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‘Anatomía de’ revive la leyenda negra de la muerte de Alfonso de Borbón y el anhelo de su hijo al trono de Francia

La muerte de Alfonso de Borbón en un accidente de esquí en extrañas circunstancias despertó teorías conspiranoicas

Su hijo, Luis Alfonso de Borbón, se presenta como "legítimo heredero" al trono de Francia

«La rivalidad entre Juan Carlos I y Alfonso de Borbón era una tragedia de Shakespeare. Cualquiera de los dos podría haber sido Rey». Son palabras de Pilar Eyre, experta en realeza, en Anatomía de (laSexta), que ha rescatado en su último programa la leyenda negra de la muerte del ex marido de Carmen Martínez-Bordiú y las aspiraciones del hijo de ambos, Luis Alfonso de Borbón, al trono de Francia, aun sabiendo que los galos guillotinaron a Luis XVI.

La muerte de Alfonso de Borbón en un accidente de esquí en Colorado fue una desgracia que despertó teorías conspiranoicas desde un principio por las extrañas circunstancias en las que se produjeron los hechos. «Encontrar la muerte en un accidente de esquí es extrañísimo, a no ser que sea un accidente de un corredor profesional. Pero, ¿un visitante o turista en esas circunstancias? Es rarísimo», relata Matías Prats. El periodista se encontraba en el lugar del accidente cubriendo la Copa del Mundo de esquí, que pasó a un segundo plano con la muerte del Duque de Cádiz.

«Había ganas de manchar a Juan Carlos. Decían que se había cargado a su primo, que lo había querido guillotinar como a los reyes franceses, pero nadie se lo tomó en serio», recuerda Pilar Eyre.

Antes de esquiar en compañía de su amigo Toni Sailer, esquiador austríaco con tres medallas de oro olímpicas, y su mujer, el deportista recorrió la pista de Beaver Creek para comprobar que era seguro recorrerla, y no vio nada que supusiera un problema, ni siquiera obstáculos meteorológicos. Eran las 15:00 horas y en la línea de meta se estaba instalando la pancarta con la palabra finish.

«El cable de acero estaba en una situación que era imposible de sortear», detalla Matías Prats. La primera versión fue que Luis Alfonso de Borbón había muerto degollado en el descenso, al chocar con el cable, pero no fue exactamente así: «El cable le golpeó en el mono de esquí, resbaló e hizo tope en el cuello. Le hizo una herida profunda y le partió la base del cráneo». Alfonso de Borbón cayó herido de muerte el 30 de enero de 1989, a los 52 años.

Cuando Matías Prats llegó a la meta de la pista, donde murió el Duque de Cádiz, ya no quedaba «rastro de que allí había fallecido alguien, salvo un vestigio de sangre en la nieve». El cable ya estaba colocado a la altura correspondiente, y el ayudante del sheriff impidió que los periodistas siguieran filmando. El cuerpo llegó a España en menos de 48 horas, una «repatriación en tiempo récord» que alimentó las teorías conspiranoicas, aunque se entiende que se «priorizó» por tratarse del primo del Rey, según apunta el periodista.

Sin embargo, la leyenda negra siguió inflándose: el empleado que manipuló el cable, Daniel Conway, desapareció del mapa; la radio hablaba de la muerte de Alfonso de Borbón como «atentado» y había titulares que se referían a él como «el último Borbón guillotinado». Todo acabó con una demanda por negligencia a la estación de esquí, que indemnizó a Luis Alfonso de Borbón, su único hijo vivo.

Luis Alfonso de Borbón heredó las aspiraciones de su padre al trono de Francia. Antes, el Duque de Cádiz ya había mostrado sus anhelos de ocupar el de España como nieto de Alfonso XIII y pariente de Franco, tras casarse con la nieta mayor del dictador, Carmen Martínez-Bordiú en una ceremonia más propia de una boda real. Según los periodistas, Carmen Polo (mujer de Franco) y el marqués de Villaverde (yerno del dictador) eran los principales aliados del Duque de Cádiz en esas ilusiones. Mucha gente empezó a ver en Alfonso de Borbón a un heredero con opciones.

Sin embargo, Alfonso de Borbón no tenía apoyo entre la aristocracia, únicamente entre los falangistas, que temían que Juan Carlos siguiera el camino de la democracia, según las declaraciones recogidas en Anatomía de. Franco no le cortaba las alas a Alfonso de Borbón por una única razón, apunta el historiador Eduardo Juárez: mantener su presencia era una «amenaza», una manera de recordarle a Juan Carlos que no tenía asegurada la corona, para que no se la devolviera «al odiado don Juan», padre del Rey emérito.

Siendo príncipe, Juan Carlos fue objeto de «muchos desprecios» por parte del marqués de Villaverde, señala Pilar Eyre. «En una ocasión, se dirigió al servicio y dijo ‘Sírvale un whisky a su Alteza’. Juan Carlos dijo ‘Yo prefiero limonada’, y el marqués de Villaverde lo miró y, a continuación, señaló con un gesto a Alfonso de Borbón, diciendo: «He dicho su Alteza’», declara.

Alfonso tenía nombre de rey, pero no trono. Y, aunque «era más franquista que Franco», destaca Eyre, «Franco jugó con los dos como si fueran marionetas» y, finalmente, el dictador prefirió a Juan Carlos, al valorar más que «la línea de Juan de Borbón era española 100%». Al ser proclamado Rey, en 1975, Alfonso de Borbón dirigió su mirada a Francia.

Tras su muerte en el accidente de esquí, Luis Alfonso de Borbón, que entonces tenía 14 años, siguió los pasos de su padre y ha reclamado abiertamente el trono de Francia como «legítimo heredero», con el nombre de Luis XX. Incluso ha presentado a su hija en sociedad como Alteza Real, un título que ni siquiera él tiene.

El hijo de Carmen Martínez-Bordiú tiene una web dedicada a los legitimistas, y acude a eventos en los que se encarga de seguir figurando como heredero de la corona francesa. Aunque, para los galos, dada la historia de Francia, república es prácticamente sinónimo de democracia.