¿De qué manera funciona la silla eléctrica?
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Mientras Thomas Alva Edison inventaba la bombilla incandescente, no se le pasaba por la cabeza que uno de los hombres que trabajaba para él, Harold P. Brown, estaba desarrollando el sistema de ejecución por silla eléctrica. La intención de buscar un nuevo método era, principalmente, obtener una ejecución más eficaz que el ahorcamiento.
A pesar de lo atroz de su concepción, desde hace casi 120 años se ha empleado sin pausa para «freír» -literalmente- a seres humanos. Vamos a repasar primero su historia, pues es bastante rica en hechos curiosos.
Un instrumento ‘más humano’ para matar
Harold P. Brown fue contratado para desarrollar un sistema de electrocución para ejecutar reos. Su convocatoria se debía a la búsqueda en 1886 de un sistema de ejecución más humano que el que, hasta entonces, se venía utilizando: la horca.
Sin embargo, la elección de su sistema eléctrico basado en la corriente continua para semejante fin podría afectar negativamente a la imagen de Edison y su compañía. Difícilmente iban a querer los consumidores tener en casa el mismo tipo de corriente que mataba personas. Por ello, Edison instó a Brown a desarrollar un sistema de electrocución basado en la corriente alterna, la impulsada por su gran rival en la lucha de las corrientes: Nikola Tesla.
Demonizando a la competencia
El gran empeño de Harold Brown pasó a ser entonces demostrar que la corriente alterna era la más adecuada a las ejecuciones y no la continua. La compañía de Edison, de esta forma, podría mantener pulcra la imagen de su producto mientras se beneficiaba de la invención del artefacto.
Durante 1888, en el laboratorio de Edison, Brown «ejecutó» durante las pruebas de su prototipo a varios animales. Entre ellos un elefante de circo llamado Topsy. Algunas de estas pruebas se realizaron ante la prensa. El contexto de la tecnológica «guerra de las corrientes» explica tanto empeño. Fue sólo entonces cuando se acuñó el término «electrocución».
¿Cómo funciona la silla eléctrica?
El funcionamiento de la silla eléctrica es bastante fácil de explicar. El condenado se ata a una silla hecha de material aislante, y se le coloca un electrodo en la cabeza y otro en una de sus piernas. Cuando todo está dispuesto, se aplican dos choques eléctricos a lo largo de “varios minutos”, ya que el tiempo exacto de la ejecución varía de una persona a otra.
La tensión inicial es de más o menos 2.000 voltios y sirve para romper la resistencia de la piel y -con un poco de suerte- causar la inconsciencia. Después, se baja el voltaje hasta unos 440 voltios para evitar que el prisionero -literalmente- se queme.
El cuerpo del condenado alcanza temperaturas del orden de los 60 °C. Como es de imaginar, la muerte llega por el daño que provoca el flujo de la corriente eléctrica en los órganos internos.
¿Qué estados que mantienen su uso?
En la actualidad, los estados norteamericanos de Alabama, Arkansas, Kentucky, Virginia, Tennessee, Florida y Carolina del Sur mantienen la silla eléctrica como opción voluntaria del reo o -caso de Illinois y Oklahoma- en reserva por si la inyección fuera declarada inconstitucional.
El último que se sentó en ella fue James Earl Reed, el 20 de junio de 2008. Fuera de EE UU, sólo Filipinas ha empleado la electricidad para hacer efectiva la pena capital, entre 1924 y 1976.
Podemos encontrar más curiosidades acerca del funcionamiento y uso de la silla eléctrica visitando este artículo.
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