Dos inventores suecos crean una máquina del tamaño de un frigorífico que fabrica 3,6 litros al día de gasolina sólo con aire, agua y electricidad renovable
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Los llamados e-fuels o combustibles electrónicos llevan años en el debate energético como alternativa que permitiría mantener los motores de combustión interna sin depender del petróleo. Hasta ahora, su producción a escala doméstica y descentralizada parecía fuera de alcance. Aircela, una startup con sede en Nueva York, lleva años trabajando para cambiar eso.
El resultado es una máquina capaz de producir gasolina compatible con los vehículos actuales sin ninguna modificación. Sus fundadores la presentaron en funcionamiento en mayo de 2025, y desde entonces el dispositivo ha captado la atención de inversores y medios de comunicación de todo el mundo.
Mia y Eric Dahlgren, los suecos que fabrican gasolina del aire
Mia y Eric Dahlgren son los inventores detrás del proyecto. La pareja de ingenieros suecos fundó Aircela en Nueva York en 2019, con el objetivo de producir combustible a partir de tres elementos disponibles en cualquier lugar del planeta: aire, agua y electricidad renovable.
Como se aprecia en la imagen destacada, la máquina tiene el tamaño de un frigorífico grande y está formada por tres módulos hexagonales de color azul. Produce alrededor de 3,6 litros de gasolina cada 24 horas y captura aproximadamente 10 kilogramos de CO₂ de la atmósfera al día.
El combustible resultante no contiene azufre, etanol ni metales pesados. Su octanaje es equivalente al de la gasolina de 95, lo que lo hace directamente compatible con los motores de combustión actuales sin ninguna adaptación. El dispositivo tiene capacidad de almacenamiento interno para hasta 64 litros.
El primer prototipo funcional se presentó en Nueva York en mayo de 2025. Desde entonces, el dispositivo ha generado cobertura en medios de todo el mundo y ha acelerado las conversaciones con posibles socios industriales.
Los tres pasos llevados a cabo para convertir el aire en gasolina
En la primera etapa, la máquina aspira aire del entorno y lo hace pasar por una solución de hidróxido de potasio (KOH), que actúa como absorbente y retiene el dióxido de carbono presente en la atmósfera.
En la segunda, la electricidad renovable divide las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno mediante electrólisis. El oxígeno se libera al exterior y el hidrógeno se reserva para la fase siguiente.
En la tercera, el CO₂ capturado y el hidrógeno producido se combinan para generar metanol, que después se convierte en gasolina mediante el proceso catalítico conocido como MTG (methanol-to-gasoline).
El ciclo de carbono es neutro: el CO₂ que emite el motor al quemar el combustible fue capturado previamente de la atmósfera.
El balance energético y el camino hacia el mercado
La limitación más comentada del dispositivo es su eficiencia. ¿Por qué? Pues porque producir cada litro de gasolina consume alrededor de 20 kWh de electricidad, lo que equivale a gastar el doble de la energía que el combustible devuelve al quemarse.
Los propios Dahlgren reconocen el desfase sin rodeos. Lo enmarcan como un coste razonable en lugares donde la electricidad renovable es barata y abundante: zonas con excedentes solares o eólicos donde esa energía, de otro modo, se desperdiciaría.
La máquina tiene un precio de venta estimado de entre 14.000 y 18.500 euros por unidad. Aircela prevé iniciar las ventas en Estados Unidos a finales de 2026, con una fase inicial reservada a socios de prueba.
Entre sus inversores figuran Chris Larsen, cofundador de Ripple; Jeff Ubben, asesor histórico de ExxonMobil; y el brazo de capital riesgo del grupo naviero Maersk.
El mercado objetivo no es el conductor urbano, sino comunidades remotas, instalaciones militares, explotaciones agropecuarias o usuarios industriales sin acceso fácil a gasolineras y con disponibilidad de electricidad renovable.
A modo de conclusión, cabe recordar que la Unión Europea ha reservado una excepción en la prohibición de venta de nuevos coches de combustión a partir de 2035: los que funcionen únicamente con combustibles sintéticos podrán seguir comercializándose. Es en ese hueco donde Aircela quiere encajar.
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