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Psicología

La psicología dice que las personas nacidas entre 1951 y 1971 sienten fatiga ante los cambios constantes de hoy, pero tienen una ventaja: valoran como nadie el trabajo a largo plazo

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Las personas nacidas aproximadamente entre 1951 y 1971 han vivido transformaciones enormes. Empezando con la expansión de la televisión y los cambios sociales de la segunda mitad del siglo XX hasta la llegada de internet, los teléfonos inteligentes y una sociedad en la que las novedades tecnológicas se suceden constantemente. Diversos trabajos de psicología del envejecimiento muestran que la edad puede influir en la forma de establecer objetivos, gestionar los cambios y decidir dónde merece la pena invertir tiempo y esfuerzo. Una de sus grandes ventajas es la experiencia acumulada, que puede favorecer una visión más selectiva y orientada hacia aquello que consideran realmente importante.

Una generación acostumbrada a esperar

Quienes hoy se encuentran entre los 55 y los 75 años crecieron en contextos muy diferentes a los actuales. La tecnología avanzaba a un ritmo mucho más lento y muchos procesos cotidianos requerían paciencia, como realizar una llamada, conseguir determinada información, revelar fotografías o esperar durante semanas para resolver determinadas gestiones.

Esto no significa que toda una generación comparta exactamente la misma personalidad, pero sí ayuda a comprender por qué la cultura y las experiencias acumuladas pueden influir en los hábitos y expectativas. Estudios sobre el envejecimiento y motivación muestran que las prioridades pueden cambiar con la edad y que las personas mayores tienden a seleccionar de manera más cuidadosa los objetivos en los que desean concentrar sus recursos.

Menos necesidad de perseguirlo todo

Con el paso de los años también puede producirse una transformación de las prioridades. Las investigaciones sobre desarrollo durante el ciclo vital señalan que las personas mayores ajustan sus objetivos para responder a los cambios físicos, sociales y ambientales propios de esta etapa. En lugar de intentar mantener exactamente las mismas metas durante toda la vida, pueden seleccionar aquellas que consideran más valiosas y abandonar otras.

Esta capacidad de selección puede convertirse en una ventaja. No se trata de hacer menos por falta de energía o ambición, sino de concentrar los esfuerzos allí donde tienen mayor sentido. Saber qué merece la pena mantener y qué puede dejarse atrás también es una forma de experiencia.

No todo depende de la generación

La investigación científica, sin embargo, obliga a introducir una precisión importante. No existe una característica psicológica que permita afirmar que todas las personas nacidas entre 1951 y 1971 son pacientes, resistentes al cambio o más trabajadoras que las generaciones posteriores.

Los estudios sobre envejecimiento destacan precisamente la enorme diversidad individual. La personalidad, la educación, la situación económica, el trabajo, la salud, las experiencias vitales y el entorno influyen en la manera en que cada persona afronta los cambios. Por eso, hablar de tendencias generacionales no significa convertirlas en reglas universales.