¡Y volver a ganar!
Continúa el idilio del Atlético de Madrid con la Europa League. Los rojiblancos se proclamaron campeones del torneo después de imponerse por 3-0 al Olympique de Marsella gracias a un Griezmann imperial, que pasó de Principito a Rey en Lyon gracias a un doblete, y a otro tanto de Gabi.
Se plantaba el Atlético en Lyon cumpliendo con las quinielas que le daban favorito para ganar la Europa League. Delante tenía a un Olympique de Marsella correoso y arraigado al estilo marcado de Rudi García. Oblak era el dueño del arco. Su portería estaba custodiada de inicio con Vrsaljko, Godín, Giménez y Lucas. En la medular, el Cholo Simeone -sancionado- optó por Saúl, Gabi, Koke y Correa, mientras que en el ataque no había dudas, la pareja letal formada por Griezmann y Diego Costa.
La neblina provocada por las bengalas que se prendieron en el fondo de los aficionados del Marsella tiñeron de oscuridad el estadio, acorde al color con el juego con el que inició el partido el Atlético de Madrid. Payet dejó solo a Germain, que mandó a las nubes un mano a mano con Oblak. Pocos minutos después también perdonó Adil Rami, aunque el disparo del central se fue muy desviado.
El Marsella era mejor sobre el césped y el Atlético, fiel a su estilo. Regalar la posesión y defender. Manteniendo la filosofía llegó el primero de los rojiblancos. Primero avisó Koke con un disparo a lo McManaman. Poco después, un error en un control de Anguissa le costó caro a los suyos. Griezmann volvió a ser el más listo de la clase recogiendo el balón y batiendo sutilmente a un Mandanda que invitó al gol tirándose media hora antes de que el francés definiera.
Griezmann, de Principe a Rey
Se ponía todo de cara para el Atlético. Más aún cuando a la media hora se lesionaba Payet y necesitaba ser sustituido. El francés había ‘gafado’ a él mismo y a los suyos, al tocar la copa cuando salió de vestuarios. Un gesto de mal fario, que pocas veces falla y que ni la persona menos supersticiosa del mundo haría aunque le pagasen por ello. Los marselleses se agarraban ahora a Thauvin como a un clavo ardiente o a un tizón.
El Atlético mandaba por la mínima en el luminoso cuando el colegiado envió a ambos equipos a los vestuarios señalando descanso. Los rojiblancos estaban 45 minutos más cerca de llevarse a la capital de España la estilizada copa de la Europa League. A la vuelta del intermedio, la lluvia hizo acto de presencia, como Juanfran, que entró por un amonestado Vrsaljko.
No podía arrancar la segunda mitad de mejor manera para los rojiblancos. Ni en el mejor guión hubiera estado escrito. Antoine Griezmann volvió a mojar en el 49′ después de una gran asistencia de Koke, que vio una autopista para que el galo avanzase hasta el área pequeña y se la picase a Mandanda. Esta vez sería Luiz Gustavo, que bien podría ser el doble de Jimmy Hendrix, el que regalaría el gol dejando un hueco que al Atleti no se le puede dar.
La Europa League, en el bolsillo
A partir de ahí se vio la mejor versión del Atlético. El Marsella se vino abajo, dando casi por perdido el partido. Los de Simeone -dirigidos por el Mono Burgos en la final- no daban por ganado el título en ningún momento y continuaron jugando como si el marcador señalase aún el empate. La copa estaba en el bolsillo, pasaban los minutos y se ansiaba uno de los momentos más esperados: la entrada de Fernando Torres al campo.
En lo que llegaba el deseo de los rojiblancos, Griezmann continuaba prestando el que puede ser uno de sus últimos servicios al Atlético. El francés hizo jugar a sus compañeros, se divertía en el verde y buscaba su hat trick. Oblak se tomaba un café hablando con los fotógrafos mientras el balón no salía del campo del Marsella. Hasta que le incordió Mitroglou con un testarazo que se estrelló en la madera. Un susto en forma de sufrimiento que no puede faltar en ningún partido de los colchoneros.
Thomas era el segundo cambio del Atlético. El ghanés entró por Correa para dar más fuerza al centro del campo cuando sólo restaban cinco minutos del tiempo reglamentaria. El Olympique intentó dar lo poco que le quedaba, pero el que lo dio fue Saúl. El pequeño de los Ñíguez se llevó un pelotazo y ni se lo pensó a la hora de bajar a defender pese al dolor que le ganó la partida cuando el balón se perdió por la línea de banda.
Todo el pescado parecía vendido, pero faltaba por unirse a la fiesta el capitán, que marcó al borde del pitido final. Gabi no perdonó cuando le cayó en los pies un balón que venía de Koke. La pasividad de la zaga francesa permitió al canterano pararse, colocarse y cruzar el balón mandándolo al fondo de la red. Ahí le toco entrar a Fernando Torres, que, lamentablemente, tuvo un papel testimonial y efímero en el partido. Lo que vendría a la hora de levantar el trofeo sería otra historia.
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