La irresponsabilidad presupuestaria del Gobierno
El Gobierno ni siquiera tiene apoyos para aprobar la senda de estabilidad
Como ya he escrito en estas páginas, el Gobierno elude su responsabilidad de presentar unos presupuestos, pues lleva tres ejercicios sin ellos, viviendo de la prórroga de 2023, y todo apunta a que 2027 va a seguir el mismo camino. Sin embargo, dado el cerco de presunta corrupción por el que está rodeado y la ausencia de apoyos para poder gobernar, trata de disimular dando los pasos para presentar un proyecto de PGE para 2027, aunque ni tiene apoyos para aprobar la senda de estabilidad, como ha quedado confirmado con el rechazo a la misma en dos ocasiones en el Congreso, ni tiene apoyo para aprobar los propios presupuestos.
No obstante, convierte su teatro en un ejercicio electoralista, donde sube el gasto todavía más, como último truco para tratar de atraer votantes, dentro de la polarización que intenta alimentar para enfrentar a la sociedad española, para ver si así puede minimizar su derrota. Todo es ficticio en los pasos presupuestarios que ha dado el Gobierno para 2027: desde la intención real de presentar unos PGE, que no la tiene, hasta el crecimiento que proyecta, extraordinariamente elevado respecto al resto de instituciones que realizan previsiones, pasando por la senda de estabilidad o el propio gasto que no se puede mantener.
Así, el Consejo de Ministros aprobó hace unas semanas el techo de gasto no financiero, más como propaganda que como elemento útil para realizar los presupuestos-, que contemplan una elevación del gasto muy importante, electoralista. Este incremento, constituye una enorme irresponsabilidad, porque eleva el gasto un año más de manera imprudente, dotándole de un carácter enormemente estructural, con unos objetivos de estabilidad presupuestaria poco ambiciosos, ya que su consecución se basa, únicamente, en el efecto recaudatorio que todavía proporciona la inflación, pero que a medio y largo plazo se deteriora, y ni aun así equilibran las cuentas, lo que quiere decir que todo lo que se recauda se gasta y, además, es insuficiente y hay que recurrir a endeudamiento adicional.
Es la base del crecimiento del Gobierno: gasto, gasto y gasto, junto con un incremento de población poco productivo, que lleva a que se sustituya talento por bajo valor añadido, que redundará en un deterioro todavía mayor de productividad, mal que aqueja a la economía española. En definitiva, es un techo de gasto que es una irresponsabilidad, en clave electoralista, paratratar de ganar mientras se ríe de todos los españoles.
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