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La frase con la que definen a Rosalía en Países Bajos que se va a poner de moda en España

La fama de Rosalía ha cruzado fronteras y es conocida en prácticamente todo el mundo

"El Lux Tour de Rosalía es como una obra de arte viviente", dicen en los Países Bajos

A pesar de su éxito, la artista afirma que tiene los pies en el suelo

La proyección internacional de Rosalía continúa consolidándose con cada nueva parada de su gira mundial. Esta semana, la artista catalana ha sido la gran protagonista en Ámsterdam, donde ha ofrecido un espectáculo que ha despertado una notable unanimidad entre crítica y público. Su paso por el Ziggo Dome, uno de los recintos musicales más importantes del país, ha dejado una huella que trasciende lo estrictamente musical para adentrarse en el terreno de la experiencia artística total.

El concierto, celebrado el miércoles 22 de abril como parte del denominado Lux Tour, tuvo continuidad al día siguiente en el mismo escenario, confirmando la alta demanda de entradas y el interés que suscita la artista en el mercado europeo. No se trata de una plaza sencilla: el público neerlandés, tradicionalmente exigente y diverso en gustos, ha respondido con entusiasmo a una propuesta que combina flamenco, pop experimental y una cuidada exigente en escena.

La acogida ha quedado reflejada de manera especialmente significativa en las páginas de Dagblad Trouw, uno de los diarios de referencia en Países Bajos. El crítico Tim van Erp firmó una reseña en la que otorgó al espectáculo la máxima calificación y recurrió a una imagen contundente para resumir la propuesta: «El Lux Tour de Rosalía es como una obra de arte viviente».

El éxito de Rosalía en los Países Bajos

La crítica incide en la evolución de la artista en los últimos años, subrayando que este tour supone su proyecto «más importante» y «más ambicioso» hasta la fecha. Según Tim Van Erp, la cantante ha logrado construir un lenguaje escénico propio en el que cada elemento contribuye a una narrativa visual coherente. «Cada pose de Rosalía y sus bailarines es una pintura en sí misma», señala el artículo, que insiste en la dimensión del espectáculo.

Rosalía en un concierto. (Foto: Gtres)

Esa concepción del concierto se materializa en distintas decisiones escénicas. Una de las más comentadas es la presencia de un marco alrededor de la cabeza de la cantante, como si ella misma formara parte de una exposición, mientras el público observa y registra la escena desde detrás de una barrera que evoca las que protegen las obras en los museos. El resultado, según la crítica, es una reflexión implícita sobre la mirada, la fama y la conversión del artista en objeto de contemplación.

Entre los momentos más destacados del espectáculo, Van Erp menciona una secuencia de alto contenido simbólico: la entrada de Rosalía en una caja similar a las utilizadas para transportar obras de arte. En su interior, vestida con un atuendo de ballet, la catalana aparece como una figura delicada, casi mecánica, que recuerda a una bailarina de caja de música. Al abrirse el dispositivo, la estructura adopta la forma de una cruz, introduciendo una dimensión visual cargada de significado.

El confesionario de Rosalía

La reseña también introduce matices críticos. En concreto, señala que uno de los segmentos del concierto, la parte del confesionario, pese a su atractivo conceptual, se prolonga en exceso y rompe parcialmente el ritmo del espectáculo. Se trata, en cualquier caso, de una observación puntual dentro de una valoración global claramente positiva.

El análisis concluye destacando la capacidad de Rosalía para integrar múltiples registros en una propuesta coherente. «Demuestra una habilidad excepcional para combinar todos los elementos», escribe el crítico, quien subraya que la artista se mueve con soltura entre lo preciso y lo caótico, lo ligero y lo oscuro, lo solemne y lo irónico. Esa versatilidad, apunta, es uno de los rasgos que explican su creciente reconocimiento internacional.

Su papel en Euphoria, de HBO

Más allá de los escenarios, Rosalía se ha convertido en noticia gracias a su incursión en el ámbito audiovisual. La artista ha participado en la tercera temporada de Euphoria, una de las producciones más influyentes de los últimos años. Su aparición, aunque puntual, no ha pasado desapercibida.

En la serie, Rosalía interpreta a Magick, una bailarina de club nocturno cuya caracterización incluye un elemento llamativo: un collarín cervical que forma parte esencial de su construcción narrativa. El personaje, envuelto en una estética inquietante y sugerente, encaja con el universo visual de la serie y refuerza la imagen de la cantante como una figura capaz de transitar entre distintos lenguajes artísticos.

Esta doble vertiente, musical y audiovisual, confirma el momento de expansión que atraviesa su carrera. Lejos de limitarse a la interpretación musical, Rosalía ha ido construyendo un perfil creativo más amplio, en el que confluyen referencias culturales diversas y una constante voluntad de experimentación.

El éxito en Ámsterdam se inscribe, por tanto, en una trayectoria ascendente que trasciende fronteras y géneros. En un contexto global en el que la industria musical busca nuevas formas de conectar con el público, la artista española parece haber encontrado una fórmula propia: convertir cada concierto en una experiencia estética integral, donde la música es solo uno de los elementos de un discurso más amplio.