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GASTRONOMÍA

José Moro descubre sus nuevos vinos: «Hemos buscado taninos sutiles y una acidez más marcada para ganar frescura»

José Moro reunió a un reducido grupo de periodistas en el madrileño Club Metrópolis para presentar las últimas apuestas de alta gama de Bodegas Cepa 21

Una cata donde el vino se convirtió también en relato personal, memoria familiar e innovación enológica

El empresario y bodeguero José Moro reunió a un reducido grupo de periodistas en el madrileño Club Metrópolis para presentar las últimas apuestas de alta gama de Bodegas Cepa 21. Una cata donde el vino se convirtió también en relato personal, memoria familiar e innovación enológica. Las protagonistas fueron tres nuevas referencias: La Rendija 2024, La Pelliza 2024 y Hito Rosado 2025, que convivieron en la mesa con otros vinos emblemáticos de la casa como Cepa 21 2023, Malabrigo 2023 y Horcajo 2022.

El punto de inflexión llegó en 2022, cuando Moro decidió centrarse por completo en el proyecto. «Empezó en abril de 2022, cuando me quedé al frente de este proyecto y dejé Emilio Moro», explicó durante la cata. «Aunque era un vino de calidad, yo pensaba que se podían hacer cosas mucho más grandes».

Ese cambio supuso una transformación profunda tanto en el viñedo como en la bodega. Moro apostó por una viticultura regenerativa que pone el foco en la salud del suelo y en la actividad biológica de la viña. «Queremos mantener viva la actividad que hay en el suelo, porque ahí están los microorganismos que nutren la planta, la protegen y permiten que llegue a vendimia el mejor racimo posible», señaló.

El objetivo: vinos más actuales y fieles al carácter de la uva

«Buscamos menos extracción, taninos más sutiles y una acidez un poco más marcada para ganar frescura», explicó. «El consumidor hoy pide otro tipo de vino». Vinos más frescos, vivos y actuales La evolución se ha desarrollado progresivamente desde la vendimia de 2022 hasta las añadas actuales. «Hoy ya podemos ver el tipo de vino que queremos hacer en Cepa 21: vinos de calidad, muy actuales y muy vivos».

Pero más allá de la técnica, Moro reconoce que su objetivo es mucho más sencillo. «Lo que persigo es que el vino nos haga felices. Que cada vez que abra una botella me haga sonreír».

Hito Rosado 2025: frescura y memoria

La cata arrancó con Hito Rosado 2025, un rosado de perfil muy delicado que casi recuerda a un blanco por su color pálido. «Buscábamos más frescura y más identidad», explicó. El vino también guarda un componente emocional. Su etiqueta reproduce una obra del artista Domingo Zapata inspirada en los hitos, las piedras que separaban las parcelas en los pueblos.

«Era la piedra que poníamos para separar unas tierras de otras y que muchas veces generaba discusiones entre vecinos», recordó Moro entre risas.

(Foto: Cepa 21)

La Rendija 2024: un blanco con historia

Uno de los momentos más interesantes de la cata llegó con La Rendija 2024, un vino blanco elaborado con uva albillo procedente de viñedos muy antiguos.

El nombre también nace de un recuerdo familiar. En la etiqueta aparece un cuadro de Domingo Zapata que recrea a su abuela vendiendo vino. «Tenían una mesa con una rendija donde guardaban el dinero», contó Moro. «De ahí viene el nombre». El vino, fermentado y criado sin contacto con el oxígeno, evoluciona notablemente con el aire en copa.

«Es un vino absolutamente particular, con una mineralidad muy expresiva y con una capacidad de envejecimiento tremenda», explicó.

(Foto: Cepa 21)

La Pelliza 2024: un vino diferente

La La Pelliza 2024 se presenta como una de las apuestas más singulares de Bodegas Cepa 21, con una producción limitada de 2.000 botellas. Su nombre remite a la pelliza, el abrigo tradicional de los pueblos, símbolo de protección y vida rural, una metáfora que Moro conecta con el origen más auténtico de la Ribera del Duero.

El vino nace de un ensamblaje de variedades históricas de la zona: tempranillo (85%), garnacha (12%) y albillo (3%), procedentes de viñedos antiguos donde estas cepas convivían de forma natural. Una mezcla que recupera, en clave contemporánea, la tradición de los antiguos claretes de la región.

(Foto: Cepa 21)

«Es algo mítico para los que somos de pueblo», explica José Moro al recordar ese vínculo con la vida rural y las primeras plantaciones de la Ribera. «En esos viñedos centenarios convivían distintas variedades que se adaptaban perfectamente al medio». La elaboración apuesta por una extracción más suave y precisa. La uva se vinifica en tinas de roble francés de pequeño formato, lo que permite una microoxigenación controlada que favorece una extracción más delicada del tanino y una mayor complejidad aromática.

«Buscamos taninos mucho más dóciles, aromas más complejos y una evolución más redonda», señala Moro, quien define este vino como una interpretación más afinada y contemporánea del territorio. Tras la fermentación, el vino permanece alrededor de dos años en barrica de roble francés, un proceso que contribuye a su integración y a su capacidad de guarda. El resultado es un tinto de perfil elegante y expresivo, con una carga aromática amplia donde conviven notas florales, especiadas y minerales. Moro lo resume como una evolución natural de la Ribera del Duero hacia un estilo más preciso y versátil.

«Es un vino diferente por la forma de hacerlo, por las variedades y por cómo lo hemos cuidado», concluye el bodeguero.