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Albañilería

Santiago, albañil de 22 años trabajando en España: «Es un oficio bien pagado, pero la mayoría prefiere trabajar en una oficina»

Hay oficios que se heredan entre generaciones y Santiago Carpintero es un ejemplo de ello. Hijo de albañil, recogió de la figura de su padre la pasión por la obra y el valor del esfuerzo. En un momento en el que cada vez menos jóvenes apuestan por la construcción como su oficio, él nunca dudó: «Desde pequeño iba con mi padre; más que ayudar, estorbaba un poco, pero me encantaba».

En su etapa estudiantil, optó por un grado medio de telecomunicaciones, sin mucho éxito al darse cuenta de que lo suyo era la albañilería. Tras más de cinco años trabajando en el sector, confesó para La Vanguardia que lleva «toda la vida en la obra». Desde hace tres años combina su profesión con la creación de contenido a través de su cuenta El albañil del TikTok, donde explica su día a día y da consejos para que la gente pueda realizar pequeñas obras caseras.

En dicha entrevista, habló sobre su experiencia, las dificultades que supone ser autónomo y el futuro de un oficio clave que, no obstante, no tiene tirón entre la juventud actual.

Sobre sus redes y el rechazo de los jóvenes

«Fue por casualidad. Un día hice un plato de ducha de piedra con mi padre y decidí grabarlo sin ninguna intención. Al día siguiente, el vídeo tenía dos mil visitas y me sorprendió. Así empecé, subiendo contenido poco a poco, y desde entonces no he parado», expresó acerca de cómo comenzó a publicar vídeos.

«No sé quién va a seguir construyendo las casas: no se van a levantar con robots ni con inteligencia artificial»

En relación a por qué los jóvenes no quieren dedicarse a la albañilería, Carpintero lo tiene claro: «Porque ahora todo el mundo quiere estudiar y tener un trabajo cómodo. No quieren ensuciarse las manos. Aunque se paga bien, prefieren estar en una oficina con aire acondicionado. El día de mañana va a hacer mucha falta mano de obra, y no la vamos a tener. No sé quién va a seguir construyendo las casas: no se van a levantar con robots ni con inteligencia artificial. Siempre hará falta gente que las construya con sus propias manos. Es un oficio para toda la vida».

Cómo ve su trabajo y las complicaciones que conlleva

Con respecto a lo que más le gusta de su oficio, el albañil aseguró: «Tratar con los clientes y ganarme su confianza. Es muy satisfactorio cuando terminas una obra desde cero y le entregas las llaves al cliente sabiendo que lo has hecho tú con tus propias manos».

Pero lo más complicado es «el calor del verano, sin duda. A las tres de la tarde no hay un alma en la calle y nosotros seguimos ahí. Y en invierno, el frío, porque trabajamos al aire libre», afirmó Carpintero, aunque declaró que «está bien pagado. Un oficial puede tener una buena nómina y, además, sentir la satisfacción de ver lo que ha hecho con sus propias manos. En el futuro, la construcción se va a valorar todavía más, porque cada vez hay menos gente que se dedique a esto. Un peón puede ganar entre 1.500 y 1.600 euros al mes, y un oficial entre 1.800 y 2.000».

«Lo más complicado de ser autónomo es que en lugar de trabajar para vivir, vivimos para trabajar y para pagar»

Sobre lo más difícil de ser autónomo, Carpintero admitió que «en lugar de trabajar para vivir, vivimos para trabajar y para pagar. Ese es el problema: nos tienen ahogados. No recibimos ninguna ayuda, y no me refiero solo al dinero, sino a facilidades. Tienes que buscarte un buen gestor, y si él se equivoca, el que paga las consecuencias eres tú. Me gustaría que dieran más apoyo a los autónomos, no solo de la construcción, también de la fontanería, la electricidad o la carpintería. No tenemos respaldo por ningún lado, solo trabas».