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El mantra que repite Antonio Banderas para sobrellevar el envejecimiento: «Dejar de vivir pendiente de aquello que ya no puede recuperarse»

Antonio Banderas tiene 66 años y continúa en plena forma

El actor sigue trabajando y ha dado muchos consejos a la gente de su generación

Banderas ha hecho carrera en Hollywood, pero ahora está centrado en sus proyectos en España

Antonio Banderas ha aprendido a mirar el paso del tiempo desde otra perspectiva. El actor ha explicado cómo el envejecimiento ha cambiado sus prioridades y por qué el infarto que sufrió en 2017 marcó un antes y un después en su vida.

Cumplir años no siempre resulta sencillo, especialmente en una profesión en la que la imagen, la juventud y la exposición pública forman parte del día a día. Sin embargo, Antonio Banderas ha encontrado una manera de convivir con el envejecimiento sin convertirlo en una batalla contra el tiempo.

Su planteamiento se aleja de la obsesión por recuperar lo perdido. Para el malagueño, hacerse mayor implica aceptar que el tiempo transforma tanto el cuerpo como la manera de entender el mundo. Una evolución que, lejos de significar una renuncia, puede abrir la puerta a una existencia más consciente y a una relación diferente con las propias expectativas.

En una entrevista publicada con motivo de su 65 cumpleaños, Banderas ya había abordado esta cuestión con naturalidad. El paso de los años, explicó entonces, no había acabado con sus ganas de vivir. Al contrario, había aprendido a contemplar sus arrugas como parte de su historia, una huella de las experiencias acumuladas y de todo lo que había vivido hasta llegar al presente.

La libertad que llega con la edad

Durante una charla con La Vanguardia, Antonio Banderas reflexionó sobre cómo había cambiado su relación con la edad y con las opiniones ajenas. Con el paso del tiempo, ha explicado, también puede llegar una mayor libertad para afrontar las críticas, reducir determinadas exigencias personales y dejar de vivir condicionado por las expectativas de los demás.

Se trata de una transformación especialmente significativa en el mundo de la interpretación. Durante décadas, la industria cinematográfica ha concedido una enorme importancia a la juventud y a la apariencia, dos factores que pueden condicionar las oportunidades profesionales de los actores.

Antonio Banderas en televisión. (Foto: Atresmedia)

Cumplir años no significa dejar de cuidarse ni renunciar a los proyectos profesionales, sino comprender que las necesidades y los objetivos evolucionan. Lo que en una etapa de la vida parece imprescindible puede perder importancia con el tiempo, mientras que otras cuestiones adquieren un valor que antes no tenían.

En el caso del actor malagueño, esa evolución no se ha traducido en una retirada de los escenarios ni en una reducción de su actividad. Banderas continúa vinculado al cine, pero también dedica una parte importante de su energía al teatro y a los proyectos culturales que impulsa en Málaga.

El infarto de 2017

Hay una fecha que ocupa un lugar fundamental en esta transformación: enero de 2017. Fue entonces cuando Antonio Banderas sufrió un infarto, una experiencia que le obligó a detenerse y a reconsiderar aspectos de su vida que hasta ese momento habían quedado relegados por el trabajo.

El propio actor ha hablado públicamente de las consecuencias que tuvo aquel episodio. En 2019, explicó que el ataque al corazón había provocado una especie de selección de prioridades: algunas cosas dejaron de importarle, mientras que otras pasaron a ocupar el centro de su atención.

Esta experiencia también le hizo reflexionar sobre el ritmo al que había vivido durante años. Banderas reconoció que había trabajado en exceso y que le costaba parar. La intensidad de su carrera, con rodajes, viajes y compromisos profesionales, había marcado buena parte de su rutina.

A partir de entonces, comenzó a plantearse otra manera de organizar su vida. No se trataba de abandonar aquello que le apasionaba. Lo importante era encontrar un equilibrio que le permitiera dedicar más tiempo a las personas y los proyectos que consideraba importantes.

Málaga, la nueva etapa de Banderas

Uno de los cambios más visibles en la vida de Antonio Banderas ha sido su estrecha vinculación con Málaga. Después de décadas de carrera internacional, el actor regresó a su ciudad natal y convirtió buena parte de su actividad profesional en una apuesta por la cultura y las artes escénicas.

El Teatro del Soho es el símbolo más representativo de esa etapa. El proyecto nació de su deseo de impulsar una iniciativa cultural propia y de participar directamente en la producción teatral, una faceta de su profesión que siempre ha despertado un interés especial en él.

El actor ha explicado que, después del infarto, tomó la decisión de comprar un teatro y reorganizar su vida alrededor de proyectos que realmente le interesaban. Málaga dejó de ser únicamente el lugar al que regresar entre compromisos para convertirse también en el centro de una parte esencial de su trabajo.

Aprender a vivir el presente

La filosofía de Antonio Banderas ante el envejecimiento no consiste en idealizar el paso del tiempo ni en negar las dificultades que acompañan a la edad. Su reflexión parte de una idea más sencilla: aceptar que la vida cambia y que aferrarse constantemente al pasado puede impedir disfrutar de lo que todavía está por venir.

Su mensaje invita a dejar de medir el presente con los parámetros del pasado y a reconocer el valor de lo que permanece. La familia, los amigos, la vocación y el tiempo dedicado a aquello que importa ocupan ahora un lugar destacado en su discurso.