Los fontaneros coinciden al 100%: «Si tienes tuberías exteriores, deberías usar un aislante térmico antes de que llegue el invierno para que evitar que el frío las dañe»
Puedes ahorrar cientos de euros en la factura de la luz con este sencillo gesto
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Si ves esta marca debajo del fregadero las plagas ya han llegado a tu casa
Con el invierno y el frío a la vuelta de la esquina, los profesionales de la fontanería vuelven a insistir en lo mismo: instalar un aislante térmico en las tuberías que discurren por el exterior de la vivienda. Se trata de una recomendación que repiten fontaneros locales y de todo el mundo, especialmente para quienes tienen tramos de tubería a la intemperie, en patios, terrazas o fachadas.
Claramente, el consejo no es nuevo, pero cada temporada se repite el mismo patrón. Viviendas que sufren roturas, inundaciones y facturas de reparación que podrían haberse evitado con una intervención sencilla y barata. Los expertos aseguran que el problema casi nunca está en la calidad de la tubería, sino en no haberla protegido a tiempo frente al frío.
¿Por qué un aislante térmico evita que el frío reviente las tuberías exteriores?
Cuando el agua se congela dentro de una tubería, no solo cambia de estado: también aumenta su volumen en torno a un 9%. Ese incremento, aparentemente pequeño, genera una presión interna que puede llegar a superar los 2.000 bares dentro de una tubería cerrada, muy por encima de lo que resisten materiales como el cobre, el PVC o incluso el acero galvanizado.
Por eso, cuando llega una helada fuerte, no hace falta que el hielo llegue a formarse en toda la tubería para que esta reviente. Basta con que se bloquee un tramo para que la presión se acumule y busque una salida.
En este sentido y como ya se anticipó al principio, las zonas más expuestas son las que discurren por el exterior sin calefacción alguna: patios, fachadas orientadas al norte, garajes o cámaras de aire, habituales en buena parte del interior peninsular durante el invierno.
Coquillas, espuma o lana de vidrio: los materiales que más usan los fontaneros
El aislante térmico más habitual para tuberías domésticas es la coquilla, un manguito tubular que se desliza directamente sobre el tubo y actúa como barrera frente al frío exterior.
Este puede fabricarse en espuma elastomérica, en polietileno expandido de celda cerrada o, para instalaciones más antiguas, en lana de fibra de vidrio recubierta con una tela protectora que evita que se moje con la lluvia.
Y desde luego, todos estos materiales cumplen la misma función: mantener la temperatura del agua por encima del punto de congelación el tiempo suficiente para que la helada nocturna no llegue a afectarla.
En las zonas con inviernos más duros, muchos fontaneros añaden además un cable calefactor autorregulable bajo la coquilla, pensado específicamente para los tramos de tubería con mayor riesgo de congelación.
Sobre precios e instalación: así se coloca un aislante térmico sin llamar a un profesional
La instalación de una coquilla no requiere grandes conocimientos técnicos. Se corta a medida, se desliza sobre el tramo de tubería expuesto y se sella con el propio adhesivo que incorpora en la ranura longitudinal o con cinta específica en las uniones entre piezas.
Todo el proceso se puede completar en una tarde, sin cortar el suministro de agua ni tocar la instalación interior.
El coste depende del diámetro de la tubería y del material elegido, pero en la mayoría de ferreterías se encuentra por apenas unos pocos euros el metro lineal, muy por debajo de lo que cuesta reparar una tubería reventada y el destrozo que suele acompañarla.
Por ejemplo, para una vivienda con dos o tres tramos exteriores, la inversión total rara vez supera los 30 o 40 euros.
Otras medidas que recomiendan los fontaneros antes de las heladas
Además del aislante térmico, los profesionales aconsejan aislar también los grifos exteriores y purgar el aire de las tuberías antes de la llegada del frío, ya que las bolsas de aire acumuladas pueden favorecer la formación de hielo en puntos concretos del circuito.
También recomiendan localizar la llave de paso general, por si hiciera falta cortar el agua con urgencia.
Por último, en las noches de helada más intensa, muchos fontaneros aconsejan además dejar correr un hilo fino de agua por el grifo más alejado de la entrada. El movimiento constante, por mínimo que sea, dificulta que el agua llegue a congelarse dentro de la tubería.
Es un gesto que apenas se nota en la factura y que, según los propios fontaneros, ha evitado más de una avería en plena madrugada.
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