Pon estos cuadros de gente feliz en tu casa y la vida será mejor (en serio)
La obra de Cristina Vázquez tiene diversos formatos y técnicas, pero todos tienen en común la alegría de estar en la playa y en la piscina, de vacaciones o de charla con los amigos.
Cuando volvemos de vacaciones siempre hay una quietud extraña a nuestro alrededor. Es una cosa extraña, ya que lo normal sería que sintiéramos que todo empieza a moverse de forma enloquecida. Y puede que sea verdad, que todo está alborotado, pero es que son los días y semanas tras el verano cuando pensamos con una sonrisa feliz aquella cena frente al mar o aquel día que estábamos en la playa o en la piscina leyendo un libro o departiendo animados.
En estos días, a mí me gusta pensar en esa gente a la que observo feliz con su traje de baño, quizá con algún kilo de más por el aperitivo después del Ángelus. Me gusta la gente que sonríe cuando, de repente, se acuerda de un momento feliz del verano; y por eso regalar obra de la artista Cristina Vázquez (Cáceres, 1973) es fantástico porque, entre otras cosas, nos recuerda que hemos sido felices un buen rato y no lo sabíamos.
Vázquez se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla hace 28 años. En este momento, esta pintora, comisaria e ilustradora acaba de cumplir 50 años y se dedica al 100% a su taller de pinturas de «gente feliz que no sabe que lo es en playas y piscinas».
El relato de su vida, dice, «es sencillo». Se licenció en la especialidad de Restauración y Conservación de Obras de Arte y comenzó a trabajar como restauradora en varias instituciones de Sevilla como el Museo de Artes y Costumbres Populares, el Museo de Bellas Artes e Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, entre otros. «También comisario exposiciones, hago actividades de catalogación e, incluso, ilustro libros», apunta la pintora.
Destaca también que la pintura «siempre la he llevado en paralelo hasta que, a raíz de la pandemia, comencé a dedicarme al 100% a pintar. Y así hasta hoy».
Las obras de Vázquez representan, básicamente, «a gente feliz en playas, pero que no sabe que lo es en ese momento. Podemos decir que pinto instantes. Y es que en la playa todo el mundo está feliz». Algunas de ellas, llenas de gente en miniatura a la que el ojo del espectador observa desde la lejanía y con visión aérea, recuerdan obligatoriamente al estilo de Juan Genovés.
También sus pinturas traen a la mente a David Hockney, quien pintaría en California su obra maestra A Bigger Splash en 1967.
«Considero que el arte hace más llevadera la vida»
Vázquez trabaja por encargo, «a partir de cuadros que ya he pintado y vendido». Combina la pintura que sale de su cabeza, lo que se le ocurre con aquella que le encargan: «Hay quienes compran lo que ya tengo hecho, mientras que otras personas me hacen encargos particulares con las medidas que quieren. Yo les asesoro y llevo de la mano en todo el proceso».
Subraya que «la gente compra con ilusión los cuadros, ya que no es algo imprescindibles en sus vidas, pero alimenta el alma y yo tengo el deber de mantener esa ilusión de principio a fin».
Confiesa, además, que con el tiempo «me gusta escribirles y preguntarles cómo se sienten con el cuadro en casa. Considero que el arte hace más llevadera la vida».
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