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Byung-Chul Han, filósofo coreano: «La pausa sirve para que descansemos del trabajo y podamos seguir funcionando»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

La organización del tiempo en la actualidad ha transformado el descanso en un componente más del ciclo productivo. El filósofo Byung-Chul Han, en su obra La sociedad del cansancio, plantea una reflexión acerca de cómo la pausa ha perdido su valor intrínseco.

Según el autor coreano, el tiempo libre ya no constituye un espacio de libertad, sino una etapa de mantenimiento para que el cuerpo y la mente recuperen la capacidad de funcionar, siempre para estar al servicio del sistema.

Esta dinámica convierte al ser humano en una pieza de un engranaje que nunca se detiene. El ritmo de vida, hoy marcado por la hiperactividad, exige que cada pausa tenga una utilidad práctica. El descanso se vuelve entonces una inversión, ya que no se para para disfrutar del silencio, sino para reparar el organismo con el único fin de funcionar con la máxima eficiencia el día siguiente.

Byung-Chul Han y el simulacro de la pausa en la sociedad del rendimiento

¿Qué utilidad tiene el descanso en un sistema de autoexplotación? Para el filósofo, la pausa actual es un mero momento de reparación para no detener la maquina productiva.

En la sociedad del rendimiento, el sujeto no se detiene para contemplar, sino que hace un alto en el trabajo únicamente para evitar el colapso y así poder seguir funcionando, ya que para Han el descanso se ha vuelto funcional y ha perdido su carácter de tiempo sagrado.

Esta dinámica genera una fatiga que aísla al sujeto en su propio agotamiento. La pausa entendida como mantenimiento no «cura el alma», sino que simplemente pospone el infarto psíquico que provoca la presión por los logros. El individuo vive bajo la coacción de que su tiempo de inactividad debe ser productivo en términos de salud y bienestar para volver a rendir con la máxima eficiencia.

¿Por qué el trabajo ha colonizado el silencio?

La visión de Han, influenciada por la presión social en Corea del Sur, advierte que el silencio hoy se percibe como un vacío insoportable. En la era de la hiperactividad y las redes sociales, la verdadera pausa contemplativa resulta casi imposible de alcanzar porque se confunde el descanso con el mero entretenimiento.

El filósofo apunta que el sujeto moderno carece de la pedagogía del mirar, una mirada larga y pausada que permita una atención profunda.

El análisis de esta reflexión sugiere que, al eliminar la negatividad del «no hacer», el tiempo se acelera y se fragmenta, lo que imposibilita la experiencia de la duración y la calma. La meta de funcionar a toda costa anula la posibilidad de un cansancio que sea unión entre personas, para dar paso a un estrés que las divide.

«Tan solo a través de la negatividad propia del detenerse, el sujeto de acción es capaz de atravesar el espacio entero de la contingencia, el cual se sustrae de una mera actividad», escribe Han.

Ir en contra de la productividad y la recuperación del no hacer

Frente a la tiranía del rendimiento, surge la necesidad de reivindicar una fatiga que reconcilia. El sistema actual explota la voluntad del individuo de tal manera que este se siente culpable por su propio agotamiento. Esta pausa auténtica, que el autor define como un «tiempo de paz», permite desarmar la violencia neuronal y recuperar el asombro ante el mundo.

Al eliminar el espacio para el aburrimiento profundo, se pierde la capacidad creativa y la espiritualidad. Byung-Chul Han propone entonces recuperar el derecho a la inactividad y al uso de lo inutilizable. Porque hacer nada está bien.