Rayo y Atlético firman tablas y la eliminatoria se decidirá en el Calderón
Paco Jémez y Simeone ejercían de Reyes Magos y regalaban minutos a los menos habituales. Así es la Copa, una competición un poco garrafón hasta las semifinales. Los que pelean por la Liga y por la Champions, porque les estorba, y los que luchan por la permanencia, porque les desgasta sin necesidad. Hacía en Vallecas un frío de mil demonios y el estadio presentaba una imagen desangelada, quizá por lo impropio de la hora (22.05 sin rima) en unas fechas tan señaladas.
El partido arrancó con intensidad, pero sin estética. Mucho correr, mucha pierna fuerte, mucho voleón arriba, pero poco juego. El Atlético presionaba como siempre, pero sólo tenía peligro cuando la pelota caía en los pies de Carrasco. Arriba merodeaba Fernando Torres, que lleva más tiempo buscando el gol 100 que Manolo Escobar su carro. Jugaban también dos muchachos que ilusionan a la parroquia rojiblanca, el talentoso Oliver y el potente Thomas.
Pasaban los minutos sin ocasiones, con dominio alterno. Al partido le pasaba como al PSOE: no mandaba nadie. Un córner por aquí, una falta lateral por allá. Como Vallecas es un campo pequeño, al menos los equipos no tardaban en acercarse a las áreas. Pero todo cambió en le minuto 34. Un tremendo zurdazo del rayista Nacho, que recibió una asistencia involuntaria de Thomas, se coló junto al palo izquierdo de Moyá. El Rayo se ponía por delante.
Jémez se ajustaba el gorro de camuflaje en el banquillo. Simeone animaba a los suyos, pero en los últimos minutos del primer tiempo al Atlético se le vio titubear, algo inusual en los rojiblancos. La campana evitó que el Rayo aprovechará el arreón del gol de Nacho y el descanso dio en Vallecas con 1-0.
Al Cholo le funcionan los cambios
Poco tardaría –apenas 11 minutos– el Cholo Simenoe en realizar dos cambios de una tacada: Saúl por Augusto Fernández (debut insípido el suyo) y Vietto por Óliver Torres. Y bien que le funcionaron, vive Dios. Poco más de diez minutos después los dos jugadores que habían saltado al campo desde el banquillo firmarían la jugada del gol del empate.
Era el minuto 67 y Kranevitter, que también estrenaba la rojiblanca, dibujó una buena apertura para Vietto, que recortó bien el embiste del defensa rayista en la banda derecha y se la puso a Saúl, que llegaba desde segunda línea para marcar a placer. El Atlético obtenía la recompensa a su insistencia.
Un cabezazo, mitad con la cabeza, mitad con la espalda, del recién salido en el Rayo Montiel estuvo a punto de poner de nuevo a los de Jémez por delante, pero su extraño remate se estrelló contra el larguero de Moyá. La respuesta llegó en el 79 por parte de un disparo a bocajarro de Vietto que despejó espectacularmente bajo palos el meta Juan Carlos.
El Rayo intentó morir en la portería de Moyá gracias a la hiperactividad y las buenas maneras del joven Montiel, pero a los de Jémez les faltó un puntito de precisión para definir. Además, tampoco les quedaba demasiado tiempo y no era plan de irse al ataque sin orden ni concierto y desperdiciar en tres minutos todo el trabajo realizado en los 87 anteriores.
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