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No es lo que comes, sino cuándo: ésta es la hora que sabotea tu dieta

  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y, después de años formándome, encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.

Puede que estés haciendo la dieta bien: has reducido las cervezas entre semana, desayunas con avena y fruta, y en el gimnasio hasta te atreves con las pesas rusas. Pero hay un detalle que probablemente esté jugando en tu contra: la hora a la que comes. Porque no es lo mismo tomarte una pasta a las dos que a las diez de la noche. Tu cuerpo no funciona igual, ni procesa igual. Y eso, aunque no lo parezca, puede ser lo que te está saboteando.

Lo que comes (y cuándo lo comes) puede arruinarte la dieta

Tu estómago también tiene un reloj. Bueno, él y prácticamente todas tus células. A lo largo del día, el cuerpo se va encendiendo y apagando en diferentes fases, y la comida se digiere, absorbe o almacena de forma distinta según el momento. Por la mañana quemas más rápido, por la noche tiendes a guardar más. Así de simple.

¿El resultado? Si cenas tarde, sobre todo si son platos contundentes o muy ricos en hidratos, estás enviando a tu cuerpo el mensaje de «almacena esto» justo cuando está entrando en modo descanso. Lo que por la mañana habría sido energía para el día, de noche se convierte en reserva para el flotador.

(Foto: @goutdhestia)

El enemigo de la dieta no es el plato, es el reloj

Todos conocemos a alguien que come de todo y no engorda. Puede que no sea magia genética: probablemente esa persona coma antes, respete sus horarios o, sencillamente, cene como quien toma un aperitivo, no como quien celebra Nochevieja un martes.

Uno de los grandes errores de nuestra cultura mediterránea (sí, también tiene los suyos) es cenar tarde. Entre el trabajo, el gimnasio y los compromisos, son muchos los que se sientan a la mesa pasadas las diez. Pero cuando eso se convierte en rutina, tu cuerpo no lo lleva bien. Tu metabolismo está medio dormido, la digestión se hace más lenta y el azúcar en sangre sube más de lo que debería.

Traducido a la práctica: no es lo mismo comerte una hamburguesa a las ocho que a las once y media. El plato es el mismo, pero el cuerpo reacciona distinto.

(Foto: @come.vive.viaja)

Trucos para que el reloj juegue a tu favor

Si no puedes cambiar de vida, al menos cambia el orden del partido. Aquí van algunos ajustes sencillos que pueden marcar la diferencia:

(Foto: Deliciously Ella)

(Foto: @goutdhestia)

Lo que no te cuentan del ‘horario ideal’

No existe una hora mágica que funcione para todos. Cada persona tiene su ritmo, su trabajo y sus rutinas. Pero sí hay una regla sencilla: come cuando tu cuerpo está activo, no cuando está a punto de desconectarse. Entre las siete y las nueve de la tarde es una franja bastante óptima para la mayoría.

Y ojo, no se trata de obsesionarse. Si un día cenas tarde porque hay cena con amigos, tampoco pasa nada. Lo importante es el patrón, no la excepción. Igual que un día de pizza no te arruina el año, una noche a deshora no arruina tu metabolismo.

(Foto: Deliciously Ella)