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España

Mientras España lleva años luchando contra el calor, ahora Europa se fija en un invento de ingeniería que trajeron los árabes y sigue siendo la mejor solución

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Las persianas tienen una larga historia que ha acompañado la evolución de la arquitectura y la cultura en España. Desde sus orígenes en las antiguas civilizaciones hasta su incorporación en las construcciones actuales, han desempeñado una función práctica al tiempo que reflejan los estilos, las necesidades y las tendencias de cada periodo histórico.

Los primeros antecedentes de las persianas se sitúan en las antiguas civilizaciones de Oriente Próximo, donde se utilizaban para proteger los espacios interiores del calor, controlar la entrada de luz y preservar la privacidad. En España, su desarrollo adquirió especial relevancia durante la influencia andalusí, incorporando diseños inspirados en la tradición islámica y materiales como la madera y otros elementos naturales adaptados al clima mediterráneo.

Historia de la persiana en España

Los sistemas de protección solar tienen una larga tradición en la Península Ibérica. Durante la época romana se utilizaban soluciones como contraventanas de madera, toldos de tela y otros elementos que reducían la incidencia del sol y favorecer la ventilación de las viviendas. Con la llegada de la cultura andalusí, estas soluciones evolucionaron gracias a nuevas técnicas constructivas y al uso de celosías de madera, las cuales permitían filtrar la luz, favorecer la circulación del aire y preservar la privacidad, convirtiéndose en una importante influencia para la arquitectura mediterránea.

Durante la Edad Media, las persianas se fabricaban de forma artesanal con materiales naturales como la madera, el cuero y tejidos resistentes. Con el paso del tiempo, surgieron nuevas soluciones para controlar la luz y la temperatura en el interior de las viviendas, como los estores de tela. En el siglo XIX, coincidiendo con el desarrollo industrial, aparecieron  las primeras persianas enrollables de madera, que posteriormente evolucionaron con la incorporación del acero, el aluminio y, ya en el siglo XX, el PVC.

Comparación con otros países

¿Por qué las persianas son tan comunes en España? La holandesa Caroline Jurgens explica que, desde su punto de vista, «parece que los españoles tengan miedo a la luz». Sin embargo, considera que la verdadera explicación es cultural. Según afirma, en España todavía permanecen muy presentes costumbres heredadas de la influencia árabe, donde la vivienda se concibe como un espacio orientado hacia el interior. De ahí la importancia de los patios, las celosías y la búsqueda de privacidad dentro del hogar.

Esta manera de entender la casa contrasta con la de muchos países del norte de Europa, marcados por la tradición protestante y el calvinismo. En estos lugares es habitual mantener las cortinas abiertas o incluso prescindir de persianas, como una forma de transmitir transparencia y mostrar que no hay nada que ocultar, tal y como explica Jurgens en una entrevista concedida a El País.

Por su parte, el sociólogo Juan Carlos Barajas, autor del portal Sociología Divertida, sostiene que en España existe una gran vida social en el espacio público y una mayor relación con los vecinos. Esa cercanía despierta curiosidad por la vida de los demás, mientras que, al mismo tiempo, se intenta proteger la intimidad propia mediante elementos como persianas y cortinas. Asimismo, estos recursos permiten separar el ámbito privado del exterior, ofreciendo a las personas la posibilidad de disfrutar de su hogar sin sentirse observadas por quienes viven alrededor.

En definitiva, la presencia generalizada de persianas en España se puede explicar por una serie de factores:

Asimismo, el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático ha impulsado el interés por las persianas en países como Alemania, Francia o el Reino Unido. En el conjunto de Europa, junio de 2026 fue el segundo mes de junio más cálido desde que existen registros, según el Servicio de Cambio Climático Copernicus. Este episodio estuvo marcado por un intenso «domo de calor», un sistema de alta presión que favoreció la persistencia de temperaturas excepcionalmente elevadas durante varios días. La temperatura media alcanzó los 19,14 °C, situándose únicamente por detrás del récord registrado en 2019.

La situación fue especialmente extrema en Europa occidental, donde se batieron todos los registros anteriores. La región alcanzó una temperatura media de 20,74 °C, lo que supone 3,05 °C por encima de la media climática del periodo 1991-2020. En el caso de Alemania, se registraron temperaturas de hasta 41,7 °C, y las consecuencias fueron especialmente graves para la salud pública. Según el informe semanal sobre mortalidad relacionada con el calor del Instituto Robert Koch (RKI), publicado ese mismo mes, las altas temperaturas provocaron más de 4.300 muertes del 22 al 28 de junio: 260 tenían menos de 65 años, 470 tenían entre 65 y 74 años, 1.130 entre 75 y 84 años y 2.450 eran mayores de 85 años.