Ciencia
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Descubren una inmensa red subterránea 10 veces más grande que la Vía Láctea

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

La revista Science ha publicado el primer gran mapa global de las redes fúngicas subterráneas, una compleja estructura microscópica vinculada a las plantas que revela una dimensión hasta ahora poco conocida de la vida que se desarrolla bajo la superficie terrestre. Aunque permanece oculta a simple vista, este hallazgo ayuda a tender cómo bajo bosques, humedales, cultivos y praderas se despliega una vasta red de hongos micorrízicos arbusculares, organismos que establecen una relación simbiótica con la mayoría de las plantas y facilitan el intercambio de nutrientes y recursos esenciales para los ecosistemas.

Según el estudio, estas redes alcanzan una magnitud difícil de imaginar. Si todos sus filamentos se desplegaran en una única línea continua, sumarían cerca de 110.000 billones de kilómetros; esta distancia representa aproximadamente una décima parte del diámetro de la Vía Láctea. El papel central de estas redes recae en las hifas, finos filamentos microscópicos que se enlazan con las raíces de las plantas. Mediante esta conexión, los hongos aportan nutrientes esenciales, como nitrógeno y fósforo, mientras obtienen a cambio carbono generado por la fotosíntesis.

Redes fúngicas subterráneas

«La mayoría de las especies de plantas forman asociaciones subterráneas con hongos micorrícicos arbusculares (AM), que proporcionan nutrientes a las raíces a cambio de carbono. Los hongos AM forman redes de hifas que actúan como tubos que distribuyen carbono y conectan las plantas, pero se desconoce la escala global de estas redes debido a la dificultad de observarlas bajo tierra. Investigadores recopilaron datos de campo y experimentales sobre la densidad de hifas y utilizaron aprendizaje automático para predecir cómo varía la densidad de AM en todo el mundo. Posteriormente, predijeron la biomasa de hifas mediante análisis de imágenes de alta resolución de la longitud de la red de hifas de dos especies de hongos distribuidas globalmente, cultivadas en medios transparentes en el laboratorio», detalla Bianca Lopez.

Para elaborar esl mapa global, el equipo liderado por el biólogo evolutivo Justin Stewart recopiló información de 16.669 muestras de suelo procedentes de 322 investigaciones anteriores. A partir de esos datos, los científicos utilizaron modelos de inteligencia artificial para estimar la distribución y densidad de las redes fúngicas en la capa más superficial del suelo terrestre.

El análisis reveló una densidad media de 4,4 metros de hifas por cada centímetro cúbico de suelo. Sin embargo, la presencia de estas estructuras varía significativamente según en función del ecosistema. Las mayores concentraciones se localizaron en praderas naturales, especialmente en aquellas situadas en zonas elevadas o sujetas a inundaciones periódicas, las cuales destacan como «importantes reservas de biomasa fúngica», según los científicos.

Stewart subraya la relevancia de estos entornos: «El bosque fúngico más denso del planeta se encuentra bajo las praderas silvestres». Sin embargo, también alertó sobre su progresiva desaparición, impulsada por la transformación de estos espacios para otros usos. «Es mucho más sencillo eliminar una pradera que talar un bosque», señala el investigador.

El mapa también refleja el efecto de la actividad humana sobre estas comunidades subterráneas. Según los resultados, los suelos agrícolas presentan, de media, una densidad de redes fúngicas aproximadamente un 50% inferior a la observada en ecosistemas naturales. Los autores apuntan a factores como el empleo de fertilizantes ricos en fósforo y nitrógeno o determinados fungicidas como posibles causas de esta reducción.

Ahora, los próximos estudios buscarán comprender con mayor precisión cómo se desarrollan estas comunidades, cuál es su ciclo de vida y qué papel desempeñan en el almacenamiento estable de carbono en los suelos.

Amenazas

«Muchas prácticas agrícolas a gran escala dañan las redes fúngicas. La forma más evidente es, por ejemplo, arar la tierra, ya que se penetra en el suelo y literalmente se desgarra”. Los fertilizantes o fungicidas también pueden “alterar la simbiosis entre las plantas y los hongos», afirma Stewart.

Los científicos advierten de que las consecuencias de la pérdida de las redes fúngicas podrían ser muy serias a largo plazo. Las redes fúngicas de menor densidad reducen la capacidad del suelo para almacenar carbono y distribuir nutrientes y estas redes también protegen las vías fluviales del nitrógeno, el fósforo y otras sustancias químicas.

«Si desaparecen, habrá muchos más productos químicos que acabarán en el agua. En último lugar, el objetivo de la investigación es ayudar a los científicos y a los responsables políticos a comprender dónde prosperan los ecosistemas fúngicos y dónde se ven amenazados. Presentaremos estos datos a los gobiernos en la próxima Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que se celebrará en Mongolia en agosto», explica la bióloga Toby Kiers, una de las autoras del estudio.

Y concluye: «Existe actualmente un gran movimiento no solo para restaurar las comunidades en la superficie, las cosas que se pueden ver, las plantas y los animales, sino también para restaurar las comunidades de hongos subterráneas. Y este conjunto de datos nos permite disponer de puntos de referencia sobre cómo puede ser una comunidad microbiana sana».