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El payaso español que inspiró a Charles Chaplin: la trágica historia de Marcelino Orbés

el genio aragonés fue un pionero de la disciplina que compartió escenario con el mismísimo Chaplin

El cine mudo borró su influencia de la historia

Llegar en el momento preciso es a veces incluso mejor que ser el primero en algo. Por eso, el cine y la cultura popular tienen más presente la figura de Chaplin, casi medio siglo después de su muerte, que la del hombre que influyó directamente en la creación del personaje más conocido del intérprete y cineasta británico. Porque para que Charlot pudiese caminar, el payaso aragonés Marcelino Orbés tuvo que correr, triunfar y caer en el olvido de la historia.

Isidro Marcelino Orbés Casanova nació el 15 de mayo de 1873 dentro del seno de una familia humilde en Jaca, Huesca. En la España golpeada por el hambre, fascinado desde niño por los artistas ambulantes, se marchó de casa con una compañía circense nómada: la troupe de Los Martini. Primero comenzó ordenando las sillas de los espectadores, pero los jefes del circo vieron en él unas grandes condiciones físicas y empezaron a entrenarlo. Orbés terminó dominando disciplinas diferentes y fue trapecista, acróbata y domador de animales, viajando por toda España.

Marcelino Orbés y Charles Chaplin (United Artists).

No obstante, su éxito internacional llegaría tras el fallecimiento del patriarca de los Martini y la separación de la compañía. A finales del siglo XIX, Orbés da el salto a la Europa Central y, tras viajar por Francia, Alemania y Holanda, un prestigioso cazatalentos lo descubre en Reino Unido. El acróbata dio paso a Augusto, el payaso torpe y amable que no hablaba y cuyo humor, partía completamente de la mímica corporal perfecta y de un slapstick todavía primitivo. Aquel joven concibió la idea del bufón melancólico y terminaría convirtiéndose en el nombre más grande del espectáculo mundial de su momento: más de dos millones de espectadores terminarían abarrotando sus funciones cada año.

Un referente para Chaplin y Buster Keaton: Marcelino Orbés era el mejor payaso del mundo

Asumiendo ya el rol de Marceline, Orbés dominó el mundo del espectáculo desde 1900 al 1914 y el destino le llevó a ser una especie de maestro involuntario para un joven Charles Chaplin de apenas once años.

En los escenarios de Londres, Chaplin participaba en una pantomima navideña llamada ‘La Cenicienta’, asumiendo el papel de un gato que debía hacer tropezar constantemente a Marcelino. El humor de la obra era estrictamente visual y, a través de su carácter taciturno y nostálgico, el artista español terminó despertando la simpatía y la ternura del gran público. Años después, el director de El chico (1921) lo reconocería como una influencia directa innegable.

Marcelino Orbés.

De hecho, en sus propias memorias, Chaplin explicaba con admiración el recuerdo de su mentor artístico: «El número de Marceline era divertido, encantador. Londres estaba un poco loco con él». Otro de los ídolos de la comedia física, Buster Keaton, aseguró que Orbés era «el mejor payaso» que había visto nunca.

La cima de la fama llegó en 1905, cuando unos productores de Broadway lo convirtieron en el artista mejor pagado del planeta, firmando un contrato irrenunciable para actuar en el New York Hippodrome.

Es entonces cuando lo que supone una oportunidad para Chaplin y Keaton se convierte en una condena para Orbés, el cual no supo adaptarse a los nuevos tiempos ni a la masificación del cine. En poco más de una década, los espectadores se olvidaron de él y, tras una serie de erráticos negocios financieros, se arruinó.

Marcelino, el mejor payaso del mundo (RTVE Play).

La historia detrás de la relevancia e influencia del payaso Marceline fue descubierta primero por Mariano García y su vida y paso por los escenarios puede apreciarse en el documental Marcelino, el mejor payaso del mundo, donde Pepe Viyuela encarna a Orbés.

La inspiración directa para ‘Candilejas’, la obra maestra de Chaplin

Buster Keaton y Charles Chaplin en ‘Candilejas’ (Universal Pictures)

Para sobrevivir, Marcelino tuvo que volver a aceptar trabajar con condiciones humillantes, siendo un payaso más del circo de los Ringling Brothers. Chaplin le hizo una visita a su camerino y terminó sobrepasado al verlo relegado a un segundo plano. Según contaba su pupilo, debajo del maquillaje el español «estaba sufriendo un melancólico letargo».

Una buena parte de los historiadores del mundo del cine explican que ese encuentro influyó directamente en Chaplin para su obra maestra, Candilejas (1952). Una historia que narra la decadencia de Calvero, un viejo cómico en horas bajas.

Con una profunda depresión a cuestas y viviendo casi en la indigencia, Orbés se encerró el 5 de noviembre de 1927 en una modesta habitación del Hotel Mansfield de Manhattan. Abrió su maleta, esparció los viejos recortes de periódicos de la época en la que el público lo adoraba. Con un simple reloj de plata roto y seis dólares en su bolsillo, terminó quitándose la vida de un disparo en la cabeza.