La inversión extranjera en servicios financieros de Cataluña se desploma un 36%
Las manos extranjeras siguen sin confiar en una Cataluña gobernada por independentistas y, lo que es más grave y preocupante, por rebeldes.
Quienes se niegan a acatar las normas del Estado siguen ahuyentando el capital de una región cuyo agujero cada vez es más grande, y del que cada vez se va más dinero. Lo más preocupante, algunas partidas como las de las actividades financieras, que se han reducido considerablemente.
Cataluña apenas recibió en 2018 el 6,4% de la inversión total nacional frente a, por ejemplo, el 85% que atrajo Madrid, en gran medida alentada por la falta de confianza existente sobre Cataluña, históricamente la segunda región que más billetes extranjeros atraía. La desconfianza es tal que la región catalana solo logró captar 2.985 millones en 2018, lo que supone un 11,7% menos que en 2017.
Según datos del Ministerio de Economía, sólo en el cuarto trimestre de 2018 se produjo una caída en la inversión en actividades financieras y de seguros del 36,4%, quedando en apenas 2,2 millones de euros. Además, la inversión en educación se redujo en el mismo tiempo un 99,7%, hasta ser absolutamente nula.
Lo que está cada vez más claro es que la inversión extranjera que llega a España se concentra cada vez en más en Madrid, en detrimento de Barcelona, por la coyuntura política. El presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. en España, Jaime Malet, ha reconocido este lunes que “la realidad es que Madrid se ha posicionado como el lugar de todos y Barcelona, por desgracia, como el lugar solamente de Cataluña”.
Malet considera que este posicionamiento de Barcelona, a su juicio, “es un error que hay que cambiar” porque esta ciudad encierra un gran atractivo para la captación de inversiones y de talento.
“Barcelona estaría mucho mejor proyectándose hacia el resto de España”
Para Malet, Barcelona “estaría mucho mejor proyectándose hacia el resto de España”, y ha advertido sobre el peligro de la pérdida de sedes sociales en Cataluña, que cifra en unas 4.000, de las que más de tres mil estaban radicadas en la capital catalana.
“La gente que piensa que no pasa nada por la marcha de las sedes sociales se equivoca. En el mundo se pelean por tener las sedes empresariales. Esto es importante, porque a la larga tras las sedes se van los centros de decisión”, ha subrayado.
Considera que, aunque es un proceso lento porque las inercias empresariales son muy fuertes, “primero se van los auditores, luego los abogados, los centros de decisión, los presidentes y al final un día despiertas y las empresas ya no están en Cataluña”.
Por ello, cree que la marcha de sedes sociales puede marcar una “decadencia enorme” de la economía catalana porque acarrearán la marcha de los centros de decisión, y se ha mostrado pesimista sobre la posibilidad de que todas estas empresas regresen.
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