacople estratégico. Esto no nos interesa porque creo que para Europa sería ineficiente e ineficaz. Pero seguiremos reduciendo riesgos porque hemos aprendido la lección», ha afirmado, en referencia a la dependencia energética de la UE con Rusia, corregida a raíz de la invasión de Ucrania.
El mercado de China
Así, ha explicado que las dependencias comerciales se pueden convertir en vulnerabilidades y sobre como la tecnología, el comercio y la seguridad están «vinculados inherentemente». «Reducir riesgo es simplemente una cuestión de independencia europea», ha resumido.
De esta manera, y tras indicar que hay oportunidades claras de cooperación en cuestiones multilaterales como la transición ecológica, la conservadora alemana ha subrayado que hay mucho horizonte de cooperación con China si «está dispuesta a colaborar en un espíritu de previsibilidad y fiabilidad». «Al igual que nuestra Unión, China es un gigante complejo y fascinante. Nuestra relación debe reflejar esa complejidad», ha asegurado, insistiendo en que la UE defenderá sus intereses y reducirá los riesgos en las relaciones pero no aspira a romper con China.
La UE se prepara para la cumbre con el gigante asiático de finales de julio, aunque fuentes diplomáticas apuntan al próximo 24 y 25 de julio, la fecha no ha sido confirmada oficialmente por Pekín ni Bruselas. A la cita llegan con ciertas asperezas después de que la UE reclame a China que deje de ser un «salvavidas» para Rusia, al apoyar su economía de guerra y evitar denunciar el ataque militar contra Ucrania.
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