Los trabajadores nacidos entre 1961 y 1965 sólo podrán jubilarse a los 65 años si cumplen este requisito en 2027
A partir del 1 de enero cambia la edad de jubilación y el requisito de los años cotizados
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El Gobierno confirma el cambio en las pensiones: acceder a la jubilación a los 65 años ya no será igual a partir de 2027
Durante años, jubilarse a los 65 ha sido algo que se daba prácticamente por hecho. Era la referencia para la mayoría de trabajadores, ya que se trataba del momento en el que se cerraba la etapa laboral sin demasiadas dudas, pero lo cierto es que eso ya no funciona así sino que los cambios que se han ido introduciendo en el sistema de pensiones han ido moviendo ese punto y ahora todo depende mucho más de lo que cada uno haya cotizado.
Esto es algo que están empezando a notar especialmente quienes nacieron entre 1961 y 1965. Son los que están más cerca de retirarse y, en muchos casos, los que se están encontrando con que no basta con cumplir la edad. Por ello, antes de tomar la decisión, toca revisar la vida laboral con detalle y ver si se llega o no a los mínimos que exige la ley. De cara a 2027, la situación que nos queda es que sí, habrá quien pueda jubilarse a los 65 años, pero no será lo habitual para todos ya que los que no alcancen el nivel de cotización exigido tendrán que alargar su carrera hasta los 67. Y en más de un caso, la diferencia va a estar en algo tan ajustado como unos pocos meses cotizados.
El requisito para jubilarse a los 65 años en 2027
A partir de 2027 ya no habrá margen para interpretaciones. Para poder jubilarse a los 65 años será necesario haber cotizado al menos 38 años y 6 meses. Ese es el punto de corte que fija la normativa y el que marcará quién puede retirarse a esa edad y quién tendrá que seguir trabajando un poco más.
En el caso de no alcanzar ese mínimo, la alternativa será esperar hasta los 67 años para acceder a la jubilación ordinaria sin recortes. No es algo que llegue de un día para otro, sino el último paso de una reforma que se ha ido aplicando poco a poco. De hecho, en 2026 las condiciones todavía son algo más flexibles: basta con 38 años y 3 meses cotizados para jubilarse a los 65, mientras que quienes no lleguen a esa cifra deben esperar hasta los 66 años y 10 meses. Sobre el papel puede parecer un ajuste menor, pero en la práctica está teniendo bastante impacto dado que hay muchos trabajadores que se quedan muy cerca de ese umbral y eso les obliga a retrasar sus planes. En esta fase final, cada mes cotizado cuenta más que antes, porque puede ser justo lo que marque la diferencia entre jubilarse antes o tener que alargar la vida laboral.
Por qué este cambio afecta sobre todo a ciertas generaciones
Los nacidos entre 1961 y 1965 están en el centro de este cambio. Son los que llegan ahora a la edad de jubilación con el sistema ya prácticamente ajustado del todo, sin margen para transiciones suaves. En otras palabras, son la primera generación que se enfrenta de lleno a las reglas definitivas.
El objetivo de la reforma implica adaptar el sistema al envejecimiento de la población y garantizar que sea sostenible a largo plazo. Para ello, se ha reforzado la idea de que la pensión debe estar ligada a lo que cada uno ha cotizado. Es decir, que haya más relación entre la carrera laboral y la prestación final. Esto tiene una consecuencia clara y es que quienes han tenido trayectorias largas y estables lo tendrán más fácil para jubilarse a los 65 años. En cambio, quienes han pasado por periodos sin cotizar o han tenido carreras más irregulares pueden encontrarse con la necesidad de retrasar su retirada. No es una cuestión de edad, sino de recorrido laboral.
Cómo influye la cotización en la pensión final
A todo esto se suma otro cambio importante que ya está en marcha desde hace unos años y es la forma de calcular la pensión. Actualmente se tienen en cuenta las bases de cotización de los últimos 25 años de vida laboral, es decir, las últimas 300 bases, que luego se ajustan mediante una fórmula concreta. Sobre esa base se aplica un porcentaje que depende del total de años cotizados. Cuanto mayor sea ese periodo, mayor será también la pensión. Esto hace que los últimos años de trabajo tengan un peso considerable, porque pueden elevar o reducir la cuantía final.
En la práctica, esto obliga a muchos trabajadores a mirar con más atención su recta final. No sólo importa cuándo jubilarse, sino también en qué condiciones se llega a ese momento. Unos años con mejores cotizaciones pueden marcar diferencias relevantes en la pensión.
Con el sistema ya prácticamente cerrado, muchos trabajadores están revisando su historial para ver si alcanzan el mínimo exigido. Y ahí es donde aparecen las sorpresas ya que en algunos casos, la diferencia entre jubilarse a los 65 o a los 67 años depende de unos pocos meses cotizados. Esto hace que decisiones como seguir trabajando un poco más o completar ciertos periodos cobren más importancia que antes. No se trata sólo de cumplir una edad, sino de llegar al nivel que exige la ley en ese momento concreto.
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