La psicología explica por qué a las personas que crecieron en las décadas de 1960 y 1970 les cuesta tanto pedir ayuda
En muchos hogares no se hablaba de emociones, la salud mental ni siquiera formaba parte de la conversación y los amigos eran la psicoterapia
La planta frutal que no solo decora: también absorbe calor y produce oxígeno a montones para convertir tu balcón en un vergel en verano
Los expertos en limpieza lo avalan: para lavar las sábanas el vinagre y bicarbonato son lo mejor, pero si son blancas "hay algo mejor"
La psicología concluye que las personas que caminan con las manos hacia la espalda no es por bienestar, sino por reflexión y calma
Los que nacieron en las décadas de 1960 y 1970 crecieron con el bocadillo de chocolate para merendar, el vino quina como ‘remedio’ para prevenir resfriados, los braseros de picón, el Un, dos, tres y las tardes enteras jugando en la calle. Pero también con muchas dificultades que durante años pasaron desapercibidas y que hoy, con más perspectiva, ayudan a explicar algunos rasgos emocionales muy presentes en quienes ahora son adultos.
Aquella generación creció en una España muy distinta, marcada por la incertidumbre política, la austeridad y una educación mucho más rígida. En muchos hogares no se hablaba de emociones, la salud mental ni siquiera formaba parte de la conversación y los amigos eran la psicoterapia. La idea, pese a todo, era seguir adelante.
Ahora, décadas después, la psicología empieza a señalar que muchas personas de esa generación desarrollaron una enorme capacidad de resistencia, pero también una gran dificultad para mostrarse vulnerables o reconocer que necesitan apoyo.
Una generación marcada por la autosuficiencia
Los expertos coinciden en que quienes crecieron en los años 60 y 70 aprendieron desde muy pequeños a resolver problemas por sí solos. Las caídas, los conflictos y las frustraciones formaban parte del día a día y rara vez había una intervención constante de los adultos.
Muchos niños volvían solos del colegio, pasaban horas en la calle y aprendían a manejar discusiones, aburrimiento o pequeños accidentes sin supervisión. La independencia no era una elección educativa moderna, sino una necesidad derivada del contexto social de la época.
Ese aprendizaje constante acabó moldeando una personalidad basada en la resistencia y la autosuficiencia.
Cuando pedir ayuda se interpreta como debilidad
La psicología explica que crecer en entornos donde las emociones apenas se expresaban deja huella durante décadas. Muchas personas de esta generación interiorizaron la idea de que mostrar fragilidad era algo negativo.
En aquel momento, frases como “no te quejes”, “hay que apechugar” o “la vida es así” formaban parte de la educación cotidiana. El problema es que esa mentalidad también enseñó a gestionar el sufrimiento en silencio.
Por eso, hoy muchas personas de entre 50 y 70 años siguen teniendo dificultades para compartir preocupaciones, acudir a terapia o reconocer que no pueden con todo.
La resiliencia también tiene un precio emocional
Los especialistas señalan que esta fortaleza emocional surgió muchas veces por necesidad y no por una crianza especialmente saludable. La falta de recursos emocionales obligó a desarrollar mecanismos de adaptación muy eficaces, pero también generó ciertas barreras afectivas.
Diversos estudios psicológicos indican que las adversidades en la infancia pueden influir en la forma de relacionarse y gestionar las emociones durante toda la vida. Quienes crecieron acostumbrados a resolverlo todo solos suelen tener más dificultades para delegar, confiar plenamente en otros o pedir apoyo cuando atraviesan momentos complicados.
Crecer en otra España cambió su manera de entender la vida
La infancia de los años 60 y 70 estuvo profundamente condicionada por el contexto histórico. Muchas familias todavía arrastraban las consecuencias económicas y emocionales de la posguerra y educaban desde la prudencia, el sacrificio y el miedo a la incertidumbre.
Los errores tenían consecuencias claras y pocas veces iban acompañados de explicaciones emocionales. Si algo salía mal, tocaba asumirlo y seguir adelante.
Esa forma de crecer ayudó a desarrollar tolerancia a la frustración y capacidad de adaptación, pero también consolidó una cultura donde expresar debilidad quedaba relegado a un segundo plano.
El reto actual: aprender a ser vulnerables
La psicología insiste en que ser fuerte no significa tener que soportarlo todo en silencio. De hecho, muchos especialistas consideran que uno de los grandes desafíos emocionales de esta generación pasa precisamente por permitirse pedir ayuda.
Reconocer el cansancio, compartir preocupaciones o acudir a apoyo psicológico no elimina la fortaleza adquirida durante años. Al contrario, puede ayudar a vivir con menos carga emocional y más bienestar.
Porque muchas personas que crecieron en los 60 y 70 aprendieron perfectamente a sobrevivir. Lo que ahora intentan aprender es algo distinto: vivir sin sentir que tienen que cargar siempre con todo solos.
Lo último en Curiosidades
-
La reflexión de Gonzalo Bernardos sobre la vivienda que aplaude media España: «La mayoría considera que el piso es suyo por llevar muchos años de alquiler»
-
Después de 4.300 años una montaña turca de 157 metros podría sacar a la luz el verdadero paradero del Arca de Noé
-
Joan Manuel Serrat, cantautor español (82 años), sobre su jubilación: «El éxito fue hermoso, pero la libertad de elegir qué hago con mi tarde es, posiblemente, el mayor premio de mi carrera»
-
Las chinches de cama llegan en otoño, pero podemos mantenerlas alejadas con algunos métodos caseros y sencillos
-
Federico García Lorca, poeta: «Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro»
Últimas noticias
-
Sánchez se ríe del Congreso: no asiste al control por una «reunión preparatoria» de su encuentro con Macron
-
Así queda la clasificación del grupo de España en la Liga de Naciones tras su victoria contra Croacia
-
Sevilla fue un clamor: “¡Ceuta no se vende, Ceuta se defiende!”
-
Resultado de España – Croacia: resumen online, goles y cómo ha quedado el partido de la UEFA Nations League (4-1)
-
Lamine ilumina a España