Hallazgo estremecedor: se deshiela un glaciar y encuentran el cadáver de un científico desaparecido en 1959
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En enero del corriente año, un equipo de científicos polacos halló restos del cadáver de un científico junto a objetos personales entre los depósitos liberados por el deshielo del glaciar Ecology, en la isla Rey Jorge (Antártida). El hallazgo ocurrió a escasa distancia de la estación polaca Henryk Arctowski, en un área de terreno inestable marcada por grietas y pendientes pronunciadas.
Las primeras inspecciones revelaron que los fragmentos óseos y los elementos encontrados correspondían a una persona desaparecida hacía décadas. El análisis genético confirmó más tarde la identidad, cerrando un episodio documentado en los archivos del British Antarctic Survey como una pérdida durante una misión científica en 1959.
Así identificaron al cadáver de un científico perdido
Los restos hallados fueron identificados como los del meteorólogo británico Dennis ‘Tink’ Bell, de 25 años, quien trabajaba para el Servicio de las Dependencias de las Islas Malvinas, precursor del British Antarctic Survey.
Bell perdió la vida el 26 de julio de 1959, al caer en una grieta durante una expedición de reconocimiento en la bahía del Almirantazgo.
La confirmación llegó tras comparar muestras de ADN con las de su hermano David y su hermana Valerie. La coincidencia fue categórica: mil millones de veces más probable que la relación familiar fuera cierta a que no lo fuera.
Además de los restos, se recuperaron más de 200 objetos, entre ellos fragmentos de bastones de esquí, un reloj de pulsera con inscripciones, equipo de radio, una linterna, utensilios de cocina y elementos de acampada. Estos objetos ofrecen una visión directa de las condiciones y el equipo con el que operaban las misiones polares en aquella época.
Circunstancias del accidente de 1959
Bell se encontraba en una misión de dos años en la isla Rey Jorge cuando ocurrió el accidente. En compañía de otro miembro de la base, Jeff Stokes, emprendió una salida para cartografiar parte del glaciar.
Las crónicas del British Antarctic Survey relatan que Bell se adelantó para animar a los perros de trineo, pero sin llevar esquís. En ese momento, desapareció en una grieta.
Stokes logró comunicarse con él e incluso inició un intento de rescate, pero la cuerda que lo elevaba se rompió al ceder su cinturón. Tras esa caída, no hubo respuesta. Las condiciones meteorológicas, el terreno y el riesgo de nuevas caídas impidieron recuperar el cuerpo.
Un hallazgo ligado al cambio climático
El lugar donde se encontró el cadáver de un científico no coincide con el punto del accidente. Los glaciares, en su desplazamiento por la gravedad, pueden transportar materiales durante décadas. En este caso, el retroceso del glaciar, acelerado por el cambio climático, dejó expuestos los restos y objetos personales.
Los investigadores que participaron en la recuperación (de la Universidad de Lodz y de la Academia Polaca de Ciencias) realizaron varias expediciones a pie para extraer los hallazgos. Cada visita implicó riesgos por la presencia de grietas y pendientes de hasta 45 grados.
Estos fueron los objetos recuperados junto al cuerpo de Bell:
- Restos de bambú de bastones de esquí.
- Fragmentos de lámparas de aceite.
- Envases de vidrio para cosméticos.
- Piezas de tiendas militares.
- Utensilios de uso diario en campañas polares.
- Operativo de repatriación y cooperación internacional.
Tras el hallazgo, los restos fueron trasladados al buque de investigación RRS Sir David Attenborough, desde donde comenzó un complejo enlace logístico que combinó transporte marítimo y aéreo hasta el Reino Unido.
El proceso involucró a múltiples actores: el equipo polaco que realizó el descubrimiento, el British Antarctic Survey, especialistas en genética forense del King’s College de Londres y la Royal Air Force.
Memoria y cierre de un capítulo para el cadáver de un científico que no fue el único
El hallazgo del cadáver de un científico después de más de seis décadas ha supuesto un cierre simbólico para la familia Bell. David, su hermano, expresó su agradecimiento al equipo polaco y señaló la importancia de que sus padres hubieran podido conocer esta noticia.
Bell formó parte de los 29 profesionales que han perdido la vida en territorio antártico británico desde 1944. Su trabajo incluía el lanzamiento de globos meteorológicos y el envío de informes regulares al Reino Unido, así como el cuidado de perros de trineo y la gestión de suministros durante los inviernos sin abastecimiento.
El regreso de sus restos al Reino Unido no solo resuelve un caso histórico, sino que también se suma a la memoria colectiva de quienes desarrollaron tareas científicas en una de las regiones más aisladas del planeta.
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