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Reflexión

Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura colombiano: «Las novelas no empiezan como uno quiere, sino como ellas quieren»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Gabriel García Márquez nació el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, un pequeño municipio del Caribe colombiano, y es el escritor latinoamericano más leído del siglo XX. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1982 y murió en Ciudad de México el 17 de abril de 2014. Su obra abarca novelas, cuentos, crónicas periodísticas y un volumen de memorias que publicó en 2002.

«Las novelas no empiezan como uno quiere, sino como ellas quieren», es una frase que aparece en el libro de memorias, Vivir para contarla. García Márquez tenía 75 años cuando lo publicó y eligió el formato autobiográfico para contar los primeros treinta años de su vida: la infancia en Aracataca con sus abuelos, la adolescencia, la formación literaria y los años como periodista en El Espectador de Bogotá.

En ese trayecto hacia la escritura dejó anotada su reflexión sobre los comienzos de las novelas.

¿Qué quiso decir García Márquez con que las novelas no empiezan como uno quiere?

La frase del escritor describe una experiencia concreta del oficio. El punto de partida de una novela no depende de la voluntad del escritor. La narración tiene su propio punto de gravedad y, hasta que el escritor no lo encuentra, la novela no arranca.

García Márquez señalaba que intentar imponer un inicio a una historia que todavía no lo ha revelado puede producir páginas que no funcionan. La reflexión implica también que el escritor ocupa una posición más pasiva de lo que parece, ya que escucha antes de decidir.

Las novelas, en esa lectura, tienen una lógica interna que el escritor va descubriendo a medida que trabaja, no una que impone desde el principio. La frase condensa una visión del proceso creativo en la que la escritura no es solo voluntad, sino también espera.

¿En qué contexto escribió García Márquez esta frase en Vivir para contarla?

«Estas memorias son varios libros en uno solo. Una lúcida y apasionada historia de Colombia (desolador ensayo sobre nuestra tragedia política, y atroz balance de las frustraciones, heridas psíquicas, muerte y hambre que ha producido)», recoge el poeta, periodista y diplomático colombiano Juan Gustavo Cobo Borda para Letras Libres sobre Vivir para contarla.

El capítulo inicial sitúa al joven García Márquez leyendo a William Faulkner mientras acompaña a su madre a vender la casa familiar de Aracataca, la misma que décadas después se convertiría en el molde de Macondo. En el libro, García Márquez explica que rechazó la educación convencional por lo que llama «la vocación artística, la más misteriosa de todas». Ese camino fue largo y no siempre claro.

¿Por qué perdura esta reflexión de García Márquez sobre cómo empiezan las novelas?

La pregunta de cómo empieza una novela es una de las más persistentes en la literatura. Numerosos escritores han descrito el arranque como el momento más difícil del proceso.

García Márquez nombraba algo reconocible para cualquiera que haya intentado contar una historia: la sensación de que la narración tiene su propio punto de origen, independiente de la intención inicial del autor.

La frase ha perdurado también porque proviene de alguien cuya obra sostiene lo que dice. Cien años de soledad (1967), El amor en los tiempos del cólera (1985) y El coronel no tiene quien le escriba (1961) son novelas con arranques que parecen inevitables, puesto que son historias que uno siente que no podían haber comenzado de otra manera. La reflexión en Vivir para contarla ofrece una perspectiva sobre por qué esto es así.