Según la psicología, las personas que son infieles no lo hacen necesariamente porque su relación no funcione, sino por algo que llevan dentro y todavía no han resuelto
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Cuando se descubre una infidelidad, casi siempre aparece la misma pregunta: ¿qué fallaba en la relación? Es la explicación más intuitiva y también la más extendida. Si alguien engaña, pensamos, es porque algo no iba bien en casa. Sin embargo, la psicología lleva años desmontando esa idea. Muchas personas infieles aseguran ser felices con su pareja, y los expertos apuntan a que, en muchos casos, el origen de la infidelidad está más en quien la comete que en la relación.
Infieles en relaciones que funcionaban
Una de las investigadoras que más contribuyó a cambiar esta idea fue la psicóloga estadounidense Shirley Glass, considerada durante décadas una de las grandes especialistas en infidelidad. En sus estudios encontró algo que contradecía la creencia popular: el 56 % de los hombres que habían mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio describía su matrimonio como feliz, frente al 34 % de las mujeres.
Glass llamó a esta creencia equivocada «el mito de la prevención»: la idea de que una relación cariñosa y comprometida protege por sí sola contra la infidelidad. Según su trabajo, ninguna relación es inmune. La psicóloga, que llegó a calcular que en la mitad de las parejas al menos uno de los miembros rompía el compromiso de exclusividad a lo largo de la relación, insistía en que la infidelidad tiene mucho que ver con las oportunidades y los límites que cada persona se pone, y no solo con lo que ocurre dentro de la pareja.
Buscar a otra persona… o a otra versión de uno mismo
La terapeuta de pareja Esther Perel, una de las voces más conocidas sobre este tema, ha dado una explicación que ha calado mucho. Según Perel, a menudo quien es infiel no está huyendo de su pareja, sino de la persona en la que se ha convertido. La aventura funciona como una forma de sentirse distinto, más vivo o más libre, de recuperar una parte de sí mismo que siente perdida entre la rutina, las responsabilidades y los años.
Desde esta mirada, la infidelidad tiene menos que ver con el otro y más con necesidades personales no resueltas: el deseo de novedad, la sensación de que la vida se ha vuelto previsible, la necesidad de sentirse deseado o una crisis de identidad. Nada de eso depende necesariamente de que la pareja esté fallando. Por eso hay personas que engañan a alguien a quien siguen queriendo.
El peso de la historia personal
Los propios antecedentes también cuentan. Un estudio de la Universidad de Denver, dirigido por la psicóloga clínica Kayla Knopp y publicado en Archives of Sexual Behavior, siguió a 484 personas durante varios años. Quienes habían sido infieles en una relación tenían tres veces más probabilidades de serlo también en la siguiente, en comparación con quienes habían sido fieles.
Eso no significa que el refrán de «infiel una vez, infiel siempre» sea una condena. Los propios investigadores advierten de que ser infiel una vez no obliga a repetirlo, y de hecho una parte de quienes engañaron en su primera relación no volvió a hacerlo. Pero el dato apunta en la misma dirección: el comportamiento acompaña a la persona de una relación a otra, lo que refuerza la idea de que el origen no está solo en cada pareja concreta.
Actitudes, límites y oportunidades
Los investigadores también señalan otros factores individuales. Uno de los más claros es la actitud de cada persona hacia la infidelidad: quienes la ven como algo aceptable en determinadas circunstancias tienen más probabilidades de cruzar la línea. También influyen la forma en que cada uno gestiona la tentación y los límites que se pone en sus relaciones con otras personas.
En este punto, Glass observó que muchas aventuras no empiezan con un desconocido, sino con una amistad o una relación de trabajo que poco a poco se vuelve más íntima. Compartir confidencias, buscar a esa persona para hablar de lo que preocupa o guardar secretos sobre esa relación son, según la psicóloga, señales de que se está cruzando una frontera, aunque todavía no haya pasado nada.
Entender no es justificar
Conviene dejarlo claro: explicar por qué alguien es infiel no significa justificarlo. Una infidelidad causa un daño real a la otra persona, y la responsabilidad es de quien decide engañar. Lo que aporta la psicología es una mirada más completa, que evita culpar automáticamente a la relación o a la pareja engañada, que a menudo se pregunta qué hizo mal cuando, en muchos casos, no hizo nada.
Al final, la infidelidad dice muchas veces más de quien la comete que de la relación que deja atrás. Por eso los expertos insisten en que la clave no está solo en cuidar la pareja, sino también en conocerse a uno mismo: saber qué se busca, qué falta por dentro y dónde están los propios límites antes de que sea demasiado tarde.
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