El Real Madrid se cenó a la Real Sociedad. Gonzalo fue el entrante, Vinicius el principal y Fede Valverde el postre. Los de Arbeloa, con un fútbol intenso, solidario y concentrado acabaron por la vía rápida con el efecto Matarazzo, que llegaba al Bernabéu con nueve partidos sin perder en su mochila. Al décimo cayó y el Madrid será líder de la Liga al menos hasta el lunes por la noche cuando el Barcelona rinda visita al Girona.
No jugó Mbappé. Precaución, descanso o Arbeloada. El Real Madrid sin el francés es el cuchillo de un avión: ni pincha, ni corta ni hace daño y, además, es de mentira. El francés, que no se había entrenado ni el miércoles ni el jueves por esa rodilla que le está dando más guerra que Ayuso a Pedro Sánchez, reposaba en el banquillo quién sabe si por si la cosa se ponía fea o sólo por intimidar. Su puesto era para Gonzalo, el nueve más nueve de la plantilla que no la olió en Mestalla. Vamos, como sus compañeros.
A Carvajal su paso por el sillón gris no le sirvió para salir del banquillo por una razón muy sencilla: aunque se le espera, no está. El que ya ha vuelto es Trent y el Real Madrid le necesita. Un huevo. También regresaba Rüdiger para formar pareja en el centro de la zaga junto a Huijsen –ambos repetirán el martes en Lisboa– y dar a la tibia de Asencio un merecido descanso. La izquierda era para Carreras después de que desde la cúpula se advirtiera al técnico de que lo de Camavinga ahí como que no. En el medio repetían los cuatro de Mestalla: Camavinga, Tchouaméni, Güler y Valverde. Esperemos que colocados así y no con el uruguayo en el medio, por favor. Arriba, al lado de Gonzalo formaba Vinicius, que regresaba al trabajo tras librarse (o borrarse) de viajar a Valencia.
Al Bernabéu acudía la sorprendente Real Sociedad de Matarazzo, un técnico desconocido que lleva nueve partidos consecutivos invicto desde que llegó al conjunto donostiarra, incluidos sendos duelos ante el Atlético y el Barcelona. Poca broma. El Real Madrid necesitaba una victoria tras tres partidos horrendos (Benfica, Rayo y Valencia) tanto para colocarse líder de la Liga como para volver a Lisboa con una inyección de confianza.
Nos dieron las nueve y en el capotado Bernabéu arrancó el partido. Salió a presionar (mal) el Madrid. No se arrugó la Real Sociedad, que aprovechó los espacios que dejaban los de Arbeloa para asomarse al área de Courtois. El primer aviso lo dio Oyarzabal con un disparo de falta que se fue a la derecha de Courtois. No perdonó el Madrid en su respuesta. Fue una pelota templadita que puso Trent al área con esa ano que tiene por pie derecho. Allí Gonzalo, listo y bien colocado, se adelantó a Jon Martín y raspó el balón con la puntera lo justo para desviar su trayectoria y hacer inútil la tardía estirada de Remiro.
Gonzalo pega primero
El Real Madrid, como tantas veces, encontraba el gol antes que el fútbol. Lo celebró Arbeloa, cada vez más suelto en el banquillo. La Real Sociedad se echó al monte y se replegaron los blancos. El plan era salir rápido con Vinicius y Gonzalo y casi le salió bien en el 17 cuando el canterano y Trent se toparon con sendos defensas realistas.
Jugaba con fuego el Real Madrid y Huijsen se quemó en el 19 cuando derribó dentro del área a Yangel Herrera. Fue un penalti obsceno e innecesario de un jugador que anda desnortado desde otoño. No perdonó Oyarzabal, el nueve de España, y batió a Courtois con un disparo duro y al centro. Por suerte para Arbeloa su equipo igualó el partido por la vía rápida. Lo hizo también de penalti, cometido por Aramburu sobre Vinicius, al que barrió dentro del área por no frenarse. A falta de Mbappé el propio Vini ejecutó la pena máxima con una suerte de paradinha para engañar a Remiro.
Acusó el golpe la Real Sociedad, que se descompuso. Lo aprovechó el Real Madrid, que bajó pulsaciones a su fútbol y alargó las posesiones. Así llegaría el tercero, fruto de una jugada colectiva en la que participó medio equipo de Arbeloa. El pase final lo dio Carreras, infiltrado cerca del área, que se la dejó a Fede Valverde. El uruguayo se giró y la puso con delicadeza lejos del alcance de Remiro, que otra vez llegó a puntear tarde la pelota.
El tercero espoleó al Madrid, que empezó a presionar con más intención e incluso orden. El Bernabéu premiaba el esfuerzo y hasta indultaba a Huijsen. Se gustaban Vinicius, con galones sin Mbappé, por la izquierda y Güler por la derecha. La Real Sociedad se había desinflado con el segundo tanto. Y así, desinflada y cabizbaja, se fue al descanso ante un Real Madrid que se veía con el partido en el bolsillo. Que lo habría estado del todo si Gonzalo no hubiera emulado a su homónimo Higuaín y hubiera fallado a medio metro de la portería un gol cantado para hacer el 4-1 en la última jugada del primer tiempo.
Duelo resuelto
Comenzó la segunda con otra acción temeraria de Aramburu con Vinicius dentro del área. Le hizo la tijera cuando el brasileño ya se le había ido junto a la línea de fondo y Hernández Maeso, de nuevo bien colocado, se fue al punto de penalti. Otra vez ejecutó Vinicius y otra vez marcó tras un buen lanzamiento. El Madrid andaba suelto y la Real rota. Arbeloa empezó a regalar minutos a los veteranos convalecientes. Entraron Alaba y Carvajal. Se fueron Trent y Rüdiger con la vista puesta en Lisboa.
Poco tardó el capitán en liarla con una cesión involuntaria de cabeza que casi aprovecha Aihen. Lo evitó Courtois, que sacó el disparo a bocajarro. Menos mal que el partido estaba resuelto aunque la Real intentó maquillar un poco el resultado. Arbeloa llamó a jugar a otros dos suplentes: Brahim y Ceballos. Descanso para Camavinga y Fede Valverde.
Perdonaron el quinto primero Gonzalo y Vinicius después. Disfrutaba el Bernabéu que por fin veía un partido sin intriga. En el 78 Arbeloa metió a su niño Cestero para sentar a Tchouaméni. Ya no había partido y todos los pensamientos del entrenador del Real Madrid pasaban a estar en Mourinho. En el 84 marcó la Real, pero Oskarsson estaba cinco metros en fuera de juego. También intentó Vinicius lograr su hat-trick (porque Arbeloa no le quita nunca) pero se le negó por el mismo motivo aunque por menos metros.
Fue la última de un partido que el Real Madrid manejó con oficio y sacrificio de principio a fin y del que se llevó tres puntos que le colocan como líder de la Liga… al menos hasta que juegue el Barcelona.