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Según la psicología, las personas que consultan la hora en su teléfono en lugar de usar un reloj pueden percibir las señales temporales de manera diferente

  • Ángel Pérez
  • Soy Ángel Pérez, periodista titulado por la Universidad Europea y con un máster de Periodismo Deportivo en la Universidad Villanueva.

Para muchos, conocer la hora es echar un vistazo a su muñeca. Para otros, es encender su teléfono y consultar la información digitalmente. La diferencia puede ser insignificante, pero la psicología asegura que el tiempo no se experimenta simplemente leyendo un número en un reloj. El tiempo es más de lo que marca el reloj.

La diferencia se encuentra en lo que ocurre alrededor de la hora. Un reloj tradicional tiene la función de mostrarla; solo hay que mirarla, obtener el dato y continuar con lo que se estaba haciendo. Pero el teléfono móvil nos da notificaciones, mensajes, correos electrónicos o alertas de aplicaciones, que pueden cambiar rápidamente nuestra intención inicial y que se está convirtiendo en una acción automática.

Eso no significa que los móviles distorsionen nuestra percepción del tiempo, sino en la información que aparece. Una de las teorías para estudiar esto es el llamado modelo de puerta atencional. En ella, se plantea que cuando una persona presta atención conscientemente al paso del tiempo, su sistema cognitivo dispone de más información temporal, algo que ocurre habitualmente.

Según la psicología, las personas que consultan la hora en su teléfono en lugar de usar un reloj pueden percibir las señales temporales de manera diferente (Adobe).

Señal horaria

La psicología reconoce la importancia de las señales temporales externas. Las personas suelen usar relojes, alarmas, horarios, calendarios y otras señales ambientales para coordinar su comportamiento. Según la psicología, los usuarios de teléfonos móviles pueden experimentar el tiempo en momentos más fragmentados, mientras que una persona que usa reloj tiene acceso continuo a la hora. 

Otro componente que influye y es la costumbre. Una persona que nunca utiliza reloj puede desarrollar con los años una respuesta prácticamente automática, mirando el teléfono. El problema que nace con esto es la variedad de activiades alternativas que ofrece el teléfono. Por tanto, lo que cambia no es la hora o el reloj, es la señal que recibe el cerebro, el contexto que la rodea y la atención que estamos dispuestos a dedicarle.