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Ni el huevo ni la patata: el sencillo truco de los cocineros vascos para que la ensaladilla rusa quede perfecta

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La ensaladilla rusa es uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía española, presente en casi cualquier barra de bar desde San Sebastián hasta Cádiz.

A pesar de su aparente sencillez, lograr la textura y el sabor que distingan las mejores versiones requieren precisión. Los chefs vascos revelan que el secreto del éxito reside en un detalle técnico inesperado.

La técnica de los cocineros vascos para lograr la ensaladilla rusa ideal

Lograr una ensaladilla memorable no depende de agregar ingredientes exóticos, sino de respetar el equilibrio y la frescura de los elementos tradicionales. Curiosamente, fue un chef francés quien creó este plato en la Rusia del siglo XIX: Lucien Olivier.

Los grandes nombres de la cocina vasca, como Martín Berasategui o los hermanos Arguiñano, coinciden en que la diferencia radica en la ejecución de los detalles más básicos.

El consenso entre los profesionales resulta claro. El gran error no reside en la elección de la patata o el punto de cocción del huevo, sino en la gestión de las grasas y la calidad de la salsa.

Para estos expertos, tratar la ensaladilla como una mezcla desordenada condena el plato al fracaso. La clave consiste en verla como una composición de sabores donde cada ingrediente debe aportar el suyo sin enmascarar el de los demás.

¿Cuál es el error más común al preparar este plato tradicional?

Eva Arguiñano identifica un fallo recurrente que arruina la mayoría de las ensaladillas caseras: el manejo del atún en conservación. Según explica el chef vasca, la clave reside en el atún y en su tratamiento específico antes de integrarlo en la receta.

El error fundamental que cometemos habitualmente consiste en verter el contenido de la lata directamente, dejando parte del aceite en la mezcla final. Este exceso de grasa de la conserva altera la estructura de la mayonesa y vuelve el conjunto demasiado denso y pesado.

En lugar de un plato fresco, obtenemos una masa aceitosa que satura el paladar rápidamente. Arguiñano recomienda escurrir el atún de forma exhaustiva, presionándolo firmemente con un tenedor contra el colador para extraer todo el líquido antes de desmigarlo.

Este pequeño gesto cambia radicalmente la textura y permite que la mayonesa mantenga su ligereza original.

Mayonesa casera y trucos gourmet para marcar la diferencia en la ensaladilla rusa

El segundo pilar para alcanzar la excelencia según la escuela vasca exige la renuncia absoluta a las salsas industriales. Los cocineros insisten en que no hacer una mayonesa casera supone sacrificar el alma del plato.

La elaboración propia permite ajustar la acidez y la densidad, adaptándola perfectamente al resto de los ingredientes. Además de la frescura, la mayonesa ofrece un lienzo para la creatividad. Martín Berasategui, por ejemplo, sugiere incorporar matices como la mostaza para potenciar el sabor de la emulsión.

Por otro lado, el chef malagueño Dani García apuesta por añadir unas gotas de vinagre de las piparras, lo que introduce una nota ácida elegante que equilibra la grasa del huevo.

Los expertos también advierten contra el abuso de la cantidad de salsa. Una ensaladilla nunca debe nadar en mayonesa. El objetivo busca que la salsa ligue los ingredientes de forma equilibrada, permitiendo que el comensal identifique visual y gustativamente la patata, el huevo y el atún.