Un hallazgo inquietante en la Antártida: científicos encuentran microplásticos dentro del único insecto que vive en el continente
Shock por lo que han encontrado en las profundidades de la Antártida
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Un equipo internacional de científicos, liderado por investigadores de la Universidad de Kentucky (Martin-Gatton College of Agriculture, Food and Environment), ha descubierto que el único insecto nativo de la Antártida está ingiriendo microplásticos. Esta investigación, cuyos resultados se han publicado en la revista Science of the Total Environment, es la primera que analiza directamente los efectos de los microplásticos en un insecto antártico.
El proyecto, dirigido por Jack Devlin, ornitólogo marino, surgió tras ver un documental sobre la contaminación por plásticos. «Aquella película me dejó impactado», explica Devlin. «Empecé a leer sobre los efectos del plástico en los insectos y pensé: si aparece en todas partes, ¿qué pasa en lugares tan remotos como la Antártida?»
Alerta por la presencia de microplásticos en la Antártida
El protagonista del estudio es Belgica antarctica, un pequeño mosquito que se alimenta de materia vegetal en descomposición y, por ende, desempeña un papel muy importante en la conservación de ecosistemas naturales. Es la única especie de insecto que vive en la Antártida, donde puede alcanzar densidades de hasta 40.000 individuos por metro cuadrado.
«Son lo que llamamos poli-extremófilos», señala Devlin. «Soportan frío extremo, desecación, alta salinidad, grandes cambios de temperatura y radiación ultravioleta. La gran pregunta era si esa resistencia los protege frente a un nuevo estrés como los microplásticos o, por el contrario, los hace vulnerables a algo totalmente nuevo».
Aunque la Antártida suele considerarse un territorio prácticamente virgen, estudios previos ya habían detectado partículas de plástico en la nieve y en el agua. Aunque las concentraciones son menores que en otras partes del mundo, los plásticos llegan al continente a través de corrientes oceánicas y la actividad humana asociada a bases científicas y tráfico marítimo.
En los experimentos de laboratorio, los investigadores sometieron a las larvas a distintas concentraciones de microplásticos. Los resultados fueron sorprendentes: incluso en los niveles más altos, la supervivencia no disminuyó y su metabolismo no se vio alterado. Sin embargo, un análisis más detallado reveló que las larvas expuestas a mayores cantidades de microplásticos presentaban menores reservas de grasa, aunque los niveles de carbohidratos y proteínas se mantenían estables.
Devlin explica que estos insectos pueden ingerir menos plástico debido a que se alimentan más lentamente en condiciones de frío y a la complejidad natural del suelo de la Antártida. Además, el experimento solo duró diez días, debido a las dificultades logísticas de investigar en el contenido helado
En la segunda fase del proyecto, los investigadores querían averiguar si las larvas salvajes de Belgica antarctica ya están ingiriendo microplásticos en su entorno natural. Para ello, durante una expedición científica en 2023 por la costa occidental de la península antártica, el equipo recogió larvas en 20 puntos repartidos en 13 islas y las conservó para evitar que siguieran alimentándose.
Para detectar plásticos en su interior, los investigadores diseccionaron las larvas y analizaron el contenido intestinal mediante técnicas de imagen capaces de identificar la «huella química» de partículas de hasta cuatro micrómetros, invisibles al ojo humano. Tras analizar 40 larvas, encontraron únicamente dos fragmentos de microplástico.
Aunque el número es reducido, Devlin lo considera una señal de alerta. «La Antártida sigue teniendo niveles de plástico mucho más bajos que la mayor parte del planeta, y eso es una buena noticia», explica. «Pero ahora sabemos que los microplásticos ya están entrando en el sistema y que, a concentraciones suficientes, alteran el equilibrio energético de estos insectos».
Para Devlin, el estudio pone de manifiesto el alcance global del problema. «Pensé que la Antártida sería uno de los últimos lugares en verse afectado. Pero trabajas con este insecto, en un entorno casi sin vida vegetal, y aun así encuentras plástico en su interior. Eso demuestra hasta qué punto la contaminación se ha extendido».
Finalmente, concluye: «la Antártida ofrece un ecosistema más simple para plantear preguntas muy concretas. Si prestamos atención ahora, quizá podamos aprender lecciones aplicables mucho más allá de las regiones polares. Las basuras marinas afectan a hábitats, especies y ecosistemas; a la salud humana y la seguridad; y a sectores económicos como la pesca, el turismo y la navegación. Es uno de los mayores problemas de contaminación a nivel mundial de la época actual».
Una amenaza global
Desde 2021, casi todas las muestras analizadas han mostrado presencia de microplásticos, siendo las fibras (alrededor del 70%) y los fragmentos (alrededor del 20%) los más comunes.
«Este problema de contaminación, que junto con el cambio climático es la amenaza global de este siglo para nuestros océanos, no reconoce fronteras geográficas ni políticas. Se encuentra a lo largo y ancho del planeta. A pesar de la creciente preocupación social y de la incipiente actuación de los organismos gestores nacionales e internacionales, sus impactos ecológicos y socioeconómicos suponen actualmente una grave amenaza», afirman Elisa Rojo-Nieto y Tania Montoto, Área de Medio Marino de Ecologistas en Acción en el informe «Basuras marinas, plásticos y microplásticos: orígenes, impactos y consecuencias de una amenaza global».
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