Liga EA Sports: Real Madrid-Rayo Vallecano

Milagro en el Bernabéu

El Real Madrid derrota al Rayo con un gol de penalti de Mbappé casi en el minuto 100 en otro partido lamentable del equipo de Arbeloa

El Bernabéu recibió a los suyos con pitos y le despidió con más pitos porque la victoria no tapa otra imagen vergonzosa

Los más pitados por el Bernabéu: Mastantuono, Bellingham y, por supuesto, Vinicius

Ganó el Real Madrid, sí, pero ganó de milagro. Un penalti postrero, casi en el minuto 100, transformado por Mbappé dio una victoria, tristona e insípida, al equipo de Arbeloa ante un Rayo que acabó con diez. Al Bernabéu, que está hasta el gorro de los suyos, ya no le vale con ganar. Un triunfo pírrico y feo no justifica el aburrimiento ni cura los disgustos. Y el madridismo lleva dos años que no gana para disgustos. También había marcado antes Vinicius, que llevaba trece partidos de Liga sin ver puerta y que no jugará en Mestalla. Los blancos, sin juego ni actitud, al menos siguen a un punto del Barcelona en la Liga.

Hubo pitada. Merecida. Sólo faltaría después del esperpento de Lisboa y de que esta plantilla se haya acostumbrado a ensuciar el escudo del Real Madrid e irse de rositas. Arbeloa tocó cosas. Pocas. Bueno, una sólo: meter a Camavinga por Carreras en el lateral izquierdo. No inventa nada porque esa demarcación se la inventó Deschamps, la copió Ancelotti y ahora la copia él. Le da al equipo un falso centrocampista más, cierto, pero también le penaliza con las habituales desconexiones del francés.

El resto eran los mismos de Lisboa, entre otras cosas porque Arbeloa no se fía ni un pelo de sus suplentes. Aunque no lo diga, no le falta razón, lo que le falta es talento al Real Madrid. Cuando vuelvan Trent y Militao (a ver si para antes de la Feria de Abril), saldrán Asencio y Mastantuono, pasará Valverde al extremo derecho y a correr. Es lo que hay porque los que mandan insisten en que comprar en enero es de cobardes. Así nos luce el pelo.

Hubo pitada, repito. Y sólo se salvaron Courtois y Mbappé. El público siempre tiene razón. Y salieron estos once en el Real Madrid para intentar lavar ante el Rayo la imagen de Lisboa: Courtois; Valverde, Asencio, Huijsen, Camavinga; Tchouaméni, Güler, Bellingham; Mastantuono, Vinicius y Mbappé. Los mismos que golearon al Mónaco, pero casi los mismos que la liaron en Lisboa y que ganaron con más pena que gloria al Levante. Vamos, un equipo menos fiable que la palabra de Pedro Sánchez.

Vinicius quiso agitar a las masas desde el inicio. No habían pasado ni dos minutos cuando el brasileño se cocinó una jugada por su banda de esas que repetía hace un par de años. Acabó el córner, pero el brasileño empezó a agitar los brazos para espolear a un Bernabéu que reaccionó con indiferencia. Respondió Ilias con una acción individual que abrochó con un disparo torcido dentro del área. Era el minuto 5 y el Bernabéu volvía a pitar. Sin muchas ganas tampoco, contagiado por la desidia del equipo.

Bellingham, K.O.

En el minuto 8 se acumularon las malas noticias para Arbeloa. Bellingham se echó la mano a los isquiotibiales y se fue al suelo. Quizá es lo que tiene que nunca te cambien y jugar todos los partidos completos. Pues nada. Entró en su lugar Brahim. El inglés hoy no estaba para chupitos ni para risitas. Se retiró del Bernabéu entre lágrimas.

La lesión de Bellingham dejó frío al Madrid y al Bernabéu, que cejó en el empeño de silbar. Y en esas, recién superado el cuarto de hora, volvió a aparecer Vinicius. El brasileño lo hizo todo solo. Recibió un pase de Brahim a la carrera, se internó en el área, Ratiu retrocedió, Vini le quebró la cintura, se acomodó a su diestra y la puso por encima de un Batalla que reaccionó tarde. Lo celebró colmando de besos el escudo del Real Madrid. La ocasión lo merecía después de 13 partidos consecutivos en Liga sin marcar.

Perdonaría después del 2-0 el propio Vinicius después de que Batalla metiera una mano salvadora al disparo de Arda Güler dentro del área. El brasileño no se esperaba el rechace y la echó fuera. Creció el Real Madrid, cesaron los pitos y menguó el Rayo. El equipo de Arbeloa se situó en una suerte de bloque medio, ni presión ni repliegue, que era suficiente para que los jugadores del Rayo entregaran la pelota sin luchar.

Decayó el partido, que se convirtió en un monólogo, algo tedioso, del Real Madrid. Sólo Vinicius parecía con ganas de marcha. Al filo del descanso volvió a apretar el equipo de Arbeloa. Perdonó el 2-0 en el 42 Brahim, asistido por Vinicius, pero el hispano-marroquí prefirió buscara Mbappé antes que definir dentro del área. Craso error. Respondió el Rayo con una contra finalizada por Isi y abortada por Camavinga, de los pocos que había regresado.

Más pitos al descanso

Acabó el primer tiempo y el Bernabéu volvió a pitar, esta vez con algo más de ganas. Con los mismos pitos con los que el Real Madrid fue recibido antes de reanudar el duelo. Arbeloa tuvo que sacar del campo al tocado Asencio y meter a Ceballos. Tchouaméni, otra vez central de emergencia. Los pitos del Bernabéu crecieron aún más cuando el Rayo logró el empate en el 48. Fue una jugada en la que Gumbau centró al área sin que Ceballos le saliera, Fede Valverde se comió el centro al segundo palo, prolongó Álvaro García, que se la puso a De Frutos en el área. Para colmo también se durmió Tchouaméni, que llegó medio segundo tarde. Pues nada. Pitada.

Los jugadores del Madrid, desesperados y sin ideas, reclamaban penaltis cada vez que pisaban el área. El colegiado cerraba los ojos y los del VAR habían ido a por un vermú. Vinicius remató con el hombro en el 57 un centro medido de Güler. Arbeloa se hartó de esperar y metió a Gonzalo por Mastantuono. El argentino se fue pitadísimo por el Bernabéu.

El Madrid comenzó a ser un esperpento. Un equipo plagado de almas en pena. Y la cosa pudo haber sido peor si Ratiu, que se plantó solito ante Courtois en una acción en la que sólo bajo Gonzalo. El rumano vio la enorme figura del belga y, con toda la portería de frente, se le hizo de noche y el meta madridista metió el pie salvador nuestro de cada día. El Bernabéu, ¿adivinan?, volvió a pitar. Subían los decibelios a medida que se encogía el equipo de Arbeloa, incapaz de hacer reaccionar a los suyos.

Un equipo roto

En el 67 Mbappé falló el gol del siglo en una acción de contragolpe en la que, tras regatear a Batalla, la echó a las nubes cuando lo más sencillo era meterla. Vinicius agitaba los brazos para espolear a la grada, sólo le respondieron los paniaguados de la Grada Fans. El resto del estadio silbó. El Madrid estaba perdidísimo. Arbeloa tampoco sabía qué hacer. Se la jugó con un doble cambio: Rodrygo y Alaba (sí, Alaba) por Güler y Huijsen. Previsible.

Pathé Cis hizo una cafrada que a punto estuvo de costarle el tobillo a Ceballos y que le valió una roja directa como un camión. El utrerano, dolido y picado, tuvo en sus botas el 2-1 en un disparo lejano que rozó el palo izquierdo de Batalla. El meta del Rayo Vallecano comenzó a perder tiempo y fue amonestado. Estábamos ya en el 82 y al Real Madrid le sobraban nervios y le faltaba tiempo.

A los de Arbeloa les entraron las prisas en las postrimerías del duelo. Cargaron a rebato en busca de la heroica. No apareció en un cabezazo de Camavinga que se topó con el palo. Luego Brahim se topó con los guantes de Batalla. El Bernabéu tocó a rebato y el Real Madrid hundió al Rayo dentro de su área. Resistían los vallecanos achicando área mientras que a los blancos sólo les faltaba que subiera Courtois.

Díaz de Mera concedió nueve minutos de añadido. Siguió apretando el Real Madrid en busca de un gol con el que salvar al menos los tres puntos tras otro partido canalla en el Bernabéu. Parecía que no le iba a dar pero entonces apareció Mendy para llevarse puesto a Brahim dentro del área. Fue un penalti obsceno y el árbitro lo cobró. Mbappé se la pidió. No falló. Hizo su trabajo y obró el milagro de que el Real Madrid, muerto y sin fútbol, lograra tres puntos en un duelo que se le había puesto imposible. Sí, ganó el Madrid, pero los síntomas del equipo son más que preocupantes.

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