La lección vital de Samantha Villar (51 años) sobre el crecimiento personal: «Si tú eres generoso, la vida es generosa contigo»
La periodista explica cómo le afectó a su identidad y felicidad las experiencias extremas que vivió en '21 días'.

A veces la vocación supera con creces los límites humanos y nos lleva a experimentar sensaciones jamás pensadas. Esto le ocurrió a Samantha Villar que afrontó convivencias y experiencias profesionales extremas durante su etapa en el programa 21 días. La periodista reconoce que pasó semanas compartiendo realidades de mundos muy distintos al suyo para descubrir y vivir en su propia piel distintas formas de entender la vida.
Samantha Villar durmió en la calle, se acercó a la realidad de trastornos alimenticios y convivió con una familia que sobrevivía en condiciones extremadamente difíciles en una zona minera de Bolivia. Esas fueron algunas de las experiencias que la periodista afrontó en 21 días, dejando un formato televisivo difícil de olvidar.
La lección de vida de Samantha Villar tras su etapa en ’21 días’
Años después de su etapa en el programa de Cuatro, Samantha reconoce que aquellas experiencias cambiaron su manera de ver la vida y ahora se siente más afortunada que nunca. Todas esas vivencias las ha convertido en su propia filosofía personal: «Si tú eres generoso, la vida es generosa contigo».
Después de cada rodaje, reconoce que le surgía una pregunta personal constante: qué hacer después de regresar a su propia casa y recuperar todas las comodidades que durante el rodaje habían desaparecido temporalmente.
Ese regreso a la normalidad de su vida en ocasiones le generaba una sensación incómoda. Después de conocer personas que afrontaban problemas graves, recuperar la comodidad cotidiana podía convertirse en motivo de culpa. Samantha explica así que tuvo que decidir cómo gestionar esa contradicción.
Uno de sus pensamientos era sentirse culpable por disfrutar de aquello que otros no tenían. El otro consistía en reconocer sus oportunidades y aprovecharlas. La periodista decidió tomar esta segunda perspectiva.
«Tengo la obligación de ser feliz»
De esa reflexión personal nació su propia filosofía sobre la felicidad: «Ya no es sólo que tenga el derecho de ser feliz, es que yo creo que tengo la obligación de ser feliz». Ella misma afirmaba que esa felicidad está relacionada con la conciencia de las oportunidades de las que dispone y en el poder de aprovecharlas.
Después de haber conocido a personas sin algunas de las necesidades básicas que ella sí tenía, Samantha Villar entendió que sentirse culpable por sus propias circunstancias no mejoraba automáticamente la situación de quienes había conocido.