Salud

Ni correr ni caminar: el ejercicio que los expertos recomiendan para mejorar la memoria y cuidar el cerebro

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(Foto: Canva)
Marta Morales

Cuando se habla de ejercicio para cuidar la salud, la mayoría piensa en salir a correr, montar en bicicleta o pasar horas en el gimnasio. Sin embargo, uno de los movimientos más sencillos y accesibles puede tener un impacto mucho mayor del que imaginamos sobre el cerebro: las sentadillas. Aunque tradicionalmente se asocian con el fortalecimiento de piernas y glúteos, cada vez más investigaciones y expertos coinciden en que este ejercicio también beneficia la memoria, el aprendizaje, la producción de energía celular e incluso la longevidad. Un motivo más para incluirlas en cualquier rutina de entrenamiento, independientemente de la edad.

El cerebro también necesita ejercicio físico

El cerebro es uno de los órganos que más energía consume del organismo. A pesar de representar sólo una pequeña parte del peso corporal, requiere un aporte constante de oxígeno y nutrientes para mantener todas sus funciones, desde la memoria hasta la concentración o el aprendizaje. El doctor Damian Bailey, director del Instituto de Investigación de Salud y Bienestar de la Universidad de Gales del Sur, recuerda que la actividad física aumenta el flujo sanguíneo hacia el cerebro, algo esencial para mantener su funcionamiento y favorecer los procesos de reparación y crecimiento neuronal.

Este aporte de sangre cobra todavía más importancia en una estructura llamada hipocampo, responsable de la memoria y el aprendizaje. Con el envejecimiento, esta región cerebral tiende a reducir su tamaño y recibe menos irrigación, un proceso que el ejercicio físico puede ayudar a ralentizar.

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Las sentadillas hacen mucho más que fortalecer las piernas

Dentro de los ejercicios de fuerza, las sentadillas destacan por la cantidad de músculos que activan y por sus beneficios sobre todo el organismo. El médico experto en metabolismo y longevidad Rodrigo Arteaga asegura que «hacer sentadillas ayuda a verte mejor, rejuvenece tu cerebro y prolonga tu longevidad funcional», una afirmación que resume el creciente interés científico por este tipo de entrenamiento.

Uno de los motivos es que cuando los músculos trabajan liberan unas moléculas llamadas mioquinas, consideradas auténticos mensajeros biológicos. Estas sustancias viajan hasta el cerebro y favorecen la creación de nuevas conexiones neuronales, un proceso relacionado directamente con la memoria, el aprendizaje y la plasticidad cerebral. En otras palabras, cada serie de sentadillas también supone un estímulo para mantener el cerebro más activo.

Más energía, huesos más fuertes y mejor regeneración

Los beneficios de este ejercicio no terminan ahí. Según explica Rodrigo Arteaga, las sentadillas también activan las mitocondrias, conocidas como las fábricas de energía de nuestras células. Cuando el organismo detecta un esfuerzo físico, aumenta su capacidad para producir energía, algo que puede traducirse en más vitalidad, mejor metabolismo y una mayor resistencia física. Además, el peso que soportan los huesos al bajar y subir durante una sentadilla estimula la formación de nuevo tejido óseo, ayudando a mantener un esqueleto más fuerte con el paso de los años.

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Otro de sus efectos positivos tiene que ver con la regeneración del organismo. Durante los ejercicios de fuerza se favorece la liberación de hormonas como la testosterona y la hormona del crecimiento, implicadas en la reparación de los tejidos y en el mantenimiento de la masa muscular.

Más allá de mejorar la forma física, la fuerza de las piernas está estrechamente relacionada con la capacidad para mantener la autonomía en la edad adulta. De hecho, el experto destaca que ser capaz de levantarse del suelo sin apoyo es uno de los mejores indicadores de salud y longevidad funcional, ya que refleja un buen estado de fuerza, equilibrio y movilidad. Precisamente por ello, los especialistas recomiendan incorporar ejercicios de fuerza a partir de los 30 años, momento en el que comienza una pérdida progresiva de masa muscular que puede acelerarse si no se entrena.